Welcome to Paradise
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!
20 dic 2011
Loneliness
"... Al final me senté en un banco en un sitio donde no estaba tan oscuro. ¡Jo! Seguía tiritando como un imbécil y, a pesar de la gorra de caza, tenía el pelo lleno de trocitos de hielo. Aquello me preocupó. Probablemente cogería una pulmonía y me moriría. Empecé a imaginarme muerto y a todos los millones de cretinos que acudirían a mi entierro. Vendrían mi abuelo, el que vive en Detroit y va leyendo en voz alta los nombres de todas las calles cuando vas con él en el autobús, y mis tías -tengo como cincuenta-, y los idiotas de mis primos (...) Lo sentía muchísimo por mis padres, sobre todo por mi madre, que aún no se ha recuperado de la muerte de Allie. Me la imaginé sin saber qué hacer con mi ropa, y mi equipo de deporte, y todas mis cosas. Lo único que me consolaba es que no dejarían a Phoebe venir a mi entierro porque aún era una cría. Esa fue la única cosa que me animó. Después me los imaginé metiéndome en una tumba horrible con mi nombre escrito en la lápida y todo. Me dejarían allí rodeado de muertos. ¡Jo! ¡Buena te la hacen cuando te mueres! Espero que cuando me llegue el momento, alguien tendrá el sentido suficiente como para tirarme al río o algo así. Cualquier cosa menos que me dejen en un cementerio. Eso de que vengan todos los domingos a ponerte ramos de flores en el estómago y todas esas puñetas... ¿Quién necesita flores cuando ya se ha muerto? Nadie..."
10 sept 2011
Was it just a dream?
5 jul 2011
Sensatos e insensatos
27 jun 2010
—Oye Sally —le dije.
—¿Qué?
Estaba mirando a una chica que había al otro lado del bar.
—¿Te has hartado alguna vez de todo? —le dije—. ¿Has pensado alguna vez que a menos que hicieras algo en seguida el mundo se te venía encima? ¿Te gusta el colegio?
—Es un aburrimiento mortal.
—Lo que quiero decir es si lo odias de verdad —le dije—. Pero no es sólo el colegio. Es todo. Odio vivir en Nueva York, odio los taxis y los autobuses de Madison Avenue, con esos conductores que siempre están gritando que te bajes por la puerta de atrás, y odio que me presenten a tíos que dicen que los Lunt son unos ángeles, y odio subir y bajar siempre en ascensor, y odio a los tipos que me arreglan los pantalones en Brooks, y que la gente no pare de decir...
—No grites, por favor —dijo Sally. Tuvo gracia porque yo ni siquiera gritaba.
—Los coches, por ejemplo —le dije en vos más baja—. La gente se vuelve loca por ellos. Se mueren si les hacen un arañazo en la carrocería y siempre están hablando de cuántos kilómetros hacen por litro de gasolina. No han acabado de comprarse uno y ya están pensando en cambiarlo por otro nuevo. A mí ni siquiera me gustan los viejos. No me interesan nada. Preferiría tener un caballo. Al menos un caballo es más humano. Con un caballo puedes...
—No entiendo una palabra de lo que dices —dijo Sally—. Pasas de un...
—¿Sabes una cosa? —continué—. Tú eres probablemente la única razón por la que estoy ahora en Nueva York. Si no fuera por ti no sé ni dónde estaría. Supongo que en algún bosque perdido o algo así. Tú eres lo único que me retiene aquí.
—Eres un encanto —me dijo, pero se le notaba que estaba deseando cambiar de conversación.
—Deberías ir a un colegio de chicos. Pruébalo alguna vez —le dije—. Están llenos de farsantes. Tienes que estudiar justo lo suficiente para poder comprarte un Cadillac algún día, tienes que fingir que te importa si gana o pierde el equipo del colegio, y tienes que hablar todo el día de chicas, alcohol y sexo. Todos forman grupitos cerrados en los que no puede entrar nadie. Los de el equipo de baloncesto por un lado, los católicos por otro, los cretinos de los intelectuales por otro, y los que juegan bridge por otro. Hasta los socios del Libro del Mes tienen su grupito. El que trata de hacer algo con inteligencia...
—Oye, oye —dijo Sally—, hay muchos que ven más que eso en el colegio...
—De acuerdo. Habrá algunos que sí. Pero yo no, ¿comprendes? Eso es precisamente lo que quiero decir. Que yo nunca saco nada en limpio de ninguna parte. La verdad es que estoy en baja forma. En muy baja forma.
—Se te nota.
De pronto se me ocurrió una idea.
—Oye —le dije—. ¿Qué te parece si nos fuéramos de aquí? Te diré lo que se me ha ocurrido. Tengo un amigo en Grenwich Village que nos prestaría un coche un par de semanas. Ibamos al mismo colegio y todavía me debe diez dólares. Mañana por la mañana podríamos ir a Massachusetts, y a Vermont, y todos esos sitios de por ahí. Es precioso, ya verás. De verdad.
Cuanto más lo pensaba, más me gustaba la idea. Me incliné hacia ella y le cogí la mano. ¡Qué manera de hacer el imbécil! No se imaginan.
