Welcome to Paradise
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Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!
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Mostrando entradas con la etiqueta Roshambo. Mostrar todas las entradas
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14 jun 2014
On the other side...
Lo triste no es que el individuo sepa que nadie lo espera del otro lado, sino que el hecho de que nadie lo espere es frustrante porque él siempre estuvo esperando a alguien más.
21 ago 2013
Sun
Siento que estoy en verano nuevamente. Este momento de mi vida es verano.
Desde que tuve dieciséis años en adelante, siento que cada etapa de mi vida fue una estación diferente. Sin importar el clima, cuando tenía esa edad, vivía constantemente en verano. Un verano caluroso, movido, divertido. Mi vida era tan colorida y alegre, tan llena de brisas cálidas, que me arrastraban despreocupadas por todos los lugares que vi, que visité. Me aferraba al valor de una amistad que defendía con uñas y dientes, porque me sentía viva, sentía el sol deslumbrarme cada vez que salía y no recuerdo nunca haber bajado la cabeza. No sé si todo esto era exactamente bueno. No había un equilibrio entre lo bueno y lo malo, o mejor dicho, entre lo que yo sentía bueno o malo. Porque de hecho, pasaron cosas malas, cosas horribles, pero me sentía tan agresiva e inquieta que tal vez a lo malo prefería escupirlo y hacerle "fuck you" desde lejos. El verano interminable, que duró desde que tuve dieciséis hasta que tuve casi dieciocho años, fue una etapa de, bueno, sí, rebeldía (aunque no me cae bien esa palabra usada en mí), o mejor dicho, arrogancia. Ahora siempre es viernes, cantaba, y con razón. Mi vida echaba fuego.
Después de eso, como el orden de la naturaleza lo indica, vino el otoño. Que empezó también en el otoño en el que cumplí la mayoría de edad. Fue una etapa que reconozco más corta y de cambios bruscos que, si lo pienso ahora, tal vez no fueron tan reflexivos. Al calificar mi vida desde hace cinco años hasta ahora, trato de calificarla de alguna forma en la que se entienda lo que pasaba por mi mente, y cómo es que todo eso hacía reaccionar a mi cuerpo. No sé para qué o para quién, creo que para mí misma. Últimamente, todo lo que hago lo hago para mí misma. Y no pasaba lo mismo entonces; recién en ese otoño empecé a cuestionar los grandes pilares de mi ideología, forma de pensar, como quiera usted lector llamarle. Pilares que yo misma había creado, y que pensaba (de ahí la "arrogancia") que iba a mantener para siempre. Al comenzar a meterme en situaciones que cuestionaban todo lo que yo había defendido alguna vez sobre la vida, empecé a pensar en que una lucha a nivel interno se estaba por desatar en cualquier momento. Comenzaba a sentir frío. El sol me abandonaba. No estaba equivocada, pero en ese momento preferí no darle importancia para nada. Tal vez porque no pensaba cambiar, o en realidad, porque una de las estupideces en las que creía antes, era que nada podía derribarme a nivel emocional. Me creía capaz de superar cosas que tal vez no eran ni tan simples ni tan conocidas para mí. Ahora pienso que todos cometemos ese error, y no sólo una vez, sino todo el tiempo.
Así que el invierno fue cruel, violento, más violento que mi verano. Lo único que podía hacer era acurrucarme en un rincón, con la mente helada, siento castigada por pensamientos más helados que yo misma. Me sentí joven y estúpida, y a la vez grande y cansada. Muy joven y estúpida porque no tenía ni veinte años y ya deseaba estar llegando a mis últimos días de vida. Y constantemente pensaba (incluso ahora) que la chica de dieciséis años no habría entendido por qué su vida estaba destinada a ser así. Por qué de repente era tan difícil hacerle "fuck you" a los malos pensamientos. Era algo tan impropio de mí, tan extraño, tan débil que tal vez todavía me cuesta entenderlo, y a otras personas también les costó (o no lo entendieron ni trataron). El porqué de ese bajón es largo e interminable de explicar, literalmente hablando. Si lo pienso, todavía se me ocurren más y más cosas que puede encerrar mi inconciente, esas cosas que libera sólo para que se produzcan crisis como esa. Detesto esa sensación, de estar encerrada todo el día, constantemente, de sentir que mi piel se aclara; de que tengo ganas de estar acostada abrazando a mi P-chan, sin salir a ver a nadie, ni que venga a verme nadie. El frío es insoportable. Odio el invierno, y ahora lo dejo atrás. La primavera fue extremadamente corta, y confusa. A veces parecía que llovía sólo encima de mi cabeza mientras todos los demás cortaban flores y andaban en bicicleta. Y a veces era todo lo contrario. La primavera es agradable si uno sale de un invierno agradable.
Hoy, cuando salí de mi casa, miré el cielo despejado, celeste y brillante y pensé: "Ya estoy en verano otra vez". No es un verano agresivo, sino un verano de diversión y casi optimismo. Tal vez siga siendo arrogante, pero al menos ahora también me siento con confianza por lo que puede venir. Sé que a lo largo de mi vida, viva el tiempo que viva, voy a volver a caer en etapas otoñales, de invierno y primavera. Y pienso que aún estoy nuevo, aún tengo tiempo de más. Cada vez que se nuble el cielo, voy a tratar de pensar en eso. Que siempre es viernes, y en el cielo, todavía el sol dice que es verano.
Desde que tuve dieciséis años en adelante, siento que cada etapa de mi vida fue una estación diferente. Sin importar el clima, cuando tenía esa edad, vivía constantemente en verano. Un verano caluroso, movido, divertido. Mi vida era tan colorida y alegre, tan llena de brisas cálidas, que me arrastraban despreocupadas por todos los lugares que vi, que visité. Me aferraba al valor de una amistad que defendía con uñas y dientes, porque me sentía viva, sentía el sol deslumbrarme cada vez que salía y no recuerdo nunca haber bajado la cabeza. No sé si todo esto era exactamente bueno. No había un equilibrio entre lo bueno y lo malo, o mejor dicho, entre lo que yo sentía bueno o malo. Porque de hecho, pasaron cosas malas, cosas horribles, pero me sentía tan agresiva e inquieta que tal vez a lo malo prefería escupirlo y hacerle "fuck you" desde lejos. El verano interminable, que duró desde que tuve dieciséis hasta que tuve casi dieciocho años, fue una etapa de, bueno, sí, rebeldía (aunque no me cae bien esa palabra usada en mí), o mejor dicho, arrogancia. Ahora siempre es viernes, cantaba, y con razón. Mi vida echaba fuego.
Después de eso, como el orden de la naturaleza lo indica, vino el otoño. Que empezó también en el otoño en el que cumplí la mayoría de edad. Fue una etapa que reconozco más corta y de cambios bruscos que, si lo pienso ahora, tal vez no fueron tan reflexivos. Al calificar mi vida desde hace cinco años hasta ahora, trato de calificarla de alguna forma en la que se entienda lo que pasaba por mi mente, y cómo es que todo eso hacía reaccionar a mi cuerpo. No sé para qué o para quién, creo que para mí misma. Últimamente, todo lo que hago lo hago para mí misma. Y no pasaba lo mismo entonces; recién en ese otoño empecé a cuestionar los grandes pilares de mi ideología, forma de pensar, como quiera usted lector llamarle. Pilares que yo misma había creado, y que pensaba (de ahí la "arrogancia") que iba a mantener para siempre. Al comenzar a meterme en situaciones que cuestionaban todo lo que yo había defendido alguna vez sobre la vida, empecé a pensar en que una lucha a nivel interno se estaba por desatar en cualquier momento. Comenzaba a sentir frío. El sol me abandonaba. No estaba equivocada, pero en ese momento preferí no darle importancia para nada. Tal vez porque no pensaba cambiar, o en realidad, porque una de las estupideces en las que creía antes, era que nada podía derribarme a nivel emocional. Me creía capaz de superar cosas que tal vez no eran ni tan simples ni tan conocidas para mí. Ahora pienso que todos cometemos ese error, y no sólo una vez, sino todo el tiempo.
Así que el invierno fue cruel, violento, más violento que mi verano. Lo único que podía hacer era acurrucarme en un rincón, con la mente helada, siento castigada por pensamientos más helados que yo misma. Me sentí joven y estúpida, y a la vez grande y cansada. Muy joven y estúpida porque no tenía ni veinte años y ya deseaba estar llegando a mis últimos días de vida. Y constantemente pensaba (incluso ahora) que la chica de dieciséis años no habría entendido por qué su vida estaba destinada a ser así. Por qué de repente era tan difícil hacerle "fuck you" a los malos pensamientos. Era algo tan impropio de mí, tan extraño, tan débil que tal vez todavía me cuesta entenderlo, y a otras personas también les costó (o no lo entendieron ni trataron). El porqué de ese bajón es largo e interminable de explicar, literalmente hablando. Si lo pienso, todavía se me ocurren más y más cosas que puede encerrar mi inconciente, esas cosas que libera sólo para que se produzcan crisis como esa. Detesto esa sensación, de estar encerrada todo el día, constantemente, de sentir que mi piel se aclara; de que tengo ganas de estar acostada abrazando a mi P-chan, sin salir a ver a nadie, ni que venga a verme nadie. El frío es insoportable. Odio el invierno, y ahora lo dejo atrás. La primavera fue extremadamente corta, y confusa. A veces parecía que llovía sólo encima de mi cabeza mientras todos los demás cortaban flores y andaban en bicicleta. Y a veces era todo lo contrario. La primavera es agradable si uno sale de un invierno agradable.
