Welcome to Paradise
Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!
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25 jun 2013
28 may 2013
Sobre tener veinte
"... Todavía pienso que es una edad bastante buena (los diecinueve años). Quizá la mejor edad. Tal vez bailes rock and roll durante toda la noche, pero cuando la música acaba y la cerveza termina, puedes pensar. Y soñar grandes sueños. El citado chico de la patrulla te pone finalmente en tu sitio, y si comienza con poca cosa, vaya, pues no quedará casi nada excepto el dobladillo de los pantalones cuando haya acabado contigo. "¡Búscate un sueño!", te grita mientras da un paso al frente con su libreta de infracciones en la mano. No es tan malo tener un poco de arrogancia (o incluso mucha), aunque tu madre indudablemente te diría todo lo contrario. La mía lo hacía. "Al que escupe al cielo en la cara le cae, Stephen", decía ella... y luego descubrí -cuando mi edad rondaba los 19x2- que al final te cae encima de todos modos. O te escupen por otro lado. A los diecinueve años pueden pedirte el documento de identidad en los bares y decirte que te largues, pueden ponerte de patitas en la calle, pero, por Dios, no te pueden pedir la documentación cuando te sientas a pintar un cuadro, escribir un poema o contar una historia; si lees esto y eres muy joven, no permitas que los mayores te digan otra cosa. Seguramente no has estado nunca en París. No, nunca corriste delante de los toros en Pamplona. Sí, eres un jovencito al que le empezó a crecer la barba hace tres años, ¿y qué pasa? Si no comienzas a ser lo suficientemente grande para tener los pantalones largos, ¿cómo podrás llenarlos cuando crezcas? Pisa el acelerador a pesar de todo lo que la gente te diga, esa es mi idea; siéntate y fúmate eso, nene."
Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más), Stephen King.
Mi relación con mis propios cumpleaños (o tal vez con los cumpleaños en general) es algo contradictoria tanto para mí como para los demás. Por un lado, está la sensación de rechazo que me genera el hecho de que toda persona que conozcas te recuerde que bueno, ya pasaste un año más en este mundo y que estás terminando una etapa o próximo a terminarla. Pienso que de alguna forma, todos rechazamos esa "antigüedad", ya sea porque queremos quedarnos atrapados en algún momento de la vida, o porque hicimos que termine rápido y ese tiempo no vuelve. De cualquier forma, a todos se les cruzó la idea alguna vez, y conozco gente de la edad de mi madre que siguen luchando contra eso, como si no se resignaran nunca a que los cuerpos de todos son descartables para el mundo. Si a mí no me agrada cumplir años es simplemente porque no rechazo ni festejo la idea de ser más vieja. Como dijo alguien, "igualmente, todos nos vamos a morir", y es verdad. No es una conclusión amarga, sino todo lo contrario. Olvidarse de que existe una cuenta que todos los años te dice que tenés "un año menos", debería motivarnos a sentir cada vez más. Creo que hasta el día de hoy, las personas que amé y amo saben sobre mis sentimientos, que los que odio también lo saben, y a los que no amo ni odio les puedo decir que todavía nos queda mucho tiempo como para que pasen a ser algo en mi vida. Ese es el otro lado de mi relación con los cumpleaños; el lado de aceptación que dice que todo puede pasar, que a partir de ahora puede llegar algo que dé vuelta la mesa de repente. Eso también ES VERDAD.
