Welcome to Paradise

Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen King. Mostrar todas las entradas
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11 may 2012

Gritaré para que vuelvas


"... Muy cerca, un motor se puso en marcha. Lisey abrió los ojos y estuvo a punto de proferir un grito. Luego se relajó poco a poco. Solo era Herb Galloway, o quizá el hijo de los Luttrell, al que Herb contrataba a veces, segando la hierba en el jardín vecino. No tenía nada que ver con aquella noche gélida de enero de 1996, cuendo encontró a Scott en el dormitorio de invitados, presente físicamente, respirando, pero ausente en todos los demás sentidos relevantes.
Aun cuando pudiera hacerlo, no puedo hacerlo así; hay demasiado ruido, pensó.
El mundo está demasiado apegado a nosotros, pensó.
¿Quién escribió eso?, pensó. Y como tantas otras veces, aquel pensamiento fue seguido de su dolorosa coletilla: Scott lo sabría.
Sí, Scott lo sabría. Lo recordó en todas aquellas habitaciones de motel, encorvado sobre la máquina de escribir portátil (¡SCOTT Y LISEY, LOS PRIMEROS AÑOS!) y más tarde, con el rostro iluminado por el fulgor del ordenador portátil. A veces con un cigarrillo consumiéndose en un cenicero junto a él, a veces con una copa, siempre con el rizo olvidado sobre la frente. Lo recordó tendido sobre ella en aquella misma cama, persiguiéndola a toda pastilla por aquella espantosa casa de Bremen (¡SCOTT Y LISEY EN ALEMANIA!), ambos desnudos y muertos de risa, cachondos, pero no realmente felices, mientras los camiones y los coches rugían alrededor de la rotonda al final de la calle. Recordó los brazos de Scott alrededor de su cuerpo, todas las veces que la había abrazado, y su olor, y la aspereza de su mejilla contra la de ella, y se dijo que vendería su alma, sí, su puñetera alma inmortal, por escuchar una vez más el portazo de Scott y su voz diciendo: “¡Hola, Lisey, ya estoy en casa! ¿Todo sigue igual?”.
Calla y cierra los ojos.
Era la voz de Lisey, pero al mismo tiempo casi la de Scott, una excelente imitación, de modo que Lisey cerró los ojos y sintió las primeras lágrimas cálidas, casi reconfortantes, por entre la pantalla de las pestañas. Había descubierto que muchas cosas acerca de la muerte no te las contaban, y una de las importantes era el tiempo que tus seres queridos tardaban en morir en tu corazón. Es un secreto, pensó Lisey, y así debe ser, porque ¿quién querría acercarse a otra persona sabiendo lo difícil que resultaría prescindir de ella? En tu corazón, los seres queridos mueren muy despacio, ¿verdad? Como una planta cuando te vas de viaje y olvidas pedirle al vecino que pase de vez en cuando con la regadera, y es tan triste…
No quería pensar en la tristeza ni en su pecho herido, donde el dolor empezaba a reaparecer. En lugar de ello desvió los pensamientos hacia Boo’ya Moon. Recordaba lo sobrecogedor y al mismo tiempo maravilloso que había sido pasar de la gélida noche de Maine a aquel paraíso tropical en un abrir y cerrar de ojos. La textura algo melancólica del aire, la fragancia sedosa del frangipán y la buganvilla. Recordaba la espectacular luz del sol poniente y la luna naciente, así como el tañido lejano de aquella campana. La misma campana…”

La Historia de Lisey.

Gritaré para que vuelvas.