Hoy, cuando salí de mi casa, miré el cielo despejado, celeste y brillante y pensé: "Ya estoy en verano otra vez". No es un verano agresivo, sino un verano de diversión y casi optimismo. Tal vez siga siendo arrogante, pero al menos ahora también me siento con confianza por lo que puede venir. Sé que a lo largo de mi vida, viva el tiempo que viva, voy a volver a caer en etapas otoñales, de invierno y primavera. Y pienso que aún estoy nuevo, aún tengo tiempo de más. Cada vez que se nuble el cielo, voy a tratar de pensar en eso. Que siempre es viernes, y en el cielo, todavía el sol dice que es verano.
11 jul 2013
Paul Cuenta un Secreto
Un húmedo y frío día de invierno
en Buenos Aires, Luna salió a la calle envuelta en su abrigo y su bufanda,
recibiendo el viento fuerte en la cara, tratando de no dejarse vencer por él.
Era un punto pequeño, rojo y encorvado que atravesaba la ciudad con
inexplicable prisa. No le ponía de mal humor el hecho de que bien podría estar
en su casa, tibia al lado de la estufa, rodeada de música y perfume a café. De
hecho, ni siquiera se cruzaban esas ideas por su cabeza.
En su mano todavía sostenía el
celular, y en esa pantalla todavía estaba el mensaje de Paul: “Vení rápido, por
favor.” El aparato sonó otra vez, asustándola. Y luego, el alivio: “No te
preocupes, estoy bien, pero igual necesito que vengas.” Casi soltó un suspiro,
pero no se permitió el segundo necesario para hacerlo. De todas formas, tendría
que haber sabido que nada podía ser tan grave. Es decir, él sí se mostraba raro
esos días; ella pocas veces podía descifrar lo que querían decir sus actitudes,
sus miradas, o incluso las cosas que decía, pero no parecía algo terriblemente
malo. Sí, así era. Trató de convencerse de que así era, al menos.
La verdad era que a veces no
tenía idea lo que Paul podría llegar a ser.
Vivían a unas cuadras, así que en
muy poco tiempo estuvo ante su puerta. Siempre se sentía increíblemente pequeña
ante ella, ante esa casa gigante que parecía que podía venírsele encima. Que la
devoraba cada vez que entraba. Y sin que tocara el timbre, la puerta se abrió.
Lo que vio casi la hizo sonreír: Paul estaba envuelto hasta la cabeza por una
frazada azul, en medias, despeinado y más ojeroso que nunca. No sabía si reír o
llorar, literalmente. En lugar de eso, se acercó y después de acariciarlo, le
dio un pequeño beso en los labios. Se olvidó del tamaño de la casa y del tamaño
del mundo.
8 jul 2013
Conclusión número 23.
Los amigos no existen.
Sólo existen esas personas que están al lado tuyo cuando, sin darte cuenta, llegaste al final de tu vida y ves que están parados ahí, diciéndote que te van a recordar y que te quisieron. Compañeros. ¿Para qué es necesario que exista una clasificación si hay personas que no sabemos qué relación tienen con nosotros, pero que nos hacen sentir vivos y completos?
Los amigos no existen, los hermanos tampoco y la familia es un invento. Si existen, seguramente son como dioses: Nunca te vas a dar cuenta que son reales hasta que pasás al otro lado.
Sólo existen esas personas que están al lado tuyo cuando, sin darte cuenta, llegaste al final de tu vida y ves que están parados ahí, diciéndote que te van a recordar y que te quisieron. Compañeros. ¿Para qué es necesario que exista una clasificación si hay personas que no sabemos qué relación tienen con nosotros, pero que nos hacen sentir vivos y completos?
Los amigos no existen, los hermanos tampoco y la familia es un invento. Si existen, seguramente son como dioses: Nunca te vas a dar cuenta que son reales hasta que pasás al otro lado.
28 may 2013
Sobre tener veinte
"... Todavía pienso que es una edad bastante buena (los diecinueve años). Quizá la mejor edad. Tal vez bailes rock and roll durante toda la noche, pero cuando la música acaba y la cerveza termina, puedes pensar. Y soñar grandes sueños. El citado chico de la patrulla te pone finalmente en tu sitio, y si comienza con poca cosa, vaya, pues no quedará casi nada excepto el dobladillo de los pantalones cuando haya acabado contigo. "¡Búscate un sueño!", te grita mientras da un paso al frente con su libreta de infracciones en la mano. No es tan malo tener un poco de arrogancia (o incluso mucha), aunque tu madre indudablemente te diría todo lo contrario. La mía lo hacía. "Al que escupe al cielo en la cara le cae, Stephen", decía ella... y luego descubrí -cuando mi edad rondaba los 19x2- que al final te cae encima de todos modos. O te escupen por otro lado. A los diecinueve años pueden pedirte el documento de identidad en los bares y decirte que te largues, pueden ponerte de patitas en la calle, pero, por Dios, no te pueden pedir la documentación cuando te sientas a pintar un cuadro, escribir un poema o contar una historia; si lees esto y eres muy joven, no permitas que los mayores te digan otra cosa. Seguramente no has estado nunca en París. No, nunca corriste delante de los toros en Pamplona. Sí, eres un jovencito al que le empezó a crecer la barba hace tres años, ¿y qué pasa? Si no comienzas a ser lo suficientemente grande para tener los pantalones largos, ¿cómo podrás llenarlos cuando crezcas? Pisa el acelerador a pesar de todo lo que la gente te diga, esa es mi idea; siéntate y fúmate eso, nene."
Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más), Stephen King.
Mi relación con mis propios cumpleaños (o tal vez con los cumpleaños en general) es algo contradictoria tanto para mí como para los demás. Por un lado, está la sensación de rechazo que me genera el hecho de que toda persona que conozcas te recuerde que bueno, ya pasaste un año más en este mundo y que estás terminando una etapa o próximo a terminarla. Pienso que de alguna forma, todos rechazamos esa "antigüedad", ya sea porque queremos quedarnos atrapados en algún momento de la vida, o porque hicimos que termine rápido y ese tiempo no vuelve. De cualquier forma, a todos se les cruzó la idea alguna vez, y conozco gente de la edad de mi madre que siguen luchando contra eso, como si no se resignaran nunca a que los cuerpos de todos son descartables para el mundo. Si a mí no me agrada cumplir años es simplemente porque no rechazo ni festejo la idea de ser más vieja. Como dijo alguien, "igualmente, todos nos vamos a morir", y es verdad. No es una conclusión amarga, sino todo lo contrario. Olvidarse de que existe una cuenta que todos los años te dice que tenés "un año menos", debería motivarnos a sentir cada vez más. Creo que hasta el día de hoy, las personas que amé y amo saben sobre mis sentimientos, que los que odio también lo saben, y a los que no amo ni odio les puedo decir que todavía nos queda mucho tiempo como para que pasen a ser algo en mi vida. Ese es el otro lado de mi relación con los cumpleaños; el lado de aceptación que dice que todo puede pasar, que a partir de ahora puede llegar algo que dé vuelta la mesa de repente. Eso también ES VERDAD.
Si hay algo que aprendí a la edad de los diecinueve años, es que toda esa cita es verdad. Sigo metida en esa época de arrogancia y orgullo, tengo claros ejemplos de mis ambiciones a corto y a largo plazo. Pero a la vez, empezaron a atajarme ciertas cosas, me hicieron caer y una vez que pasó, con los pies firmes sobre la tierra, pensé que bueno, acababa de tener una explosión emocional interna completamente nueva. Estuve metida en eso todo el año pasado, y tal vez el anterior. Si ahora viera a mi yo de diecisiete años, la abrazaría y tal vez me pondría a llorar, y ella seguramente no entendería qué corno pudo haberme transformado en alguien que llora porque sí. No creo ser más débil que a los diecisiete, ni tampoco más fuerte, pero conocí una parte de mí que había esperado el momento indicado para salir. Una parte mucho más emocional que se agarró de los pelos con la Celes racional y organizada de siempre, y ahora creo que ninguna de las dos partes ganó. Se hicieron una, al menos por ahora, hasta que vuelvan a querer matarse en algún otro momento. Hasta entonces, espero.
Por esa batalla, perdí muchas cosas, y también gané otras. Puedo decir que ahora no entro a mis clases mirando adelante y pensando "no hables con nadie, no seas amable con nadie, no escuches a nadie, no te relaciones con nadie". Y bueno, es un progreso. Pero a la vez, por haber pensado de ésa ridícula forma en algún momento, perdí otras cosas. Gente, en realidad. El primer ejemplo de comportamiento estúpido que se me ocurre es el no haber saludado a ciertas personas en sus propios cumpleaños, por más de que tal vez no eran personas con las que seguía hablando. Es decir, eran personas de las cuales me acordé, y por pensar que YO no valía la pena, les había negado un saludo, cuando siempre pensé que en realidad, por más de que los cumpleaños no son mis prioridades, si alguien significó algo para vos y te acordaste, está bueno decírselo. No tiene nada de extraño o desubicado. Después la vida sigue. Vos seguís, y tal vez no vuelvas a hablar con esa amiga de primaria a la que le dijiste "felices diecinueve", porque no tenés ganas o ella no tuvo ganas, ¿pero qué importa? Cuando uno empieza a ponerse viejo, se apresura por no perder oportunidades... Además de empezar a hablar en tercera persona refiriéndose a sí mismo como "uno" (chiste malo).