Si hay algo que aprendí a la edad de los diecinueve años, es que toda esa cita es verdad. Sigo metida en esa época de arrogancia y orgullo, tengo claros ejemplos de mis ambiciones a corto y a largo plazo. Pero a la vez, empezaron a atajarme ciertas cosas, me hicieron caer y una vez que pasó, con los pies firmes sobre la tierra, pensé que bueno, acababa de tener una explosión emocional interna completamente nueva. Estuve metida en eso todo el año pasado, y tal vez el anterior. Si ahora viera a mi yo de diecisiete años, la abrazaría y tal vez me pondría a llorar, y ella seguramente no entendería qué corno pudo haberme transformado en alguien que llora porque sí. No creo ser más débil que a los diecisiete, ni tampoco más fuerte, pero conocí una parte de mí que había esperado el momento indicado para salir. Una parte mucho más emocional que se agarró de los pelos con la Celes racional y organizada de siempre, y ahora creo que ninguna de las dos partes ganó. Se hicieron una, al menos por ahora, hasta que vuelvan a querer matarse en algún otro momento. Hasta entonces, espero.
Por esa batalla, perdí muchas cosas, y también gané otras. Puedo decir que ahora no entro a mis clases mirando adelante y pensando "no hables con nadie, no seas amable con nadie, no escuches a nadie, no te relaciones con nadie". Y bueno, es un progreso. Pero a la vez, por haber pensado de ésa ridícula forma en algún momento, perdí otras cosas. Gente, en realidad. El primer ejemplo de comportamiento estúpido que se me ocurre es el no haber saludado a ciertas personas en sus propios cumpleaños, por más de que tal vez no eran personas con las que seguía hablando. Es decir, eran personas de las cuales me acordé, y por pensar que YO no valía la pena, les había negado un saludo, cuando siempre pensé que en realidad, por más de que los cumpleaños no son mis prioridades, si alguien significó algo para vos y te acordaste, está bueno decírselo. No tiene nada de extraño o desubicado. Después la vida sigue. Vos seguís, y tal vez no vuelvas a hablar con esa amiga de primaria a la que le dijiste "felices diecinueve", porque no tenés ganas o ella no tuvo ganas, ¿pero qué importa? Cuando uno empieza a ponerse viejo, se apresura por no perder oportunidades... Además de empezar a hablar en tercera persona refiriéndose a sí mismo como "uno" (chiste malo).
Hoy creo que el balance que encontré en los últimos meses es fundamental para seguir viviendo. No puedo decirle a Celes emocional que no llore sólo para demostrar firmeza, y Celes racional tiene que entender que a veces tampoco está mal llegar a tu casa y tirarte en la cama a llorar como si tu perro se hubiera muerto. Encontrar un equilibrio es difícil, más si estás saliendo de los diecinueve años y todavía seguís cargado de sueños, imaginación y hormonas... Bueno, no sé porqué dije "hormonas", tiene que ver, LO JURO. No festejo este cumpleaños como cualquier otro. Este año en sí es diferente porque en algún momento cerré una etapa, y tal vez me di cuenta de eso la semana pasada, cuando caminaba cuadras muy largas y pensé "¿qué me lleva a cantar mientras camino como si nada hubiera pasado cuando acaba de pasar TODO?". Puedo decir que soy fuerte otra vez, y que al menos la próxima vez que se desate una batalla en mi cabeza, voy a estar preparada. Incluso estoy resignada a que va a volver a pasarme, una y otra, y otra, y otra vez. Por ahora, piso el acelerador, y mundo, ven a mí.
Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más), Stephen King.
Mi relación con mis propios cumpleaños (o tal vez con los cumpleaños en general) es algo contradictoria tanto para mí como para los demás. Por un lado, está la sensación de rechazo que me genera el hecho de que toda persona que conozcas te recuerde que bueno, ya pasaste un año más en este mundo y que estás terminando una etapa o próximo a terminarla. Pienso que de alguna forma, todos rechazamos esa "antigüedad", ya sea porque queremos quedarnos atrapados en algún momento de la vida, o porque hicimos que termine rápido y ese tiempo no vuelve. De cualquier forma, a todos se les cruzó la idea alguna vez, y conozco gente de la edad de mi madre que siguen luchando contra eso, como si no se resignaran nunca a que los cuerpos de todos son descartables para el mundo. Si a mí no me agrada cumplir años es simplemente porque no rechazo ni festejo la idea de ser más vieja. Como dijo alguien, "igualmente, todos nos vamos a morir", y es verdad. No es una conclusión amarga, sino todo lo contrario. Olvidarse de que existe una cuenta que todos los años te dice que tenés "un año menos", debería motivarnos a sentir cada vez más. Creo que hasta el día de hoy, las personas que amé y amo saben sobre mis sentimientos, que los que odio también lo saben, y a los que no amo ni odio les puedo decir que todavía nos queda mucho tiempo como para que pasen a ser algo en mi vida. Ese es el otro lado de mi relación con los cumpleaños; el lado de aceptación que dice que todo puede pasar, que a partir de ahora puede llegar algo que dé vuelta la mesa de repente. Eso también ES VERDAD.