5 ago 2011

Games

Hace un par de días dediqué una entrada a El Juego de Gerald, simplemente porque incluso a mí misma me sorprendió lo que ese libro me provocó, porque había leído más de la mitad de la historia, y creía que era imposible que pudiera continuar, seguida por más torturas, más dolor y más terror. Ahora, que por fin pude terminarlo [creo que desgraciadamente leo menos que antes y tardo más; habría leído un libro como este en muy poco tiempo de haber sido en "mi época buena" (?)], llega el momento de la reflexión, pero si hay algo que no voy a poner en duda es que este es uno de los mejores libros que leí. No puedo decir que sea mi favorito (definitivamente es demasiado morbo para mi pobre cabeza, incluso para todo lo que estoy acostumbrada a leer), pero sin dudas es uno de los mejores, a mi humilde criterio.
Y como mi criterio es "humilde", tal vez no señale los aspectos más importantes por los cuales éste libro puede ser uno de los mejores de este señor (de los que leí hasta ahora), pero son los aspectos que personalmente me agradaron más. Primero está el hecho de haber llevado una historia de la cual el 70% es sólo sobre un personaje, en una habitación durante dos días, a eso sumado de que el libro en ningún momento tuvo algo que me pareciera aburrido. De echo, me atrapó desde el principio, y ya empezó siendo bastante extraño al principio (si es que "extraño" es la palabra adecuada). Las situaciones que se fueron presentando después fueron un trauma tras otro, un sufrimiento tras otro, porque obviamente, al ser un único personaje, podemos meternos de lleno en la mente de Jessie, podemos ver lo que ella ve, sentir lo que ella siente, sufrir todo lo que sufre ese tiempo que estuvo atrapada, no sólo en una casa, esposada a una cama, sino el tiempo que estuvo atrapada en su propia mente. El segundo hecho que debo señalar es que tiene frases que me resultaron épicas, tanto si hablamos de lo que puedan transmitir como de la belleza de las palabras. Cada situación que describía golpeaba mi entendimiento con la fuerza que sólo pueden lograr las palabras, y si las palabras son la fuente de magia más poderosa, Stephen King sabe utilizarlas como ningún otro. Pero a la vez lo decía de una manera tan sutil, disfrutando del hecho de tener a su alcance cuantos colores quiera para pintar el cuadro a su manera, llevando la mente de uno a un lugar donde nunca me habría imaginado que llegaría. Porque esa es la tercer cosa que debo señalar. Este libro me llevó a ver hasta dónde puede llegar la mente humana, a qué lugares tan horribles y tenebrosos podemos llegar. La protagonista estuvo constantemente al borde de la locura sin caer en ella completamente. También desde lo poco que sé de psicología, reconocí varios trastornos descritos a lo largo de la historia, y si bien me había dedicado anteriormente a leer sobre ellos, jamás pensé que podría llegar a espantarme tanto. Si Jessie las tenía todas para volverse loca, sí, las tenía, pero saliendo un poco de la historia y pensándolo mejor, era obvio que no iba a tener ese lujo a mitad del libro. Como ella misma piensa en un momento, iba a tener que sufrir todo aquello estando lúcida, consciente a cada segundo.
Fueron momentos horribles (tanto en el libro como en mi imaginación), demasiados momentos horribles juntos. Demasiadas cosas inimaginables, que sucedieron. Pero aún así, cuando peor se ponían las cosas, es cuando menos podía dejar de leer. Cuanto más se metía Jessie en su cabeza, más me arrastraba a mí también, y más me sorprendía. Y no podría haberme imaginado cuánto me iba a sorprender. Es que cada libro que leo de éste hombre me deja con la boca abierta. Él puede sorprenderme con lo que sea, puede escribir cualquier cosa y funciona, porque al fin y al cabo, en cierto punto parece como si las situaciones no fueran importantes, como si el hecho simple no importara, porque todo lo que realmente te atrapa e importa es lo que está detrás, oculto, el terror que puede saltarte en la cara en cualquier momento. Él puede poner un cementerio de animales atrás de tu casa, hacer que un auto asesine gente, y dicho de esa manera parece una simple ridiculez, pero él sabe que puede transformar cualquier situación a su manera. Puede crear explosiones desde la cabeza de una adolescente que asiste a su fiesta de graduación, o desde la cabeza de una nena que intenta salvar a su padre; puede mostrarnos la vida como un pasillo que tarde o temprano llega a su fin, y puede hacernos ver todo lo que cuenta tanto de una manera como de otra. Él puede. Como pensaría Paul Sheldon (Misery): "Pero si quiere alguien que lo saque del círculo, que lo asuste, que lo seduzca con una historia, que le haga llorar o sonreír, eso sí que puedo. Puedo traerlo y llevarlo hasta que grite basta. Soy capaz de hacerlo. Claro que sí..."
Tal vez esté fascinada también porque hacía mucho que no leía algo de Stephen King, y ya necesitaba leerlo otra vez. Pero de todas formas, sé que lo que acabo de terminar me habría impactado de cualquier manera. Es un libro para soñar a la noche, tener pesadillas, y seguir soñando con él incluso mucho tiempo después de haberlo leído. Los fantasmas de ese libro pueden volverse los fantasmas de uno mismo, a no ser que terminemos el asunto ni bien terminamos de leer la última hoja. Y creo también que sólo Stephen King puede manejar el terror de ésta manera. Sólo él puede escribir esas cosas que le hacen temblar a uno. Volví a quedar satisfecha con mi lectura una vez más, porque él siempre pudo, supo hacerme llorar o sonreír, traerme y llevarme. Por eso también tal vez sea tan difícil dejarlo, una vez que empezás a seguir sus historias.