—Tengo unos ciento ochenta dólares —le dije—. Puedo sacarlos del banco mañana en cuanto abran y luego ir a buscar el coche de ese tío. De verdad. Viviremos en cabañas y sitios así hasta que se nos acabe el dinero. Luego buscaré trabajo en alguna parte y viviremos cerca de un río. Nos casaremos y en el invierno yo cortaré la leña y todo eso. Ya verás. Lo pasaremos formidable. ¿Qué dices? Vamos, ¿qué dices? ¿Te vienes conmigo? ¡Por favor!
—No se puede hacer una cosa así sin pensarlo primero —dijo Sally. Parecía enfadadísima.
—¿Por qué no? A ver. Dime ¿por qué no?
—Deja de gritarme, por favor —me dijo. Lo cual fue una idiotez porque yo ni la gritaba.
—¿Por qué no se puede? A ver. ¿Por qué no?
—Porque no, eso es todo. En primer lugar porque somos prácticamente unos críos. ¿Qué harías si no encontraras trabajo cuando se te acabara el dinero? Nos moriríamos de hambre. Lo que dices es absurdo, ni siquiera...
—No es absurdo. Encontraré trabajo, no te preocupes. Por eso sí que no tienes que preocuparte. ¿Qué pasa? ¿Es que no quieres venir conmigo? Si no quieres, no tienes más que decírmelo.
—No es eso. Te equivocas de medio a medio —dijo Sally. Empezaba a odiarla vagamente—. Ya tendremos tiempo de hacer cosas así cuando salgas de la universidad si nos casamos y todo eso. Hay miles de sitios maravillosos adonde podemos ir. Estás...
—No. No es verdad. No habrá miles de sitios donde podamos ir porque entonces será diferente —le dije. Otra vez me estaba entrando una depresión horrorosa.
—¿Qué dices? —preguntó—. No te oigo. Primero gritas como un loco y luego, de pronto...
—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas y trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y trailers. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo.
—Quizá no. Pero a lo mejor eres tú el que no entiende nada —dijo Sally. Para entonces ya nos odiábamos cordialmente. Era inútil tratar de mantener con ella una conversación inteligente. Estaba arrepentidísimo de haberla empezado siquiera.
—Vámonos de aquí —le dije—. Si quieres que te diga la verdad, me das cien patadas."
Yo sí creo entenderlo, pero es muy deprimente. Deprime tener que concurrir todos los días al mismo lugar, donde la Cooperadora de la escuela le roba a los alumnos y donde después los profesores que hacen paros llegan con sus autos nuevos a quejarse de que todavía somos todos unos pendejos y que no entendemos nada. Es deprimente que todos se hagan los amigos y sean todos unos hipócritas, que en realidad se detestan y se van a cagar mutuamente si tienen oportunidad de hacerlo. Es deprimente que las personas mayores te obliguen a cada rato a comportarte mejor porque el año que viene ya vas a ser mayor de edad. "Comportate, tenés 17 años". Es deprimente que la mayoría de las personas no se den cuenta de nada, absolutamente nada. Que los pasen por encima, que piensen que el gobierno tiene el poder, porque no saben que todos juntos podrían hacerles el culo a los del gobierno. Odio que se la gente se moleste porque les roban, porque personas de otro país trabajan en las calles para ganarse la vida o por lo que hace la presidente que ellos mismos eligieron. Odio que la gente no sepa que no es necesario que pongan plata de sus bolsillos para colaborar con una causa. Odio muchas cosas. Holden, creo que a mí me habría gustado desaparecer también, un día, de la nada. Sólo que yo tal vez habría mandado alguna carta o algo a mi familia. Porque al igual que vos, mis hermanas son mi vida. Tal vez deberías haber pensado en eso.
28 ene 2010
J. D. Salinger (1919-2010)
No sabía que no iba a saber qué decir exactamente hasta el momento en el que comencé a escribir esto. Creo que lo más razonable sería decir que ayer falleció J. D. Salinger, que por si no saben, era escritor, y una de mis influencias a lo que yo intento hacer que se puede decir que es escribir. Porque realmente en el momento en el que me metí en sus palabras, sin saber ni siquiera quién era exactamente el tipo que me estaba expresando sus ideas, me vi más inspirada aún hacia lo que es el hermoso arte de escribir novelas que antes.
No sé si será mi escritor favorito, no podría decir eso con exactitud, pero su obra me dejó mucho más de lo que esperaba de un libro, mucho más que lo que me había imaginado. Leer El Guardián Entre El Centeno era amar cada palabra, quedaba atontada soñando en que había alguien que podía imaginar un personaje como Holden Caulfield, sí que lo estuve. De hecho, seguramente me sé el libro de memoria, pero eso no viene al caso. El hecho es que después de eso, yo misma noté un avance en interesarme más en la escritura, en las historias que intento contar, y eso me llevó a querer estudiarlo en la facultad algún día, si llego, por supuesto.
Voy a intentar, como intentó él y muchos grandes más, dejar algo mediante mis palabras, algo como lo que dejó él para mí, aunque muchas veces, los mensajes no se dejan del todo claros para algunas personas. Espero poder lograr eso que pretendo, expresarme mediante mi música y mis palabras. Las palabras porque las cosas no se logran de otra manera, y la música porque es la mejor manera de hacer llegar esas palabras a otros, y la manera más bella.
Por eso es que ahora le agradezco, no puedo hacer otra cosa que dar las gracias, por dejarme la enseñanza que me dejó, como le agradecería mil veces a otras grandes influencias. Gracias Jerome David Salinger, y que descanse en paz.