Hoy creo que el balance que encontré en los últimos meses es fundamental para seguir viviendo. No puedo decirle a Celes emocional que no llore sólo para demostrar firmeza, y Celes racional tiene que entender que a veces tampoco está mal llegar a tu casa y tirarte en la cama a llorar como si tu perro se hubiera muerto. Encontrar un equilibrio es difícil, más si estás saliendo de los diecinueve años y todavía seguís cargado de sueños, imaginación y hormonas... Bueno, no sé porqué dije "hormonas", tiene que ver, LO JURO. No festejo este cumpleaños como cualquier otro. Este año en sí es diferente porque en algún momento cerré una etapa, y tal vez me di cuenta de eso la semana pasada, cuando caminaba cuadras muy largas y pensé "¿qué me lleva a cantar mientras camino como si nada hubiera pasado cuando acaba de pasar TODO?". Puedo decir que soy fuerte otra vez, y que al menos la próxima vez que se desate una batalla en mi cabeza, voy a estar preparada. Incluso estoy resignada a que va a volver a pasarme, una y otra, y otra, y otra vez. Por ahora, piso el acelerador, y mundo, ven a mí.
Sobre tener diecinueve (y algunas cosas más), Stephen King.
Mi relación con mis propios cumpleaños (o tal vez con los cumpleaños en general) es algo contradictoria tanto para mí como para los demás. Por un lado, está la sensación de rechazo que me genera el hecho de que toda persona que conozcas te recuerde que bueno, ya pasaste un año más en este mundo y que estás terminando una etapa o próximo a terminarla. Pienso que de alguna forma, todos rechazamos esa "antigüedad", ya sea porque queremos quedarnos atrapados en algún momento de la vida, o porque hicimos que termine rápido y ese tiempo no vuelve. De cualquier forma, a todos se les cruzó la idea alguna vez, y conozco gente de la edad de mi madre que siguen luchando contra eso, como si no se resignaran nunca a que los cuerpos de todos son descartables para el mundo. Si a mí no me agrada cumplir años es simplemente porque no rechazo ni festejo la idea de ser más vieja. Como dijo alguien, "igualmente, todos nos vamos a morir", y es verdad. No es una conclusión amarga, sino todo lo contrario. Olvidarse de que existe una cuenta que todos los años te dice que tenés "un año menos", debería motivarnos a sentir cada vez más. Creo que hasta el día de hoy, las personas que amé y amo saben sobre mis sentimientos, que los que odio también lo saben, y a los que no amo ni odio les puedo decir que todavía nos queda mucho tiempo como para que pasen a ser algo en mi vida. Ese es el otro lado de mi relación con los cumpleaños; el lado de aceptación que dice que todo puede pasar, que a partir de ahora puede llegar algo que dé vuelta la mesa de repente. Eso también ES VERDAD.
Si hay algo que aprendí a la edad de los diecinueve años, es que toda esa cita es verdad. Sigo metida en esa época de arrogancia y orgullo, tengo claros ejemplos de mis ambiciones a corto y a largo plazo. Pero a la vez, empezaron a atajarme ciertas cosas, me hicieron caer y una vez que pasó, con los pies firmes sobre la tierra, pensé que bueno, acababa de tener una explosión emocional interna completamente nueva. Estuve metida en eso todo el año pasado, y tal vez el anterior. Si ahora viera a mi yo de diecisiete años, la abrazaría y tal vez me pondría a llorar, y ella seguramente no entendería qué corno pudo haberme transformado en alguien que llora porque sí. No creo ser más débil que a los diecisiete, ni tampoco más fuerte, pero conocí una parte de mí que había esperado el momento indicado para salir. Una parte mucho más emocional que se agarró de los pelos con la Celes racional y organizada de siempre, y ahora creo que ninguna de las dos partes ganó. Se hicieron una, al menos por ahora, hasta que vuelvan a querer matarse en algún otro momento. Hasta entonces, espero.
Por esa batalla, perdí muchas cosas, y también gané otras. Puedo decir que ahora no entro a mis clases mirando adelante y pensando "no hables con nadie, no seas amable con nadie, no escuches a nadie, no te relaciones con nadie". Y bueno, es un progreso. Pero a la vez, por haber pensado de ésa ridícula forma en algún momento, perdí otras cosas. Gente, en realidad. El primer ejemplo de comportamiento estúpido que se me ocurre es el no haber saludado a ciertas personas en sus propios cumpleaños, por más de que tal vez no eran personas con las que seguía hablando. Es decir, eran personas de las cuales me acordé, y por pensar que YO no valía la pena, les había negado un saludo, cuando siempre pensé que en realidad, por más de que los cumpleaños no son mis prioridades, si alguien significó algo para vos y te acordaste, está bueno decírselo. No tiene nada de extraño o desubicado. Después la vida sigue. Vos seguís, y tal vez no vuelvas a hablar con esa amiga de primaria a la que le dijiste "felices diecinueve", porque no tenés ganas o ella no tuvo ganas, ¿pero qué importa? Cuando uno empieza a ponerse viejo, se apresura por no perder oportunidades... Además de empezar a hablar en tercera persona refiriéndose a sí mismo como "uno" (chiste malo).
Hoy creo que el balance que encontré en los últimos meses es fundamental para seguir viviendo. No puedo decirle a Celes emocional que no llore sólo para demostrar firmeza, y Celes racional tiene que entender que a veces tampoco está mal llegar a tu casa y tirarte en la cama a llorar como si tu perro se hubiera muerto. Encontrar un equilibrio es difícil, más si estás saliendo de los diecinueve años y todavía seguís cargado de sueños, imaginación y hormonas... Bueno, no sé porqué dije "hormonas", tiene que ver, LO JURO. No festejo este cumpleaños como cualquier otro. Este año en sí es diferente porque en algún momento cerré una etapa, y tal vez me di cuenta de eso la semana pasada, cuando caminaba cuadras muy largas y pensé "¿qué me lleva a cantar mientras camino como si nada hubiera pasado cuando acaba de pasar TODO?". Puedo decir que soy fuerte otra vez, y que al menos la próxima vez que se desate una batalla en mi cabeza, voy a estar preparada. Incluso estoy resignada a que va a volver a pasarme, una y otra, y otra, y otra vez. Por ahora, piso el acelerador, y mundo, ven a mí.
25 ene 2013
Remember, whatever
Tal vez ese sueño me hablaba de necesidad, de una necesidad que tengo desde hace tanto tiempo y que nadie parece poder satisfacer. En ese sueño, sentía que mi pecho latía con fuerza, como si riera... o como si llorara. Y me encontraba a mí, infinitamente pequeña en un barrio tan grande, tan lleno de gente, y a la vez, estaba tan sola.
No se me ocurrió nada mejor que salir a la vereda, cuando pasabas en una bicicleta, y pensé (o pensé que pensé) que por tu mirada sabía que podía volver a empezar. "Volver a empezar", y apenas se me ocurrió esto, me vi a mí a la edad de trece años, con varios años más menos y todo dispuesto para volver a empezar.
Así que corrí, y por un momento me sentí como Susan Delgado. Sentí que corría, que estaba asustada, muy asustada, y entonces, corrí más fuerte y me puse a cantar. Habría llorado si hubiera podido, pero no lo iba a permitir, porque sabía que andabas por ahí, y no habría de mostrar mis debilidades ante un ser tan terco y más pequeño que yo. Pequeño de alma y de fuerza. O tal vez no. Ya ni siquiera estaba segura de las cosas que ignoraba y las que sabía. Por un momento, hasta creí sostener una pollera larga con mis manos, pero no era así.
Y cuando crucé la calle, esquivando un auto y un par de personas, volví a caer en que yo no era Susan, y principalmente, en que te habías acercado a correr a mi lado. Lo vi por el rabillo del ojo y lo confirmé cuando giré mi cabeza y ahí estabas, casi diciéndome "hey, te juego una carrera hasta donde sea que vayas", porque eso es lo que hacen un par de niños en un barrio tan humilde.
¿Qué significaba todo eso? Corrí más rápido, casi rogando mentalmente que me dejes en paz porque estaba dispuesta a escapar si seguías persiguiéndome, pero me di cuenta de que ya no quería que me dejes en paz. Porque yo también te había dejado en paz, y no fue bueno, y ahora tenía muchos años menos, entonces tenía más tiempo. Tenía más años de mi vida, los suficientes como para aprender lo que no había aprendido nunca, ¿y después? Bueno, no era necesario imaginar nada más.