Si hay algo que aprendí a la edad de los diecinueve años, es que toda esa cita es verdad. Sigo metida en esa época de arrogancia y orgullo, tengo claros ejemplos de mis ambiciones a corto y a largo plazo. Pero a la vez, empezaron a atajarme ciertas cosas, me hicieron caer y una vez que pasó, con los pies firmes sobre la tierra, pensé que bueno, acababa de tener una explosión emocional interna completamente nueva. Estuve metida en eso todo el año pasado, y tal vez el anterior. Si ahora viera a mi yo de diecisiete años, la abrazaría y tal vez me pondría a llorar, y ella seguramente no entendería qué corno pudo haberme transformado en alguien que llora porque sí. No creo ser más débil que a los diecisiete, ni tampoco más fuerte, pero conocí una parte de mí que había esperado el momento indicado para salir. Una parte mucho más emocional que se agarró de los pelos con la Celes racional y organizada de siempre, y ahora creo que ninguna de las dos partes ganó. Se hicieron una, al menos por ahora, hasta que vuelvan a querer matarse en algún otro momento. Hasta entonces, espero.
Por esa batalla, perdí muchas cosas, y también gané otras. Puedo decir que ahora no entro a mis clases mirando adelante y pensando "no hables con nadie, no seas amable con nadie, no escuches a nadie, no te relaciones con nadie". Y bueno, es un progreso. Pero a la vez, por haber pensado de ésa ridícula forma en algún momento, perdí otras cosas. Gente, en realidad. El primer ejemplo de comportamiento estúpido que se me ocurre es el no haber saludado a ciertas personas en sus propios cumpleaños, por más de que tal vez no eran personas con las que seguía hablando. Es decir, eran personas de las cuales me acordé, y por pensar que YO no valía la pena, les había negado un saludo, cuando siempre pensé que en realidad, por más de que los cumpleaños no son mis prioridades, si alguien significó algo para vos y te acordaste, está bueno decírselo. No tiene nada de extraño o desubicado. Después la vida sigue. Vos seguís, y tal vez no vuelvas a hablar con esa amiga de primaria a la que le dijiste "felices diecinueve", porque no tenés ganas o ella no tuvo ganas, ¿pero qué importa? Cuando uno empieza a ponerse viejo, se apresura por no perder oportunidades... Además de empezar a hablar en tercera persona refiriéndose a sí mismo como "uno" (chiste malo).
Hoy creo que el balance que encontré en los últimos meses es fundamental para seguir viviendo. No puedo decirle a Celes emocional que no llore sólo para demostrar firmeza, y Celes racional tiene que entender que a veces tampoco está mal llegar a tu casa y tirarte en la cama a llorar como si tu perro se hubiera muerto. Encontrar un equilibrio es difícil, más si estás saliendo de los diecinueve años y todavía seguís cargado de sueños, imaginación y hormonas... Bueno, no sé porqué dije "hormonas", tiene que ver, LO JURO. No festejo este cumpleaños como cualquier otro. Este año en sí es diferente porque en algún momento cerré una etapa, y tal vez me di cuenta de eso la semana pasada, cuando caminaba cuadras muy largas y pensé "¿qué me lleva a cantar mientras camino como si nada hubiera pasado cuando acaba de pasar TODO?". Puedo decir que soy fuerte otra vez, y que al menos la próxima vez que se desate una batalla en mi cabeza, voy a estar preparada. Incluso estoy resignada a que va a volver a pasarme, una y otra, y otra, y otra vez. Por ahora, piso el acelerador, y mundo, ven a mí.
