Welcome to Paradise

Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!

28 may. 2013

Sobre tener veinte

"... Todavía pienso que es una edad bastante buena (los diecinueve años). Quizá la mejor edad. Tal vez bailes rock and roll durante toda la noche, pero cuando la música acaba y la cerveza termina, puedes pensar. Y soñar grandes sueños. El citado chico de la patrulla te pone finalmente en tu sitio, y si comienza con poca cosa, vaya, pues no quedará casi nada excepto el dobladillo de los pantalones cuando haya acabado contigo. "¡Búscate un sueño!", te grita mientras da un paso al frente con su libreta de infracciones en la mano. No es tan malo tener un poco de arrogancia (o incluso mucha), aunque tu madre indudablemente te diría todo lo contrario. La mía lo hacía. "Al que escupe al cielo en la cara le cae, Stephen", decía ella... y luego descubrí -cuando mi edad rondaba los 19x2- que al final te cae encima de todos modos. O te escupen por otro lado. A los diecinueve años pueden pedirte el documento de identidad en los bares y decirte que te largues, pueden ponerte de patitas en la calle, pero, por Dios, no te pueden pedir la documentación cuando te sientas a pintar un cuadro, escribir un poema o contar una historia; si lees esto y eres muy joven, no permitas que los mayores te digan otra cosa. Seguramente no has estado nunca en París. No, nunca corriste delante de los toros en Pamplona. Sí, eres un jovencito al que le empezó a crecer la barba hace tres años, ¿y qué pasa? Si no comienzas a ser lo suficientemente grande para tener los pantalones largos, ¿cómo podrás llenarlos cuando crezcas? Pisa el acelerador a pesar de todo lo que la gente te diga, esa es mi idea; siéntate y fúmate eso, nene."

Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más), Stephen King.

Mi relación con mis propios cumpleaños (o tal vez con los cumpleaños en general) es algo contradictoria tanto para mí como para los demás. Por un lado, está la sensación de rechazo que me genera el hecho de que toda persona que conozcas te recuerde que bueno, ya pasaste un año más en este mundo y que estás terminando una etapa o próximo a terminarla. Pienso que de alguna forma, todos rechazamos esa "antigüedad", ya sea porque queremos quedarnos atrapados en algún momento de la vida, o porque hicimos que termine rápido y ese tiempo no vuelve. De cualquier forma, a todos se les cruzó la idea alguna vez, y conozco gente de la edad de mi madre que siguen luchando contra eso, como si no se resignaran nunca a que los cuerpos de todos son descartables para el mundo. Si a mí no me agrada cumplir años es simplemente porque no rechazo ni festejo la idea de ser más vieja. Como dijo alguien, "igualmente, todos nos vamos a morir", y es verdad. No es una conclusión amarga, sino todo lo contrario. Olvidarse de que existe una cuenta que todos los años te dice que tenés "un año menos", debería motivarnos a sentir cada vez más. Creo que hasta el día de hoy, las personas que amé y amo saben sobre mis sentimientos, que los que odio también lo saben, y a los que no amo ni odio les puedo decir que todavía nos queda mucho tiempo como para que pasen a ser algo en mi vida. Ese es el otro lado de mi relación con los cumpleaños; el lado de aceptación que dice que todo puede pasar, que a partir de ahora puede llegar algo que dé vuelta la mesa de repente. Eso también ES VERDAD.
Si hay algo que aprendí a la edad de los diecinueve años, es que toda esa cita es verdad. Sigo metida en esa época de arrogancia y orgullo, tengo claros ejemplos de mis ambiciones a corto y a largo plazo. Pero a la vez, empezaron a atajarme ciertas cosas, me hicieron caer y una vez que pasó, con los pies firmes sobre la tierra, pensé que bueno, acababa de tener una explosión emocional interna completamente nueva. Estuve metida en eso todo el año pasado, y tal vez el anterior. Si ahora viera a mi yo de diecisiete años, la abrazaría y tal vez me pondría a llorar, y ella seguramente no entendería qué corno pudo haberme transformado en alguien que llora porque sí. No creo ser más débil que a los diecisiete, ni tampoco más fuerte, pero conocí una parte de mí que había esperado el momento indicado para salir. Una parte mucho más emocional que se agarró de los pelos con la Celes racional y organizada de siempre, y ahora creo que ninguna de las dos partes ganó. Se hicieron una, al menos por ahora, hasta que vuelvan a querer matarse en algún otro momento. Hasta entonces, espero.
Por esa batalla, perdí muchas cosas, y también gané otras. Puedo decir que ahora no entro a mis clases mirando adelante y pensando "no hables con nadie, no seas amable con nadie, no escuches a nadie, no te relaciones con nadie". Y bueno, es un progreso. Pero a la vez, por haber pensado de ésa ridícula forma en algún momento, perdí otras cosas. Gente, en realidad. El primer ejemplo de comportamiento estúpido que se me ocurre es el no haber saludado a ciertas personas en sus propios cumpleaños, por más de que tal vez no eran personas con las que seguía hablando. Es decir, eran personas de las cuales me acordé, y por pensar que YO no valía la pena, les había negado un saludo, cuando siempre pensé que en realidad, por más de que los cumpleaños no son mis prioridades, si alguien significó algo para vos y te acordaste, está bueno decírselo. No tiene nada de extraño o desubicado. Después la vida sigue. Vos seguís, y tal vez no vuelvas a hablar con esa amiga de primaria a la que le dijiste "felices diecinueve", porque no tenés ganas o ella no tuvo ganas, ¿pero qué importa? Cuando uno empieza a ponerse viejo, se apresura por no perder oportunidades... Además de empezar a hablar en tercera persona refiriéndose a sí mismo como "uno" (chiste malo).
Hoy creo que el balance que encontré en los últimos meses es fundamental para seguir viviendo. No puedo decirle a Celes emocional que no llore sólo para demostrar firmeza, y Celes racional tiene que entender que a veces tampoco está mal llegar a tu casa y tirarte en la cama a llorar como si tu perro se hubiera muerto. Encontrar un equilibrio es difícil, más si estás saliendo de los diecinueve años y todavía seguís cargado de sueños, imaginación y hormonas... Bueno, no sé porqué dije "hormonas", tiene que ver, LO JURO. No festejo este cumpleaños como cualquier otro. Este año en sí es diferente porque en algún momento cerré una etapa, y tal vez me di cuenta de eso la semana pasada, cuando caminaba cuadras muy largas y pensé "¿qué me lleva a cantar mientras camino como si nada hubiera pasado cuando acaba de pasar TODO?". Puedo decir que soy fuerte otra vez, y que al menos la próxima vez que se desate una batalla en mi cabeza, voy a estar preparada. Incluso estoy resignada a que va a volver a pasarme, una y otra, y otra, y otra vez. Por ahora, piso el acelerador, y mundo, ven a mí.

Coso.

HOLA, LES COMENTO QUE ESTOY PROBANDO UN DISEÑO NUEVO, AUNQUE ESTO RE MURIÓ Y ME DAN GANAS DE CERRARLO FOREVER, PERO WE, KE C IO JEJE. BUENO, BESIS.