Llegué por fin (esa única cuadra se me hizo interminable), y alquilamos una película cada uno. Nadie hablaba, o al menos, nadie decía cosas innecesarias. Lo hecho, hecho estaba, y ya no importaba porque habíamos retrocedido el tiempo. No lo ignoramos, lo olvidamos. Así que podía sonreír de verdad, mirarte y sonreír. Me veía envuelta de una felicidad inocente, de una alegría que me permitía cantar otra vez.
Y así me fui. Corriendo, como vine, y cantando. Sola, contenta de tener de vuelta mi pequeño mundo simple. Y de que puedas formar parte de ese pequeño mundo sin hacerme daño.
Es una atrocidad. Debería ser un crimen no poder cantar las canciones de nuestra banda favorita simplemente porque duele. Debería resultar empalagoso mirar durante tanto tiempo la luna, que siempre persigue a los mejores amigos durante las noches más felices y, por lo tanto, tiene tantas buenas historias que contar. Debería estar prohibido poner una hamaca en una plaza sin poner otra al lado, y deberían quemarse las cámaras que sacan las mejores fotos en los momentos indicados.
No debería existir nada de eso. No deberían existir las cosas tan hermosas que hacen que recordar sea tan adictivo.
No se me ocurrió nada mejor que salir a la vereda, cuando pasabas en una bicicleta, y pensé (o pensé que pensé) que por tu mirada sabía que podía volver a empezar. "Volver a empezar", y apenas se me ocurrió esto, me vi a mí a la edad de trece años, con varios años más menos y todo dispuesto para volver a empezar.
Así que corrí, y por un momento me sentí como Susan Delgado. Sentí que corría, que estaba asustada, muy asustada, y entonces, corrí más fuerte y me puse a cantar. Habría llorado si hubiera podido, pero no lo iba a permitir, porque sabía que andabas por ahí, y no habría de mostrar mis debilidades ante un ser tan terco y más pequeño que yo. Pequeño de alma y de fuerza. O tal vez no. Ya ni siquiera estaba segura de las cosas que ignoraba y las que sabía. Por un momento, hasta creí sostener una pollera larga con mis manos, pero no era así.
Y cuando crucé la calle, esquivando un auto y un par de personas, volví a caer en que yo no era Susan, y principalmente, en que te habías acercado a correr a mi lado. Lo vi por el rabillo del ojo y lo confirmé cuando giré mi cabeza y ahí estabas, casi diciéndome "hey, te juego una carrera hasta donde sea que vayas", porque eso es lo que hacen un par de niños en un barrio tan humilde.
¿Qué significaba todo eso? Corrí más rápido, casi rogando mentalmente que me dejes en paz porque estaba dispuesta a escapar si seguías persiguiéndome, pero me di cuenta de que ya no quería que me dejes en paz. Porque yo también te había dejado en paz, y no fue bueno, y ahora tenía muchos años menos, entonces tenía más tiempo. Tenía más años de mi vida, los suficientes como para aprender lo que no había aprendido nunca, ¿y después? Bueno, no era necesario imaginar nada más.
Llegué por fin (esa única cuadra se me hizo interminable), y alquilamos una película cada uno. Nadie hablaba, o al menos, nadie decía cosas innecesarias. Lo hecho, hecho estaba, y ya no importaba porque habíamos retrocedido el tiempo. No lo ignoramos, lo olvidamos. Así que podía sonreír de verdad, mirarte y sonreír. Me veía envuelta de una felicidad inocente, de una alegría que me permitía cantar otra vez.
Y así me fui. Corriendo, como vine, y cantando. Sola, contenta de tener de vuelta mi pequeño mundo simple. Y de que puedas formar parte de ese pequeño mundo sin hacerme daño.
Es una atrocidad. Debería ser un crimen no poder cantar las canciones de nuestra banda favorita simplemente porque duele. Debería resultar empalagoso mirar durante tanto tiempo la luna, que siempre persigue a los mejores amigos durante las noches más felices y, por lo tanto, tiene tantas buenas historias que contar. Debería estar prohibido poner una hamaca en una plaza sin poner otra al lado, y deberían quemarse las cámaras que sacan las mejores fotos en los momentos indicados.
No debería existir nada de eso. No deberían existir las cosas tan hermosas que hacen que recordar sea tan adictivo.
6 jun 2012
Inspiración
"Lo que le sucedió a Loren cuando tuvo el cuerpo ante sus ojos no lo pudo explicar más tarde, porque ella simplemente cayó en estado de shock. Volvió en sí un par de horas después, y comienza a recordarlo todo a partir del momento en que bajó la vista y se dio cuenta de que sostenía una taza de té en sus manos. Entonces, no articuló palabra alguna, porque cuando pudo pensar en algo, lo único que acudió a su mente fue un recuerdo, extraño, aunque no del todo alejado de la situación, pero principalmente, doloroso.
Simón, el gato, saltó en la cama sorprendiéndolos a ambos. Apenas había tenido tiempo de darse cuenta de que sus labios se desprendían de los de él, porque ya sonreía con la vista clavada en el animal, que ronroneaba suavemente mientras se paseaba en medio de ambos.
En aquella sala fría, en la morgue, Loren casi podía escucharlo hablar...
-Gato metido, celoso, vas a dormir afuera.
-No creo que se te ocurra hacerle una cosa así de verdad -rió ella misma, alguien que se le antojaba muy joven y perdida en el pasado. Se incorporó y le acarició la nuca instintivamente.
-¿Y si lo hago? -se sonrió después de unos segundos, mirándola. Sus ojos eran divertidos e infantiles. Nunca se habría imaginado cuánto dolerían más tarde.
-Entonces dormís afuera con él. Y le digo a Laura que te quite la llave de tu pieza.
-Sí, por supuesto -ironizó volviendo a mirar al gato-. Quiero ver cómo me dejás dormir afuera-. Ella sonrió-. Ah, tenía algo para mostrarte... Algo que escribí la semana pasada.
Tal vez a eso se debía el recuerdo, pensó en el presente, con la taza de té en sus manos, perdida. Era eso, tal vez lo que terminaría de llevarla a la inconsciencia.
-¿Empezaste algo nuevo?
-Sí... Y estoy seguro de que me gusta mucho -contestó mirándola, aunque algo en sus ojos la inquietó un poco.
-Pero... ¿qué pasa con eso? -inquirió con normalidad.
La forma en que calló esos escasos segundos la inquietó aún más. No sabía si debía preocuparse o ponerse nerviosa. Claro que siempre había tenido sensaciones raras con respecto a lo que él escribía, porque todos sus textos, desde los breves que había tenido la suerte de publicar, hasta las largas novelas que se reservaba y que tal vez reservaría para siempre, le hacían pensar que había allí pistas de muchas cosas que habitaban su mente y de las cuales ella no estaba enterada. "¿Es tu forma de contarme un secreto?", habría preguntado, pero si lo hubiera hecho, todo se habría ido a la mierda más rápido.
Como respuesta obtuvo un beso que la tomó por sorpresa. Lo miró esperando que diga algo más, y lo vio sonreír.
-Mañana te lo leo... Si es que sigue en mi habitación -dijo encogiéndose de hombros.
Loren, en el presente, pálida y con los ojos irritados, dejó caer la taza de té de sus manos. La infusión caliente le empapó los zapatos y la taza se hizo pedazos contra el suelo. Temblaba levemente, no notaba que la doctora Martinez la sacudía y le preguntaba una y otra vez si se encontraba bien. No escuchaba nada. Tampoco vio llegar a Reina ni a Laura, no le importó nada de lo que le dijeron. En ese momento se había dado cuenta de algo, algo muy grande, terrible y espantoso. Todo lo que había ocurrido ese día (ese largo día que parecía no tener fin; mierda, si recién eran las tres de la tarde) tenía una explicación.
Él, sus relatos, el día en que decidió terminar e irse a vivir lejos. Él y ese relato. Todavía no lo tenía muy claro, pero era evidente que las respuestas estaban ahí. Y tal vez él ya sabía todo lo que iba a ocurrir después. Tenía que encontrarlo, estaba desesperada por encontrar ese manuscrito.
Por otro lado, un pensamiento mórbido la acosó en ese momento, cuando trataba de articular alguna palabra por fin: Debía encontrar al desequilibrado doctor Moretti y hablar con él lo antes posible sobre su loca y ahora coherente idea de traer a los muertos de vuelta."
... I think it's bullshit. Peeeero, es como una nota mental sobre lo que quiero que ocurra más tarde en algo que empecé a escribir y no continué. Tiene que ver con cosas que estuve pensando sobre mí misma, aunque muy desfigurado. Tiene que ver con que ahora, a las 4:36 a.m. tenía ganas de descubrir algo. Y como no puedo (o mejor dicho... no sé qué quiero descubrir), me lo invento. ¡DÁLIVA!
14 may 2012
Yellow
Mis queridas hermanas, las que tengo el honor de decir que son mis hermanas. Si hoy trato de imaginar cómo sería mi vida sin alguna de ustedes, no podría hacerlo, o al menos, me resulta demasiado difícil. Tal vez sea simplemente porque me imagino una versión patética de mí misma sin ustedes, hija única, aburrida, más cerrada de lo que soy. No estoy segura de si mi vida sería triste, sería normal estar sola, así que de alguna forma me habría acostumbrado a eso. Pero definitivamente, me faltaría algo que me movilice y me haga una persona diferente. Ustedes me hacen diferente. Desde el día en que supe que iba a tener una hermana, hasta cuando supe que iba a tener otra hermana más, fui diferente. Hoy si estoy acá todavía, bien y tratando de ser alguien es por ustedes. Porque no hay nada que me haga más feliz que verlas bien. Y todo lo que me enseñaron desde que llegaron lo tomé para tratar de ser una persona mejor.