11 feb 2013
Heart in a Cage
No puedo. Descubrí que la mayor parte del tiempo puedo estar de buen humor, que me dan ganas de hacer cosas, que ya no duermo tanto (eso estaría mejor si se hubieran solucionado mis problemas de alimentación, pero hagamos de cuenta que eso no existe... como siempre), que me entretengo la mayor parte del tiempo y con eso estoy bien. Pero ya no puedo ignorar a mi conciencia, que básicamente, me recuerda siempre que todo eso lo estoy logrando alejándome de los demás. Y es entonces cuando todo lo que logro parece que no vale nada.
No vale el hecho de ignorar todo lo que realmente pienso sobre mí. No vale tener esa sensación de total soledad y aceptarla por completo, como si en realidad tuviera que ser así. Como si hubiera tenido que ser así desde el principio. La gente se acerca hasta cierto punto, pero no pueden llegar más allá de eso, simplemente porque yo lo impido. Y si llegan a cruzar ese límite, igual los espanto. Bueno, en realidad mi experiencia me dice eso, pero nunca fui muy amiga del completo empirismo, así que creo que lo que me mantiene acá todavía es el hecho de que pienso que se puede dar una excepción en algún momento. Me siento ridícula pensándolo así, pero soñar ese tipo de cosas optimistas no tiene nada de malo.
Si bien físicamente no estoy sola, el problema no pasa por ahí. Siento un vacío lo suficientemente grande como para no poder dormir y estar acá escribiendo esto, por ejemplo. Porque es a la noche cuando más miedo tengo. Siento que todo ese estante de libros que tengo encima se me va a venir encima en cualquier momento, mientras pienso en todas las personas que pasaron y se fueron de mi vida en tan poco tiempo. De todas esas, no quise retener a tantas, y aún así, fallé. Y si fallé, lamentablemente es porque ya no puedo cambiar lo que sea que yo haga mal. Dios, de verdad me gustaría tratar de hacer las cosas de una forma diferente, si alguien me dijera qué es, tal vez serviría. No hace mucho alguien con quien no hablaba hacía años (literal), me dijo que "se acordó de mí y se preguntaba cómo estaría". ¿SABEN QUÉ? LOS MILAGROS EXISTEN. Claro que no duró mucho, pero esas cosas no pasan. No pasan porque una vez que terminaste con alguien, ya está, la gente no quiere volver. Y mucho menos conmigo. Pareciera como si siempre fuera algo que yo no voy a entender y entonces es mejor dejarlo ahí y empezar a olvidar. A la vez, yo misma los empujo y alejo, tal vez porque tengo caprichos que nadie es capaz de satisfacer, o tal vez NO SÉ.
No me sirve ser talentosa en algo, no me sirve ser ni muy inteligente ni muy nada si lo único que hago es mantenerme encerrada en la misma mierda de siempre. Recreando una situación algo metafórica, me veo a mí misma encerrada en esa jaula, mirándolos a todos desde ese lugar, y aceptando esa maldita situación. Como si no hubiera otra manera de ser. A veces alguien me da la mano por entre las rejas, pero cuando ese alguien quiere, me suelta porque no hay manera de sacarme estirando. Si pudiera encontrar la llave, si YO pudiera encontrarla, entonces saldría a jugar con todos ellos. Pero ahora ni siquiera sé si quiero, porque las personas que me dieron la mano en algún momento, ya no están ahí esperándome. Y me da miedo, tengo tanto miedo de darle la mano a alguien más y que me suelte otra vez... Si la gente puede vivir sin mí, prefiero quedarme ahí, y ahorrarnos problemas a ambos.
