Welcome to Paradise

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10 ene. 2014

Carolina

Hoy fue un día que seguramente más adelante, en meses o tal vez años recuerde como uno de los que más me marcó en la vida. No fue alegre, pero tampoco pesó tanto como creí que iba a pesar. Ahora escribo para grabarlo y para no olvidarlo, porque Carolina no es alguien que desee olvidar. Ahora vive en mi corazón, feliz, espero que también en paz.
Creo que ayer pesó más que hoy, de hecho. Ya no sabía qué hacer. Ninguno de nosotros sabía qué hacer. Mi gata luchó contra su enfermedad todo el último año. Bien sabemos nosotras que luchamos con ella. No sé qué pensarán los demás sobre cómo estuvimos cuidándola, si creerán que fue lo correcto o no, en todo este tiempo recibimos bastantes comentarios. Para mí, hicimos lo que teníamos que hacer, y sigo convencida de eso. Seguramente el esfuerzo que hicimos fue más por nosotras mismas que por ella, no voy a negar el pequeño toque de egoísmo que caracteriza a todo ser humano. No creo poder hablar por mis hermanas y por mi madre ahora, ellas deben tener sus propios pensamientos respecto al tema, pero en cuanto a mí, creo que además lo hice porque quería regalarle vida, la vida que todas las personas tratan de cuidar, yo quería cuidársela a ella también, y principalmente porque la amaba.
Cada uno de los seres en ésta casa, humano, perro o gato, ocupa un lugar fundamental. El vacío que quedaría si no estuviéramos alguno de nosotros sería enorme. Caro dejó su lugar, pero antes de irse lo llenó con todo el amor que nos entregó a nosotras tres. Nuestra mamá gato. Y así es como quiero recordarla. Como la bola de pelos que era, blanca, como espuma, con esos ojos grandes y su maullido tierno. Nos consoló a todas cuando alguna vez lloramos, se bancó que juguemos con ella, que la disfracemos, que nos quedemos dormidas abrazándola (aplastándola), anduvo atrás nuestro y nos cuidó como pudo, como su instinto se lo permitía. Me quedo con eso porque fue lo más puro que me pudo dar. Espero haber estado lo suficiente para ella también.
Hablar de sus últimas horas es algo que no quiero hacer con nadie. Fue la decisión más difícil de nuestras vidas, y por mi parte, casi ni fue una decisión, porque era así como tenía que ser. Traicioné mis propios principios porque al final no estoy segura de cuánto sirven, ni de cuánto sirve mi orgullo. Sólo sé que en ese momento había una verdad, y era que Carolina me había dado todo, y yo tampoco tenía más para darle. Así que le agradecí, la besé mucho más, le prometí que siempre la iba a querer y que nunca la iba a olvidar, ella ronroneó un poco, y después la dejé ir. La frase "descansa en paz" jamás tuvo tanto sentido como ahora.
Cuando volvimos a casa, la despedimos todas. Lloramos, pero después ya no quise llorar más. No sabía cómo decírselo a mis hermanas y a mi vieja, pero creo que de alguna forma me entendieron porque más tarde almorzamos y pudimos empezar de a poco a hablar de ella y a pensar en todo lo que fue Caro. Cuando recién llegó, llena de pulgas y garrapatas, wácala, cuando creció (que era mala como es era Pitu, y le mordía los pies a Jimena), cuando tuvo bebés, cuando la disfrazábamos, cuando una vez perdió un diente por jugar conmigo (:S)... Y cuando nos dimos cuenta, estábamos riéndonos por todas esas cosas hermosas que pasamos con ella. Ahora estoy volviendo a llorar, un poco, porque todavía no me duele tanto extrañarla. Pero cada vez que me duela voy a pensar en eso, en esas cosas que ya quedaron grabadas. En Cora, Caro, Cori, Caroline, Carolina, que pasó un rato por acá y ahora continuó su camino, para siempre. En Caro, que ahora es eterna.