2 ago 2011

Weird

Tengo MUCHAS ganas de escribir sobre algo, bien largo y para expresar toda mi fascinación, pero... Voy a reservarme ese lujo para cuando termine de leer El Juego de Gerald, y esté totalmente conmovida y asustada a la vez.
Ahora sólo puedo decir que me falta la parte final, y hoy intenté leer una vez. Llegué a uno de los momentos más fuertes de la historia, y tuve que dejar de leer... Lo intenté de nuevo más tarde, y me bajó la presión. Sí, me bajó la presión. ¿Alguien podría creer que un libro dejaría volar tanto la imaginación hasta el punto de ver las situaciones con tal claridad que parecen reales? Y con esto compruebo que lo que me impresiona es la sangre. Tenía una idea ya, porque cada vez que me voy a sacar sangre me baja un toque la presión, y no tiene nada que ver con la aguja. Es la sangre, espesa, oscura, directo de las venas, y no sé cómo estoy escribiendo esto ahora como si fuera tan fácil. El Juego de Gerald tiene además muchas otras situaciones que te dan miedo de lo traumantes que son, es el terror por saber o darse cuenta los lugares oscuros que puede visitar la mente humana.
Lo dejo ahí. Sin embargo, es una de las mejores novelas que leí. Morbosa, sí, pero es una historia tan bien llevada, tan atrapante y con tantas frases memorables que no puede dejar de ser una de las mejores. Es Stephen King, bitch, debí haberlo imaginado.

5 dic 2010

¿Puedes?

"... «¿Puedes tú, Paul? -se preguntó en sueños-. Sí. Es así como sobrevino. Es así como he llegado a mantener casas en nueva York y en Los Angeles y más hierro rodante del que hay en algunos parques de coches usados. Porque puedo y no es algo por lo que tenga que disculparme, maldición. Hay montones de tipos que escriben mejor prosa que yo y que entienden mejor lo que es la gente y el supuesto significado de la Humanidad, demonios, ya lo sé. Pero cuando el monitor pregunta ¿lo consiguió? sólo levantarían la mano unos pocos. En cambio, por mí se levantan muchas manos, o por Misery..., pues al final creo que los dos somos iguales. ¿Lo conseguí? Sí. Apuesta lo que sea. Hay en este mundo un millón de cosas que no sé hacer. No puedo batear una pelota, ni siquiera en la secundaria. No puedo arreglar un grifo que gotea. No puedo patinar ni dar un acorde en la guitarra que no suene a mierda. Dos veces he intentado el matrimonio y en ninguna lo conseguí. Pero si quiere alguien que lo saque del círculo, que lo asuste, que lo seduzca con una historia, que le haga llorar o sonreír, eso sí que puedo. Puedo traerlo y llevarlo hasta que grite basta. Soy capaz de hacerlo. Claro que sí.»
La insolente voz del joven pistolero mecánico susurró en medio del sueño, que cada vez se hacía más profundo:
«Lo que tenemos aquí, amigos, es una mezcla importante de grandilocuencia y espacio en blanco.»
«¿Puedes? ¡Claro que puedo!»
«¿Lo consiguió?», inquirió la máquina convertida en monitor.
«No. Hizo trampas. En El hijo de Misery, el doctor no fue a la casa. Tal vez todos ustedes olvidaron lo que pasó la semana pasada. Pero un ídolo de piedra nunca olvida. Paul, debe salir del círculo. Perdónenme, por favor. Ahora tengo que aclarar. Ahora tengo que...»

-Aclarar... -murmuró, deslizándose hacia la derecha..."

Misery - Stephen King.

23 jul 2010

Hay que salir del agujero interior!