Puedo aguantar que sea de noche y esté oscuro, puedo aguantar eso de pasar mis tardes atrapada entre las páginas de un libro porque ese mundo ficticio es mejor que el mío; puedo aguantar que esas cosas que imagino sean mi realidad porque eso me hace reír o llorar de una forma diferente. Tal vez no ría con felicidad, pero tampoco lloro con dolor. Puedo aguantar todo eso si es lo que los demás quieren porque la verdad es que me cansé, me cansé mucho de tratar de hacer cosas para cambiar. No logro nada, las cosas que me pasaron últimamente me dicen que claramente NO logro nada y que no vale la pena intentarlo. Puedo ser mi propia mejor amiga o mi propia persona con la que comparto más cosas, y ojala nunca me canse porque ya no sé de qué otra forma hacerlo.
Y es una mierda porque bueno, la verdad es que me gustaría ahora terminar de escribir éstas estupideces y que alguien venga a golpearme y decirme que no es así, que valgo la pena, que vale la pena tratar de tener una amistad conmigo porque yo soy alguien. Me detesto por ser una persona lo suficientemente horrible como para que no quieran verme o hablarme, y no hay nadie que me conozca mucho que pueda decir lo contrario. O que yo juzgue que es la indicada. No importa. No tiene sentido. Hubo alguien que pudo decirme que no vale la pena intentarlo conmigo. Pero no hubo nadie que diga lo contrario. Si hubiera, seguramente yo la alejaría. Da igual. Al final, es como suele terminar todo, pero me di cuenta tarde de que eso pasa prácticamente desde que tengo memoria, y los amigos que tengo son otro milagro. A todos ellos, los que están y los que se escaparon, les diría que los amo.
Yo no me olvidé, todavía.
No vale el hecho de ignorar todo lo que realmente pienso sobre mí. No vale tener esa sensación de total soledad y aceptarla por completo, como si en realidad tuviera que ser así. Como si hubiera tenido que ser así desde el principio. La gente se acerca hasta cierto punto, pero no pueden llegar más allá de eso, simplemente porque yo lo impido. Y si llegan a cruzar ese límite, igual los espanto. Bueno, en realidad mi experiencia me dice eso, pero nunca fui muy amiga del completo empirismo, así que creo que lo que me mantiene acá todavía es el hecho de que pienso que se puede dar una excepción en algún momento. Me siento ridícula pensándolo así, pero soñar ese tipo de cosas optimistas no tiene nada de malo.
Si bien físicamente no estoy sola, el problema no pasa por ahí. Siento un vacío lo suficientemente grande como para no poder dormir y estar acá escribiendo esto, por ejemplo. Porque es a la noche cuando más miedo tengo. Siento que todo ese estante de libros que tengo encima se me va a venir encima en cualquier momento, mientras pienso en todas las personas que pasaron y se fueron de mi vida en tan poco tiempo. De todas esas, no quise retener a tantas, y aún así, fallé. Y si fallé, lamentablemente es porque ya no puedo cambiar lo que sea que yo haga mal. Dios, de verdad me gustaría tratar de hacer las cosas de una forma diferente, si alguien me dijera qué es, tal vez serviría. No hace mucho alguien con quien no hablaba hacía años (literal), me dijo que "se acordó de mí y se preguntaba cómo estaría". ¿SABEN QUÉ? LOS MILAGROS EXISTEN. Claro que no duró mucho, pero esas cosas no pasan. No pasan porque una vez que terminaste con alguien, ya está, la gente no quiere volver. Y mucho menos conmigo. Pareciera como si siempre fuera algo que yo no voy a entender y entonces es mejor dejarlo ahí y empezar a olvidar. A la vez, yo misma los empujo y alejo, tal vez porque tengo caprichos que nadie es capaz de satisfacer, o tal vez NO SÉ.
