Welcome to Paradise

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4 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Primera Parte]

By Celes.
Podría empezar describiendo lo que fue simplemente verlos, lo que pasó en cada canción, y cada momento, pero pretendo ir más allá de todo eso. Porque en cada uno de esos momentos, mis sentimientos iban cambiando como los colores de un camaleón. Además, creo que todo empezó antes del 22 de octubre, empezó ya a sentirse el día anterior, y podría decir en realidad, que empezó el 28 de mayo, cuando conseguí mi entrada, pero tendría muchísimo más para contar. Peleas, momentos de tensión, espera. Así que no voy a abarcar tanto, pero sí voy a empezar a contar ésta experiencia desde lo que pasó el 21 de octubre. Hoy, un día después del concierto y sin poder creer que ya todo terminó, sigo feliz. Pienso en la espera, en cuando por fin estaban en el escenario y en cuando ya no estaban más, y mi corazón late con furia. Así fue como me di cuenta de que Green Day marcó mi vida de una manera muy significativa, o por lo menos, pude confirmar que de verdad, jamás los voy a olvidar, y que jamás voy a olvidar esta hermosa noche.

21/10/10 – Impaciencia
Cuando me desperté a la mañana, ya sabía lo que tenía que hacer. El día anterior, mi prima había conseguido la plata para la entrada, y surgió una nueva esperanza. Es una de las personas que más amo en el mundo, y compartir con ella mi primer recital de Green Day era una de mis metas más importantes. Pero surgieron problemas. No estábamos seguras de que hayan entradas al campo vip, así que podíamos quedar separadas… O ella podía no ir, porque tampoco estaba segura de poder conseguir entradas al campo común. Fue en realidad, todo un razonamiento de mi mente paranoica, porque en ese momento, en el que faltaba ya un día y algunas horas para que esté viéndolos en frente de mí, todo me preocupaba y me sentía muy nerviosa. Y además, el ambiente en la Capital estaba bastante tenso. El paro de los gremios pasó a ser no sólo un paro de maestros, sino también de subtes, algunas líneas de trenes y demás, cuando en una protesta mataron a un joven simplemente por estar ahí. Y eso me preocupaba también, no poder llegar (no es que no me haya importado lo que pasó, de hecho, lo discutí bastante con bastantes personas, sólo que no es lo que importa en este texto).
Así que me levanté muy temprano porque tenía que hacerme un análisis de sangre, desayunamos después de eso con mi vieja (me había bajado la presión) y fui a tomar el tren para encontrarme con Lu en la estación de Retiro. Es entonces cuando ella casi se desespera. Llegó a tomar el tren y le dijeron que la línea que ella tenía que tomar estaba de paro también. Así que tuvo que viajar en colectivo hasta San Miguel (mi ciudad) para agarrar el tren que yo ya había tomado, que sí funcionaba. Así que cuando llegué a la estación, la esperé más de media hora, siempre comunicándonos por mensajes, porque mi vieja me había prestado su celular por las dudas, lo que de verdad fue una suerte. Y por fin llegó.
Desesperada, llegó conmigo y me abrazó, y fuimos inmediatamente a tomar el colectivo para llegar al lugar donde vendían las entradas. No era tan lejos, pero después caminamos por esas anchas calles medio perdidas, hasta que por fin llegamos (preguntando, por supuesto). El cartel de Hard Rock Café brillaba a lo lejos y casi empezamos a correr. Qué desesperante fue ver que, cuando subimos a donde se compraba la entrada, había una fila demasiado larga. Habremos esperado quince minutos o tal vez más (porque separaron la fila) hasta que sólo quedaba una persona delante de nosotras, que estaba ya sacando su entrada. Le dije a Lu “andá para allá y yo la saco”, y ella automáticamente se fue ya medio llorando para otro lado. Y cuando me tocó a mí, me sentí muy nerviosa.
-¿Entradas para Green Day? –pregunté, y mis manos se apretaron con fuerza.
-Sí –contestó cortante el tipo que atendía, y sentí un peso menos de encima. Y después pregunté…
-¿Quedan del campo vip?
-Sí –contestó otra vez, y entonces sentí que no podía ser tan suertuda y estar tan feliz. En realidad la suerte no la tuve yo, la tuvo mi prima, pero sufrí mucho por ella.
Después no me acuerdo qué más le dije, sólo sé que le pagué con la mano temblorosa y me dio la entrada. Me di vuelta y cuando Lu vio la entrada empezó a llorar. Le dije que lea lo que decía, y cuando vio que encima era de campo vip me abrazó y lloramos las dos. Porque iba a ser el momento de nuestras vidas, la impaciencia nos estaba matando, pero ya casi estaba todo asegurado, todo listo para nuestro momento con Green Day.
Tomamos un café para calmarnos un poco y fuimos a casa. Caminamos bastante porque me di cuenta de que no sabía cómo volver a Retiro (es decir, dónde paraba el colectivo) y porque también me di cuenta de que si pagábamos un colectivo desde donde estábamos hasta Retiro, no íbamos a tener para pagar el colectivo desde San Miguel hasta mi casa, y desde mi casa hasta el centro hay bastante viaje… Así que caminamos, porque no era tan lejos. Pasamos por la Bond Street y Lu se compró una musculosa de Green Day que está genial. Fuimos a la estación, y en el tren íbamos escuchando música, pero había momentos de silencio. Más que anda por mí. Me ponía a pensar en todo, lo que había pasado y lo que iba a pasar, y en qué tan importante era todo eso para mí. Era demasiado. Demasiado y muy pronto, todo junto, y todavía tenía miedo de que algo salga mal. Salió a la luz mi lado más paranoico, y cualquier pequeña cosa de lugar podía hacerme llorar de los nervios.

Llegamos a casa, y después de un rato, habiendo comido y demás, llegó Maria, que se iba a quedar a dormir y después iba a salir con nosotros. Fuimos a la casa de mi abuela, hablamos bastante con mi prima y mi tía, y después volvimos. Comimos y decidimos acostarnos temprano para intentar dormir un poco. Teníamos pensado levantarnos a las tres de la madrugada para salir a las cuatro y agarrar el primer colectivo. Pero no nos dormimos tan rápido. Dimos vueltas un par de horas, hasta que me dije que tenía que dormir, porque ni siquiera quería tener sueño o sentirme mínimamente mal al otro día, que iba a ser bastante largo. Cerré mis ojos, me dormí. Y no me acuerdo con qué soñé, pero cuando menos me di cuenta, el despertador ya estaba sonando.

Segunda parte.

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