No pregunten por qué el título [me gusta esa canción y me gusta Virus, ¿si?], no pregunten a qué se debe ésta entrada, no pregunten nada. Porque acabo de descubrir que probablemente soy bipolar ♫, y estoy en uno de mis momentos felices ☺.
¿Las películas de terror me ponen feliz? ¿LAS PELÍCULAS DE TERROR BASADAS EN LIBROS DE STEPHEN KING ME PONEN FELIZ? No, en realidad no ☺. Hay cosas que me deprimen, pero es muy gracioso ver los pelos del actor que hace de Tommy Ross, me lo imaginaba menos ruludo.
Estuve haciendo mi gif de mis dos Sombrereros favoritos... FAIL! Pero no importa, Andrew y Johnny estarán por siempre en mi corazón . Why is a raven like a writing desk? Afortunadamente, podemos usar la imaginación para contestar esa pregunta [o también, leer el prólogo del libro y quedarnos con la respuesta del autor], o mejor todavía, ¡pensemos en cosas que empiecen con la letra M!
Música.
Manana [iba a incluirlo, por supuesto].
M... Milla... La Milla Verde! Mi tía me tiene que devolver ese libro, que lamentablemente nunca leyó.
Y eso me hace acordar a que tengo que terminar de leer Juicio Final para empezar a leer el Martin Fierro, porque se supone que es más importante, porque es para la escuela... [MARTIN!].
Y volviendo a pensar en cosas con M, Mañana se supone que debería salir, debería ir a la casa de una amiga, pero no tuve oportunidad de hablar con ella, y son las 2:09 a.m. Si viene Lulu probablemente vayamos...
Mike [no es una cosa, pero lo amo tanto ].
Me cansé de escribir, sigan pensando cosas con la letra M y me dicen. Y tengo que terminar el dibujo que estoy haciendo, por suerte terminé el que va a ser la imagen de título de mi blog [mañana probablemente saque la foto, la edite y demás]. Entonces, agrego un par de cosas más a la lista y me voy...
Mierda.
Manada.
María [yo!].
Mundo.
Mirada.
Magia.
Wonderland [es como una M al revés].

24 feb 2010

Dios salve el pasado

... Jud, de pie junto a ellos, contempló cómo introducían el féretro en el coche.
—Adiós, Norma —dijo encendiendo un cigarrillo—. Hasta pronto, muchacha.
Louis abrazó a Jud por los hombros, y el hermano de Norma se le acercó por el otro lado, relegando a segundo término al director y a su hijo. Los fornidos sobrinos (o primos segundos, o lo que fueran) ya habían hecho mutis, una vez realizado el simple trabajo del acarreo. Ellos no frecuentaban aquella rama de la familia. A Norma la conocían por las fotografías y alguna que otra visita de cumplido: largas tardes pasadas en la sala, comiendo las galletas de Norma y bebiendo la cerveza de Jud, no precisamente aburridos por las viejas historias de tiempos y personas que ellos no habían conocido, pero sí pensando en lo que hubieran podido hacer aquella tarde (lavar y abrillantar el coche, jugar una partida de bolos o, simplemente, ver por la tele un combate de boxeo con los amigos) y contentos de marcharse una vez satisfechas las formalidades.
Para ellos, la familia de Jud ya era cosa del pasado; era como un planetoide erosionado que se alejaba de la masa principal, a la deriva, disminuyendo de tamaño hasta convertirse en una mota. El pasado. Fotos en un álbum. Viejas historias contadas en habitaciones excesivamente caldeadas: ellos no eran viejos; sus articulaciones no estaban artríticas ni su sangre se había enfriado. El pasado se reducía a unas asas que había que agarrar de vez en cuando y luego soltar. Al fin y al cabo, si el cuerpo humano era la envoltura que contenía al alma humana, la carta que Dios enviaba al universo, según enseñaban la mayor parte de las religiones, el American Eternal [*féretro] sería la envoltura que contenía el cuerpo humano, y para aquellos aguerridos sobrinos o primos o lo que fueran, el pasado era una carta vieja que había que archivar.
"Dios salve el pasado", pensó Louis, estremeciéndose sin más motivo que el pensar que llegaría el día en que él se sentiría igual de desligado de su propia sangre, del fruto de los hijos de su hermano... o de sus propios nietos, si Ellie o Gage tenían hijos y él llegaba a conocerlos. El centro de gravedad se desplazaba. Los vínculos familiares se deterioraban. Caras jóvenes en fotos viejas.
"Dios salve el pasado", pensó nuevamente oprimiendo con más fuerza los hombros del anciano...


Cementerio de Animales, de Stephen King.