No me sirve ser talentosa en algo, no me sirve ser ni muy inteligente ni muy nada si lo único que hago es mantenerme encerrada en la misma mierda de siempre. Recreando una situación algo metafórica, me veo a mí misma encerrada en esa jaula, mirándolos a todos desde ese lugar, y aceptando esa maldita situación. Como si no hubiera otra manera de ser. A veces alguien me da la mano por entre las rejas, pero cuando ese alguien quiere, me suelta porque no hay manera de sacarme estirando. Si pudiera encontrar la llave, si YO pudiera encontrarla, entonces saldría a jugar con todos ellos. Pero ahora ni siquiera sé si quiero, porque las personas que me dieron la mano en algún momento, ya no están ahí esperándome. Y me da miedo, tengo tanto miedo de darle la mano a alguien más y que me suelte otra vez... Si la gente puede vivir sin mí, prefiero quedarme ahí, y ahorrarnos problemas a ambos.
Puedo aguantar que sea de noche y esté oscuro, puedo aguantar eso de pasar mis tardes atrapada entre las páginas de un libro porque ese mundo ficticio es mejor que el mío; puedo aguantar que esas cosas que imagino sean mi realidad porque eso me hace reír o llorar de una forma diferente. Tal vez no ría con felicidad, pero tampoco lloro con dolor. Puedo aguantar todo eso si es lo que los demás quieren porque la verdad es que me cansé, me cansé mucho de tratar de hacer cosas para cambiar. No logro nada, las cosas que me pasaron últimamente me dicen que claramente NO logro nada y que no vale la pena intentarlo. Puedo ser mi propia mejor amiga o mi propia persona con la que comparto más cosas, y ojala nunca me canse porque ya no sé de qué otra forma hacerlo.
Y es una mierda porque bueno, la verdad es que me gustaría ahora terminar de escribir éstas estupideces y que alguien venga a golpearme y decirme que no es así, que valgo la pena, que vale la pena tratar de tener una amistad conmigo porque yo soy alguien. Me detesto por ser una persona lo suficientemente horrible como para que no quieran verme o hablarme, y no hay nadie que me conozca mucho que pueda decir lo contrario. O que yo juzgue que es la indicada. No importa. No tiene sentido. Hubo alguien que pudo decirme que no vale la pena intentarlo conmigo. Pero no hubo nadie que diga lo contrario. Si hubiera, seguramente yo la alejaría. Da igual. Al final, es como suele terminar todo, pero me di cuenta tarde de que eso pasa prácticamente desde que tengo memoria, y los amigos que tengo son otro milagro. A todos ellos, los que están y los que se escaparon, les diría que los amo.
Yo no me olvidé, todavía.
25 ene 2013
Remember, whatever
Tal vez ese sueño me hablaba de necesidad, de una necesidad que tengo desde hace tanto tiempo y que nadie parece poder satisfacer. En ese sueño, sentía que mi pecho latía con fuerza, como si riera... o como si llorara. Y me encontraba a mí, infinitamente pequeña en un barrio tan grande, tan lleno de gente, y a la vez, estaba tan sola.
No se me ocurrió nada mejor que salir a la vereda, cuando pasabas en una bicicleta, y pensé (o pensé que pensé) que por tu mirada sabía que podía volver a empezar. "Volver a empezar", y apenas se me ocurrió esto, me vi a mí a la edad de trece años, con varios años más menos y todo dispuesto para volver a empezar.
Así que corrí, y por un momento me sentí como Susan Delgado. Sentí que corría, que estaba asustada, muy asustada, y entonces, corrí más fuerte y me puse a cantar. Habría llorado si hubiera podido, pero no lo iba a permitir, porque sabía que andabas por ahí, y no habría de mostrar mis debilidades ante un ser tan terco y más pequeño que yo. Pequeño de alma y de fuerza. O tal vez no. Ya ni siquiera estaba segura de las cosas que ignoraba y las que sabía. Por un momento, hasta creí sostener una pollera larga con mis manos, pero no era así.