Jimena, que para mí simboliza la risa, la felicidad, la diversión. Es la parte despreocupada y sonriente que alguna vez quise ser. Pero no está en mí ser así, no está en mí eso de mirar al mundo y vivirlo sin calcularlo; para eso está ella, para que me impulse a reírme de todo, desde la más simple estupidez hasta de un problema que de tan grave, resulta gracioso. Fue la que me enseñó a compartir y a cuidar a alguien, a querer influenciar a alguien. Y a la vez, la que me enseñó que todos somos distintos, y que de verdad cuando hay que dejarlo ser, hay que dejarlo simplemente. No quiero imaginar mi vida sin su risa, sin sus caras, sin sus voces raras, porque sería demasiado triste. No sólo me levanta a mí, sino que revoluciona toda ésta casa. Revoluciona todo lo que toca. Y tal vez a veces diga que es pesada, porque lo es, o le pida que pare, porque es necesario, pero nunca es permanente. Jimena, no pares realmente. Porque si pararas vos, para el mundo. Mi mundo. Y alguien tiene que hacer que todo sea un poco más multicolor, ¿no?
Sofía fue, es y seguirá siendo un caso especial. Si la gente supiera una parte de todo lo que es ella, tal vez la mirarían casi con el mismo respeto con el que la miro siempre. Desde el principio fue alguien por quien luchar. Porque cuando creímos que todo era tan difícil, apareció ella. Y no fue ni un error, ni complicar más la existencia de nadie, nos unió más. Tal vez por eso la cuidamos demasiado desde que nació y hasta ahora, la cuidamos hasta que careció de sentido y fue simplemente mimar a la hermana menor. Sé que sabe que a pesar de que siempre la carguemos y la imitemos (malas imitaciones, pero divertidas), la queremos y admiramos demasiado. Por lo menos yo, admiro lo determinantes que son sus palabras cuando decide algo, lo segura que es de sí misma cuando camina por ahí, cuando elige sin dudar algo, cuando ignora cualquier comentario ofensivo. A veces incluso me parece que semejante personalidad es demasiado grande para alguien tan chiquita, hermosa y tierna. Ella, que se piensa que los anteojos no le quedan bien, que da miles de vueltas para elegir qué vestir, que hace oídos sordos cuando Jimena o yo le hacemos burlas. Con una elegancia que parece adulta. Sofía escucha cuando yo le explico cualquier cosa, cuando la ayudo con piano o simplemente cuando tiene alguna duda, tiene la capacidad de preguntar sin vergüenza por algo que no sabe (sinceramente algo que me parece que muchos deberían aprender, y me incluyo a mí misma). Me da razones para seguir aprendiendo, porque sé que todo lo que aprenda, Sofía lo va a preguntar alguna vez.
Las dos juntas representan para mí toda una vida de aprendizaje, amor, amistad y alegría. Si hay algo que no permitiría que pase alguna vez es que alguien les haga daño de alguna forma. Y eso incluye protegerlas de mí misma. No sé qué puedo decirles, ¿que estoy bien? Ustedes me conocen bien y saben cuándo lo estoy y cuándo no. No las protegería mintiendo. Pero sí puedo tratar de ser siempre una persona mejor, vale la pena si están ustedes para hacerme sentir bien. Si están para escucharme tocar, para distraerme, para escucharme hablar sobre cualquier cosa. Aunque no lo diga siempre, no saben lo geniales que son conmigo. Cada una es distinta conmigo, somos distintas entre nosotras, pero somos siempre las mismas. Y nos hacemos felices entre nosotras. Gracias por enseñarme todo lo que me enseñaron, por compartir tanto conmigo y por formar parte de mi vida. Ojala lo hagan siempre, y nunca se olviden todo lo que las amo y necesito. Siempre va a ser así. Es cosa de hermanas.
Jimena, que para mí simboliza la risa, la felicidad, la diversión. Es la parte despreocupada y sonriente que alguna vez quise ser. Pero no está en mí ser así, no está en mí eso de mirar al mundo y vivirlo sin calcularlo; para eso está ella, para que me impulse a reírme de todo, desde la más simple estupidez hasta de un problema que de tan grave, resulta gracioso. Fue la que me enseñó a compartir y a cuidar a alguien, a querer influenciar a alguien. Y a la vez, la que me enseñó que todos somos distintos, y que de verdad cuando hay que dejarlo ser, hay que dejarlo simplemente. No quiero imaginar mi vida sin su risa, sin sus caras, sin sus voces raras, porque sería demasiado triste. No sólo me levanta a mí, sino que revoluciona toda ésta casa. Revoluciona todo lo que toca. Y tal vez a veces diga que es pesada, porque lo es, o le pida que pare, porque es necesario, pero nunca es permanente. Jimena, no pares realmente. Porque si pararas vos, para el mundo. Mi mundo. Y alguien tiene que hacer que todo sea un poco más multicolor, ¿no?
Sofía fue, es y seguirá siendo un caso especial. Si la gente supiera una parte de todo lo que es ella, tal vez la mirarían casi con el mismo respeto con el que la miro siempre. Desde el principio fue alguien por quien luchar. Porque cuando creímos que todo era tan difícil, apareció ella. Y no fue ni un error, ni complicar más la existencia de nadie, nos unió más. Tal vez por eso la cuidamos demasiado desde que nació y hasta ahora, la cuidamos hasta que careció de sentido y fue simplemente mimar a la hermana menor. Sé que sabe que a pesar de que siempre la carguemos y la imitemos (malas imitaciones, pero divertidas), la queremos y admiramos demasiado. Por lo menos yo, admiro lo determinantes que son sus palabras cuando decide algo, lo segura que es de sí misma cuando camina por ahí, cuando elige sin dudar algo, cuando ignora cualquier comentario ofensivo. A veces incluso me parece que semejante personalidad es demasiado grande para alguien tan chiquita, hermosa y tierna. Ella, que se piensa que los anteojos no le quedan bien, que da miles de vueltas para elegir qué vestir, que hace oídos sordos cuando Jimena o yo le hacemos burlas. Con una elegancia que parece adulta. Sofía escucha cuando yo le explico cualquier cosa, cuando la ayudo con piano o simplemente cuando tiene alguna duda, tiene la capacidad de preguntar sin vergüenza por algo que no sabe (sinceramente algo que me parece que muchos deberían aprender, y me incluyo a mí misma). Me da razones para seguir aprendiendo, porque sé que todo lo que aprenda, Sofía lo va a preguntar alguna vez.
Las dos juntas representan para mí toda una vida de aprendizaje, amor, amistad y alegría. Si hay algo que no permitiría que pase alguna vez es que alguien les haga daño de alguna forma. Y eso incluye protegerlas de mí misma. No sé qué puedo decirles, ¿que estoy bien? Ustedes me conocen bien y saben cuándo lo estoy y cuándo no. No las protegería mintiendo. Pero sí puedo tratar de ser siempre una persona mejor, vale la pena si están ustedes para hacerme sentir bien. Si están para escucharme tocar, para distraerme, para escucharme hablar sobre cualquier cosa. Aunque no lo diga siempre, no saben lo geniales que son conmigo. Cada una es distinta conmigo, somos distintas entre nosotras, pero somos siempre las mismas. Y nos hacemos felices entre nosotras. Gracias por enseñarme todo lo que me enseñaron, por compartir tanto conmigo y por formar parte de mi vida. Ojala lo hagan siempre, y nunca se olviden todo lo que las amo y necesito. Siempre va a ser así. Es cosa de hermanas.
24 feb 2012
Eso
"... Quería decirles que esos niños muertos, los que habían bajado por la escalera de caracol en la oscuridad, habían hecho algo peor que asustarlo: lo habían ofendido.
Ofendido, sí. Era la única palabra que se le ocurría, pero si la pronunciaba se reirían de él. Le tenían cariño, sin duda, y lo habían aceptado como a un igual, pero aun así se reirían de él. Sin embargo, había cosas que ofendían el sentido del orden de cualquier persona cuerda, ofendían la idea esencial de que Dios había dado a la tierra una inclinación sobre el eje para que el crepúsculo durara sólo veinte minutos en el Ecuador y más de una hora en los polos; que, después de hacer eso, había dicho: 'Bueno, si pueden calcular la inclinación, podrán calcular todo lo que quieran. Porque hasta la luz tiene peso y cuando la nota de un silbato desciende bruscamente es por el efecto de Doppler y cuando un avión rompe la barrera del sonido el estruendo no es el aplauso de los ángeles ni la flatulencia de los diablos, sino el aire que cae de nuevo en su lugar. Yo les di la inclinación y me senté en la platea para presenciar el espectáculo. No tengo otra cosa que decir salvo que dos más dos son cuatro, que las luces del cielo son estrellas, que si hay sangre los adultos la ven tanto como los niños, y que los niños muertos, muertos están'.