Y cuando crucé la calle, esquivando un auto y un par de personas, volví a caer en que yo no era Susan, y principalmente, en que te habías acercado a correr a mi lado. Lo vi por el rabillo del ojo y lo confirmé cuando giré mi cabeza y ahí estabas, casi diciéndome "hey, te juego una carrera hasta donde sea que vayas", porque eso es lo que hacen un par de niños en un barrio tan humilde.
¿Qué significaba todo eso? Corrí más rápido, casi rogando mentalmente que me dejes en paz porque estaba dispuesta a escapar si seguías persiguiéndome, pero me di cuenta de que ya no quería que me dejes en paz. Porque yo también te había dejado en paz, y no fue bueno, y ahora tenía muchos años menos, entonces tenía más tiempo. Tenía más años de mi vida, los suficientes como para aprender lo que no había aprendido nunca, ¿y después? Bueno, no era necesario imaginar nada más.
Llegué por fin (esa única cuadra se me hizo interminable), y alquilamos una película cada uno. Nadie hablaba, o al menos, nadie decía cosas innecesarias. Lo hecho, hecho estaba, y ya no importaba porque habíamos retrocedido el tiempo. No lo ignoramos, lo olvidamos. Así que podía sonreír de verdad, mirarte y sonreír. Me veía envuelta de una felicidad inocente, de una alegría que me permitía cantar otra vez.
Y así me fui. Corriendo, como vine, y cantando. Sola, contenta de tener de vuelta mi pequeño mundo simple. Y de que puedas formar parte de ese pequeño mundo sin hacerme daño.
Es una atrocidad. Debería ser un crimen no poder cantar las canciones de nuestra banda favorita simplemente porque duele. Debería resultar empalagoso mirar durante tanto tiempo la luna, que siempre persigue a los mejores amigos durante las noches más felices y, por lo tanto, tiene tantas buenas historias que contar. Debería estar prohibido poner una hamaca en una plaza sin poner otra al lado, y deberían quemarse las cámaras que sacan las mejores fotos en los momentos indicados.
No debería existir nada de eso. No deberían existir las cosas tan hermosas que hacen que recordar sea tan adictivo.
No se me ocurrió nada mejor que salir a la vereda, cuando pasabas en una bicicleta, y pensé (o pensé que pensé) que por tu mirada sabía que podía volver a empezar. "Volver a empezar", y apenas se me ocurrió esto, me vi a mí a la edad de trece años, con varios años más menos y todo dispuesto para volver a empezar.
Así que corrí, y por un momento me sentí como Susan Delgado. Sentí que corría, que estaba asustada, muy asustada, y entonces, corrí más fuerte y me puse a cantar. Habría llorado si hubiera podido, pero no lo iba a permitir, porque sabía que andabas por ahí, y no habría de mostrar mis debilidades ante un ser tan terco y más pequeño que yo. Pequeño de alma y de fuerza. O tal vez no. Ya ni siquiera estaba segura de las cosas que ignoraba y las que sabía. Por un momento, hasta creí sostener una pollera larga con mis manos, pero no era así.
Y cuando crucé la calle, esquivando un auto y un par de personas, volví a caer en que yo no era Susan, y principalmente, en que te habías acercado a correr a mi lado. Lo vi por el rabillo del ojo y lo confirmé cuando giré mi cabeza y ahí estabas, casi diciéndome "hey, te juego una carrera hasta donde sea que vayas", porque eso es lo que hacen un par de niños en un barrio tan humilde.
¿Qué significaba todo eso? Corrí más rápido, casi rogando mentalmente que me dejes en paz porque estaba dispuesta a escapar si seguías persiguiéndome, pero me di cuenta de que ya no quería que me dejes en paz. Porque yo también te había dejado en paz, y no fue bueno, y ahora tenía muchos años menos, entonces tenía más tiempo. Tenía más años de mi vida, los suficientes como para aprender lo que no había aprendido nunca, ¿y después? Bueno, no era necesario imaginar nada más.