Se puede vivir con el miedo, habría dicho Stan, si hubiera podido. Tal vez no eternamente, pero sí mucho tiempo. En cambio, con la ofensa no se puede vivir, porque abre una grieta en tu pensamiento y si miras dentro de ella ves que allí hay cosas vivas, cosas con ojos amarillos que no parpadean y que huele muy mal en esa oscuridad. Y al cabo de un rato acabas por pensar que tal vez haya todo un universo distinto allá abajo, un universo donde hay una luna cuadrada en el cielo, donde las estrellas ríen con voces frías; un universo donde algunos triángulos tienen cuatro lados y otros cinco, y otros cinco a la quinta potencia. En ese universo puede haber rosas que canten. Todo lleva al todo, les habría dicho, si hubiera podido. Ved a vuestra iglesia y escuchad esas historias de que Jesús caminó sobre las aguas, pero si yo viera a un tipo haciendo eso gritaría hasta quedarme ronco. Porque a mí no me parecería un milagro sino una ofensa."
Habré explicado lo mismo de mil maneras distintas en varias oportunidades. Esas son las palabras correctas. Además, explica muchas cosas que suelo pensar o hacer. "My own beliefs inside my head", "hold on to yourself", son otras maneras de describirlo. Porque cuando creemos que todo nuestro mundo se modifica, cuando no entendemos lo que está pasando, recurrimos a una simple fórmula que está en nuestra mente. A veces no sabemos cómo es, qué es, cómo es que llegamos a ella, pero es única en cada uno y sí está. Porque a esa solución tan simple, que en muchos casos se podría simplificar en una sola palabra, terminamos recurriendo en el momento en que pensamos "¿qué me está pasando?". ¿Soy yo o son los demás? ¿Es algo externo que no podré ver nunca? ¿Existe? ¿Por qué? Entonces, por más impulsivos que seamos, terminamos recurriendo a nuestra propia fórmula. Siempre que pasa algo, cualquier pequeña acción en la que nos veamos involucrados, es resuelta por la forma de lo que está en nosotros, nuestras creencias. Podemos pensar que está todo perdido, pero si somos capaces de razonarlo, la explicación, el porqué, está ahí, lo podemos ver muy claramente.
Pero, ¿qué pasa si alguien o algo nos ofende? Lo describiría yo como una colisión entre nuestro mundo y otros, que se manejan con una lógica completamente distinta. Y si llegan a cuestionar nuestra realidad, si podemos ver que pasan delante nuestro con gestos burlones, de repente esa fórmula que nos mantenía firmes es inválida, y todo se desmorona. Ya no podemos aceptar la muerte, si vemos al muerto que se levanta, ya no podemos aceptar que dos más dos son cuatro, si de repente tenemos cinco, ya no podemos creer que el negro es negro, si es blanco o multicolor. Así pasa con cualquier cosa, ahí está la explicación a los suicidios por amor verdadero, ésa es la explicación de la repentina locura, de actos desesperados que aparecen sólo cuando queremos tapar eso que distorsionó nuestro mundo. Porque Eso no puede existir. Eso no puede ser real, no podemos permitir que sea real porque sería una ofensa. Y definitivamente, no se puede vivir con la ofensa.
Si hay algo que se aprende de la literatura fantástica es a imaginar mundos en donde todo es posible, donde la magia existe. La magia existe. Y una vez que uno se da cuenta de eso, ya no existen barreras entre nuestro mundo y los demás. Siempre vamos a quedarnos en el nuestro, pero poco a poco nos vamos alejando, porque queremos más de esos mundos extraordinarios. Y los aceptamos, nos gustan y ya no podemos vivir sin ellos. A veces, que te llamen "loco" por las ideas que tenés, te conforma. Porque los que conocen más mundos pueden entender mejor el propio, y eso nos hace más sabios. Abrir la mente y mirar dentro de esa grieta, de a poco, sin prisa, voluntariamente. Entonces son los demás los que no entienden nada de nada.
4 feb 2012
Infatuation
Habría congelado ese momento para que dure toda la eternidad. La luna era perfecta y nosotros también.
Congelaría cada momento similar, esos momentos en los que el tiempo parece detenerse y a la vez es como si corriera el doble de rápido.
Viviría atrapada en esos minutos para siempre, para cerrar los ojos y sonreír. Mi corazón no soporta el sueño como si fuera una realidad, es algo ilógico para él.
No quiero nada más; lo demás es insignificante.
Respiro profundo... El aire, el momento, el mundo... Me parecen maravillosos.
19 ene 2012
El Camino
Seguía el camino con mi bicicleta, apurándome demasiado y sin querer mirar atrás. Corría una suave brisa y el sol comenzaba a ocultarse detrás de la montaña que tenía en frente. Había recorrido ya muchos kilómetros, casi sin descansar, y no deseaba más que estar allí, yendo hacia donde yo quisiera, directamente hacia mi futuro. Prometía ser bueno, no tan glorioso, difícil, pero sabía que lo iba a disfrutar. Estaba segura de que me esperaban tiempos en los que me tendría que arreglar de cualquier manera, de los que terminaría cansada y rogando una gota de agua; pero si de algo estaba también segura, era de que no me arrepentiría de vivir agotada, porque ésa era la vida que había elegido. Pedalear, seguir, continuar hasta llegar a mi lugar.
Llegué así hasta un punto en el que el camino se dividía en dos partes. Uno de ellos, bajaba lentamente, escondido entre árboles, y desde donde estaba yo, podía ver perfectamente que se dirigía hacia un pueblo, donde seguramente podría descansar, cenar y recibir la noche con tranquilidad. Al día siguiente podría despertarme y pensar que el lugar me agradaba, pedir indicaciones a la gente del lugar y pensar bien si quería abandonarlo o no. Era lo más simple que podía hacer, pero de hacerlo así, habría abandonado lo que más quería en el mundo. El otro camino, seguía hasta el pie de la montaña y ascendía. Lo miraba y me daban escalofríos. Parecía muy largo, y un poco más allá, se perdía de vista. Sabía que podía transitar por ahí, lo cual sería buena idea, ya que si llegaba lo suficientemente alto, podría ver el pueblo entero y más allá. Podría elegir qué otros caminos tomar y por dónde seguir mi ruta hacia ningún lado (algún lado). Si se me hacía de noche, tal vez iba a ser peligroso bajar, y subir tampoco iba a ser tan fácil pedaleando; tendría que ir a pie. Entonces miré el camino hacia el pueblo otra vez, bajé de la bicicleta y esperé.
Sabía cuál de las dos opciones era la más sensata, cuál era más fácil y la que más me llamaba la atención. Pasar la noche en el pueblo y tal vez terminar mi viaje allí sería muy sencillo. Sin embargo, el deseo de ver toda la región desde lo alto era muy fuerte. No tenía una carga tan pesada en mi bicicleta, pero cargarla no era problema. Podría tirar de ella para siempre, si era lo que me hacía sentir viva y feliz. Mi corazón se agitaba de emoción al pensar en lo que había más allá, y en que cada vez estaba más alejada de lo que alguna vez había llamado hogar. Sí, podría ir al pueblo y volver al día siguiente, ¿pero estaba segura de que iba a volver a estar allí? ¿Y si algo me detenía allá abajo? Sabía que era una de esas cosas que si no hacía en el momento, no las iba a hacer nunca más. O por lo menos, no debía arriesgarme a que eso suceda. Tampoco pretendía llegar tan alto. Me conformaba con subir lo suficiente como para tener una buena vista del lugar. Y debía apurarme si no quería que se haga de noche.
No, no quería llegar tan alto, pero estaba segura de que quería subir. Así que empecé a caminar hacia la izquierda, tranquilamente, cantando alguna canción por lo bajo. No volví a mirar atrás, porque ya no me importaba hacerlo. Subía, subía, y quién sabe con qué cosas me encontraría o tendría que cargar. Tiraba de mí misma con esfuerzo pero con gusto de hacerlo, y tiraría de todas las cosas que amaba de esa manera. ¿Qué me importaba hacerlo, si mi corazón saltaba alegre y seguro, gritándome que siga por más que duela, que no vaya a detenerme?
Yo sentía como si también estuviera saltando. De a ratos miraba el camino midiendo su longitud, que desaparecía tras alguna curva y no me permitía ver demasiado, pero a los segundos ya no me importaba otra vez. Tenía miedo y eso me gustaba. La brisa seguía golpeando mi cara suavemente, y sonreí ante su frescura. Abajo, el pueblo, los bosques y todo lo demás, se iban achicando de a poco.
16 ene 2012
Knowledge
No sé, no sé, no sé, si quiero continuar, no sé, porqué, tampoco sé, no sé. Qué me motivó, qué me motiva, qué siento, si estoy o no, no sé, qué es lo que quiero, no sé. No sé porqué lloro, porqué sigo acá, porqué no me fui, si me voy a ir o no, no sé, no sé cuándo voy a dejar de sentirme así, si alguna vez lo estuve o alguna vez no lo estuve. No sé si quiero que alguien lo sepa, no sé si lo que digo es correcto, si me interesa que alguien se interese, no sé si yo no quiero interesarme en nadie, no sé si algún día voy a sentirme como quiero, no sé cómo quiero sentirme, no sé qué quiero escuchar, no sé qué quiero ver, no sé si quiero escuchar o ver, no sé si quiero seguir soñando, pero cada vez que sueño me escapo de lo que no sé... Creo. No sé qué significa lo que escribí... No sé cómo lo hice, ni en qué pensé.
Sí sé que como estoy ahora, sólo quiero abrazar a alguien y llorar hasta dormirme. Que me acaricien el pelo y cerrar los ojos. Sé que ni siquiera sería necesario que nadie me diga nada, porque no sé si hay algo para decir. No lo hay. Sé que me siento sola, cuando me levanto y nadie me espera. Sé que eso tampoco tendría que tener sentido, ¿pero qué es lo que le da un sentido contrario? No lo sé tampoco. Por eso no quiero preguntas, porque no sé qué contestar. Pero de lo que sí sé, estoy segura. Y ésa es la peor parte.
12 ene 2012
Archivos borrados
Es mi deber aclarar el porqué de ésta entrada. Resulta que tuve demasiado tiempo para pensar últimamente, para pensar en asuntos personales, quiero decir, y llegué a estar tan aburrida que decidí cambiar mi foto de perfil [sí, a eso me llevan mis pensamientos últimamente, creo que merezco que me den una buena patada en el culo]. Así que daba vueltas por facebook, porque sorprendentemente tengo más fotos ahí que en "mis imágenes" [fotos que sacan otros, porque... cualquiera debe tener más fotos mías que yo misma] y empecé a retroceder en el tiempo, mediante imágenes.




Así, me acordé de un par de cosas de mis años de escuela que realmente no me habría acordado si no hubiera visto ésas fotos. Y hablo en serio, es como si hubieran pasado hace tanto tiempo, que mi cabeza ya no relacionaría ningún hecho actual con esos recuerdos. Excepto algunos, tal vez; porque con Belu solemos recordar a veces cosas que nos gustaban, pero de a poco fuimos viviendo otras cosas entre nosotras que tampoco tuvieron que ver con los días de escuela, así que... Creo que a ambas nos pasó lo mismo. Dejamos dormir todos esos recuerdos. Ahora, fascinada veo cómo éstas cosas parece que hubieran sucedido ayer.

La primer foto que hay que destacar es ésta. Refleja perfectamente lo que todo el curso hizo durante los tres años de polimodal. En general, rascarnos las pelotas. Y en cuanto a cada uno de nosotros... Bueno, Alan brilla por su ausencia. Juan vivía durmiendo. Sam... Bueno, ¡Sam! Y Belu y yo, colgadas una de cada lado, muy en otra. [Y nótese lo perfecto que estaba cortando ese papel.]

La segunda imagen habla claramente del chamuyo que nos salvó la nota. Observen a la chica de pelo corto y campera de jean (?) ordenando papeles nerviosamente y leyendo de paso las fotocopias de una lección para la que claramente no estudió; la chica de al lado claramente no sabe que está leyendo un mapa de Argentina, y el chico con las manos en los bolsillos ha adoptado su famosa posición de "estoy tranquilo, soy Juan y soy un capo". En cuanto a la chica de pollera... No pregunten.

Acá una foto con mi querido curso. ¿No vieron qué unidos que éramos? Mejores amigos por siempre.
[BTW, Perón sale re sexy!]
[Si no notaste la ironía del comentario, morite.]

No pregunten porqué, pero cada vez que llovía, hacíamos ésto. Alguna idea boluda de Manu, evidentemente. O de los tres... Anyway, ¿alguien más notó que tengo el mismo buzo en las tres fotos?
Nota: Estaba por poner una foto de cuando íbamos al cyber de Dirty, pero la única que hay es una en la que el don Dirty sale tirándose encima mío [don't be mal pensado (?), tirándose en el sentido de que estába abrazándome y es mucho más grande que yo, so... se entiende mi chiquititez, putos], y es muy graciosa y fea y no da. Aguanten esas tardes ahí ocupando espacio al pedo.
Días soleados en invierno y en primavera, dibujos raros en la mesa... y en las paredes. La miles de fotos con caras MUY raras [no sé cuál de nosotros sale más escrachado, de verdad] y las más tiernas [... bueno, no dije que salgamos con caras normales]. Me acordé también que nos decían trío dinámico, que el que nos empezó a decir así fue el jefe de preceptores, que nos odiaba demasiado y a nosotros nos chupaba un huevo. Que Manu siempre se dejaba peinar o maquillar, que nuestra primer foto con Belu fue ésta, que Alan era flogger y nosotras nos sacábamos fotos con él y nos cagábamos de risa.
Creo que hice ésta entrada por ella, porque a pesar de que pasaron muchos al lado nuestro, ninguno estuvo conmigo realmente, y todas esas fotos que son para cagarse de risa no existirían si ella no hubiera estado ahí para hacerme sonreír. No culpo a nadie ahora realmente, porque cada uno lidió con su propia carga, lo sabíamos todos, o por lo menos teníamos una idea de que cada uno se repartía entre su propio mundo y el que estábamos obligados a compartir en el aula. Lo sabíamos incluso de las personas con las que no hablábamos o de las que detestábamos, sólo que yo [o nosotras, debería decir], queríamos que nos dejaran un poco en paz. El colegio fue, es una cárcel, no volvería ahí de ningún modo, pero puedo sacar algo bueno de ésas fotos, de ésas personas, y es que me ayudaron a llevar esos años con más tranquilidad, lo hicieron hasta donde pudieron. A mi mejor y única amiga del secundario la conocí hablando de los Simpsons, y ya me estaba quedando sola en ese entonces... Cuando vi que ya no había lugar para mí, ella me vio y puso una silla al lado suyo, y ese gesto bastó para que me diera cuenta que de verdad valía la pena. La manera en que la aprecio no se puede expresar en palabras, lo lindo que es recordar ESOS momentos, tampoco. Ojala todos tuviéramos la suerte que yo tuve, la suerte de saber sin explicaciones lo que es la verdadera amistad.
31 dic 2011
Nice Dream
Estira. Porque tal vez termine cansada, suspirando de más y con la cabeza gacha, pero tengo que terminar.
Me cansaron todas las cosas que me pasaron, lo bueno y lo malo, las noches que se hicieron cortas y las que parecía que no terminaban más, pero en general, pasó todo lo que quería que pasara. Y además, siento que todo fue demasiado raro. La manera en que me sentía ante ciertas situaciones era rara. Me pasaron cosas que nunca antes me habían pasado. Aprendí a dejar ir lo que no me correspondía y a aceptar otras cosas sin tener miedo de que duela después. Me siento capaz de soportar ciertos dolores después. Y lo que dejé ir... algunas cosas ya no importan, otras las recuerdo con una sonrisa. Ahora son otras las cosas que me hacen sentir viva. Estoy viva.
Y no sé qué espero, porque creo que también me enseñaron que tengo que dejar que todo fluya. Siempre lo hice, aunque en algunos momentos parecía olvidarme de ello. Voy a dejarme llevar otra vez, sin esperar nada, sintiendo lo que siento ahora. Tal vez entonces todo vaya mejor.
Entonces estiran y me dejo llevar. Cansada, pero a punto de despertar. Y no quiero que me pregunten qué espero de este año o de mi vida; no espero nada, porque me gusta cómo están las cosas ahora. Sigan estirando, mi vida que siga estirando...
24 dic 2011
Dead Tree
Lo entiendo. Entiendo todo lo que está mal, creo que por más que siga pensando, no voy a encontrar ninguna otra falla. ¿Por qué no puedo hacer nada al respecto entonces?
Pedí opinión de las pocas personas que me interesan, me dijeron lo lógico, lo que yo ya sabía, lo que ya había pensado y encontrado como "lo correcto". Pero la realidad es tan distinta... Las cosas son más difíciles de reconocer, las palabras son tan difíciles de pronunciar, los problemas son tan difíciles de afrontar.
Me equivoqué y dije cosas estúpidas. Y tal vez en el momento en que las dije, mi lado lógico trató de detenerme y hacerme ver que estaba equivocada. Pero estaba sofocada, aunque no tanto como ahora. Porque ahora, lo único que me queda es esperar... Y dejar que las cosas fluyan, pero sin saber cómo van a terminar. Y me da tanto miedo. Creo que ya no puedo hacer nada más, sólo esperar que todo se arregle solo y tratar de no volver a hacer las mismas estupideces. Y mientras tanto...
Sonrío cuando tengo que sonreír, contesto cuando me preguntan algo, hago todo lo que habría hecho normalmente. Ni siquiera noto el esfuerzo que hago hasta que me detengo y es necesario suspirar... Y entonces me doy cuenta del nudo en mi garganta, que sigue estando, que pesa y duele. Después vuelvo a concentrarme en otras cosas rápidamente, y vuelvo a sonreír, contestar, hacer. No sé por cuánto tiempo voy a poder seguir haciéndolo, tal vez hasta que directamente todo se vaya a la mierda y ya no me importe, si es que algún día va a dejar de importarme. Hasta entonces, voy a seguir teniendo un sabor amargo en la boca, que se intensifica de a momentos. Mi auto tortura, por haber sido tan imbécil. Sofocada, atrapada, porque ya no puedo hacer nada más.