Llegué por fin (esa única cuadra se me hizo interminable), y alquilamos una película cada uno. Nadie hablaba, o al menos, nadie decía cosas innecesarias. Lo hecho, hecho estaba, y ya no importaba porque habíamos retrocedido el tiempo. No lo ignoramos, lo olvidamos. Así que podía sonreír de verdad, mirarte y sonreír. Me veía envuelta de una felicidad inocente, de una alegría que me permitía cantar otra vez.
Y así me fui. Corriendo, como vine, y cantando. Sola, contenta de tener de vuelta mi pequeño mundo simple. Y de que puedas formar parte de ese pequeño mundo sin hacerme daño.
Es una atrocidad. Debería ser un crimen no poder cantar las canciones de nuestra banda favorita simplemente porque duele. Debería resultar empalagoso mirar durante tanto tiempo la luna, que siempre persigue a los mejores amigos durante las noches más felices y, por lo tanto, tiene tantas buenas historias que contar. Debería estar prohibido poner una hamaca en una plaza sin poner otra al lado, y deberían quemarse las cámaras que sacan las mejores fotos en los momentos indicados.
No debería existir nada de eso. No deberían existir las cosas tan hermosas que hacen que recordar sea tan adictivo.
24 ene 2013
Rosa
Estoy pasando por el desesperante momento en el que estás ya casi seguro de que vas a cometer una estupidez, tal vez de las más grandes de tu vida, pero a la vez no sabés cómo hacer para que no pase.
O tal vez sí sé, pero estoy tan lastimada que tal vez un poco más de dolor no cambie nada, es lo mismo, porque lo que tendría que haber evitado, ya es muy tarde para pensarlo, así que seguramente siga sintiéndome así siempre, y en realidad no se trate de lo que vaya a pasar ahora porque, al fin y al cabo, sea lo que sea, pase lo que pase, siempre va a provocar el mismo dolor y la misma sensación.
La misma sensación de que lo perdí, o mejor dicho, de que yo me perdí. De que es difícil encontrarme de nuevo y a la vez, de que no voy a recuperar lo que más quise alguna vez. La gente puede vivir así, yo también puedo vivir así e incluso muy pronto llegar a olvidarme de esto, a olvidarme de la existencia de toda persona que no viera desde hace dos meses o incluso menos.
Tal vez me olvide, como sé de todos los demás que ya se olvidaron, y de los que ya se van a olvadar de mí, esos a los cuales podría sonarles conocido mi nombre, pero en realidad, no tienen idea de quién soy ahora.
El hecho es, como escribió el señor King que:
"Y ahora, al cabo de tantos años, le parecía que el hecho más horrible de la existencia humana era que los corazones rotos acababan sanando."
O tal vez sí sé, pero estoy tan lastimada que tal vez un poco más de dolor no cambie nada, es lo mismo, porque lo que tendría que haber evitado, ya es muy tarde para pensarlo, así que seguramente siga sintiéndome así siempre, y en realidad no se trate de lo que vaya a pasar ahora porque, al fin y al cabo, sea lo que sea, pase lo que pase, siempre va a provocar el mismo dolor y la misma sensación.
La misma sensación de que lo perdí, o mejor dicho, de que yo me perdí. De que es difícil encontrarme de nuevo y a la vez, de que no voy a recuperar lo que más quise alguna vez. La gente puede vivir así, yo también puedo vivir así e incluso muy pronto llegar a olvidarme de esto, a olvidarme de la existencia de toda persona que no viera desde hace dos meses o incluso menos.
Tal vez me olvide, como sé de todos los demás que ya se olvidaron, y de los que ya se van a olvadar de mí, esos a los cuales podría sonarles conocido mi nombre, pero en realidad, no tienen idea de quién soy ahora.
El hecho es, como escribió el señor King que:
"Y ahora, al cabo de tantos años, le parecía que el hecho más horrible de la existencia humana era que los corazones rotos acababan sanando."
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