Voy a suspirar otra vez... Y ahora me levanto y sigo.
8 dic 2011
It was all just a dream...
Apoyo mi cabeza en la almohada.
Caigo.
Fijo mis ojos en el techo y llevo mis manos hasta mi nuca. Se enredan en mi pelo. Pestañeo con lentitud y suspiro, también lentamente, sintiendo el aire recorrer mi cuerpo desde que entra hasta que sale de él.
Caigo más profundo.
Mis pensamientos comienzan a divagar por las cosas que más me preocupan estos días, las cosas que no podría alejar de mi cabeza por más que quisiera, que tratara de borrarlas. Tengo todavía los ojos abiertos, pero no veo nada más que las situaciones de mi mente. Soy consciente de que me baña el sol que entra por la ventana, a la tarde, que hace calor, pero no lo sufro, y más allá de eso, no estoy conectada con nada más que tenga que ver con este mundo. Despierta, dormida, soñando.
Repaso todas las palabras dichas, las que me callé porque no era necesario decirlas, las que no dije y me arrepentía de no decir... Supongo, o tengo la esperanza, de que haya tiempo suficiente para decirlas. No quiero dejar ninguna atravesada en mi garganta. En mi imagen mental, las digo y soy libre. En mis imágenes mentales, hay un final feliz. Un final eterno. Vuelvo a suspirar.
¿Necesitás a alguien en este momento? Sí, sí lo necesito. Pero estoy en mi propio mundo, y lo tengo... ¿Es ésa la diferencia entre el sueño y la conciencia? Lo que habita allí dentro sólo son los deseos, y el sueño los vuelve realidad. Lo de afuera sabe que no es verdad, y en el momento en que se cruzan, ambos se dejan convencer de algunas cosas. Puedo volver conscientes mis deseos, lo de adentro; lo de afuera sabe que de todas formas, puedo intentar conseguir lo que deseo. Ahora que sé ambas cosas, puedo hacerlo.
Si me pregunto si necesito a alguien, sí, lo necesito; a la vez no quiero necesitarlo. Porque ya sumida en el sueño, me veo a mí saliendo por la gran ventana, alejándome, sin que me preocupe nada de lo que dejo atrás. ¿Sería bueno llevar a ese alguien que necesito? Sí, pero en mi sueño soy feliz, y en los sueños no arrastro a nadie conmigo. Caigo sola. Aunque en realidad tal vez no esté sola; tal vez esté con alguien, pero es tan cercano y tan único que forma parte de mí misma. No puedo soltarlo. Soñamos juntos.
La realidad es distinta. La conciencia es distinta. ¿Pero no puedo intentarlo? ¿No puedo intentar salir directo hacia el sol, siempre adelante, sin volver? ¿Y qué hay de lo que necesito conmigo? Se trata de hacer consciente lo inconsciente. De hacer realidad el sueño. Y para eso, tengo que despertar. Es hora de despertar.
10 nov 2011
Look away
-Siento que termino con todo. Después de tanta fuerza, tanto impulso, todo se detiene y yo lo detengo. Es como si de repente me diera cuenta de que nada, absolutamente nada, de todas esas cosas que antes eran seguras, fuera ahora seguro para mí. En algunas de ellas, tal vez, comencé a dudar desde el principio.
-¿Motivación?
-Sí, puede ser... Pero no es sólo eso. La motivación sólo desaparece cuando sé que ya no hay nada por hacer realmente. Cuando todo está perdido.
-¿No te enseñaron o escuchaste alguna vez que en una carrera debés correr tranquilamente para después correr lo más rápido posible una vez que la meta está al alcance de tus ojos?
-Sí, claro que sí, y juro que intento hacerlo con toda maldita cosa que se me cruza en el camino, pero siempre me sale al revés. De hecho, siento que doy demasiado desde el principio, que apuesto mucho y después me quedo sin nada, es lo que siempre me pasa. Pero no puede pasarme con todo. No puedo tener siempre miedo de apostar en algo o en alguien. La desilusión, la pérdida, las contradicciones, me da mucho miedo tratar cosas que para mí son muy importantes porque cuanto más importantes son más se sufren. Mis sentimientos... son intensos y vulnerables.
-En algo tenés que depositar tu confianza. En alguien o en algo.
-Quiero depositar mi confianza en mi propio ser, porque me cuesta mucho depositarla en alguien más, y también por lo mismo. Siendo redundante, tengo miedo de dar mucho y recibir poco. Con las personas es incluso más complicado.
-¿Afecto?
-Exacto, y ahora que me doy cuenta, tal vez haya sido así siempre, desde que tengo memoria. Fueron pocas las personas a las que le dije "te quiero" en la cara y sintiéndolo de verdad, fueron pocas las que me hicieron sentir bien, y con los demás ni siquiera me interesa mantener relación alguna. Por eso es tan difícil, por eso siento que es raro cada vez que alguien se interesa en mí. Cuando busco a alguien y ese alguien me busca a mí. Al final yo termino mirando hacia otro lado. Sus motivos pueden desvanecerse de un día para el otro, pero si entonces yo ya empecé a quererlo, sufro y no hago que mis sentimientos desaparezcan tan fácil.
-Dar mucho y recibir poco.
-Sí, es muy egoísta. Pero es básicamente eso. Y de todas formas, el motivo por el que creo que las personas se alejan de mí es justamente por mí. Porque nunca puedo terminar lo que empiezo. No es que no quiera, no puedo.
-El hombre cosecha lo que tiene...
-Y lo cuida. ¿Qué clase de inmadurez cosecho yo? ¿Qué clase de cosas estoy creando? ¿Cómo puedo preferir cerrar los ojos y perderme en la inconsciencia antes que afrontar las cosas que creé? No quiero despertar, pero debo hacerlo. Al fin y al cabo, despertar es más divertido.
2 nov 2011
Go on!
¿En qué pensaba realmente? La verdad es que es difícil de explicar.
¿Cómo me explico todo lo que pensé desde hace mucho tiempo hasta ahora? Tal vez debería pensar en "lo que pasaría si..." para encontrar una respuesta. Pero de todas formas, no estoy muy convencida de que sea la solución para poder entenderme a mí misma.
¿Cómo reaccionaría yo si...? ¿Si me encuentro de vuelta ahí? Creo que me sentiría feliz, que tal vez una vez sola lloraría, o tal vez me daría un poco de miedo. De cualquier forma, extrañar me hace pensar que sí estaría feliz, pero no estoy segura de que haya un momento indicado para volver a pensar en lo mismo. No voy a volver a hacerlo, pero en cierto sentido, cada vez que vuelva al mismo lugar, voy a pensar en lo que alguna vez sentí. Como dije, es difícil de explicar, incluso para mí.
¿De qué estoy segura entonces? Si respondiera que no estoy segura de nada, estaría mintiendo. Si de algo estoy segura es de que crecemos, cambiamos, pensamos, sentimos... A mí me pasó todo eso y ya si volviera a pisar ese lugar pensaría y sentiría distinto. Y lo bueno, es que cambió para bien. Sin embargo, creo que con sólo pensar en eso, mi corazón late fuerte, pero sólo porque me da un poco de miedo la manera en que me recibirían. No me van a recibir mal, pero nada va a ser como antes. Ahora mi corazón late por otras cosas. De todo eso, estoy segura.
¿Y qué onda con esas "otras cosas"? Trato de sonreírles, y la verdad es que a veces no cuesta tanto. Avanzo, trato de integrar las cosas nuevas y aceptarlas de la mejor manera. Y de hecho, algunas de ellas ya no quiero que se vayan más, por eso las aferro a mí. Ahora hacen mi vida de una manera distinta, y no podría dejarlas ir jamás.
24 oct 2011
Resplandor
No podés. Te das cuenta de que es el momento y el lugar indicado, pero no sabés cómo actuar. Y cuando no podés expresar nada en palabras, cuando ni siquiera podés pensar en traspasarlo al papel o armar alguna especie de discurso, lo hacés.
Y así podemos decir tantas cosas sin hablar, sólo reconociendo nuestros pensamientos en esa especie de mundo paralelo que nada tiene que ver con lo sensible, con lo que vemos, tocamos, sentimos todos los días. Es como el resplandor, como esa comunicación que no es comunicación, es, en otras palabras, la lectura de pensamientos. Sí, puede que sea algo muy parecido. Algunos esplenderán más que otros, algunos tal ves nada, pero eso es simplemente porque no pueden percibir nada que esté más allá que su perfecto mundo regido por reglas, y al no ver nada más allá de ellas, tampoco pueden imaginarse que tales sentimientos sean expresados de forma silenciosa. La verdad es que a veces me da pena pensar en que la mayoría de las personas son así.
No es un poder sobrenatural, ni siquiera podría llamarse así, sino que se trata de la imaginación, tal vez un poco de inocencia que nos haga pensar en cosas extraordinarias y de ganas de intuir algo. Es más simple que lo que todos creen, pero supongo que eso es parte de las cosas que se pierden cuando uno crece y se mete cada vez más en un "mundo reglado". Y creo que afortunadamente conocí a muchas personas que no perdieron esa característica, ese resplandor... Porque pensar mucho en algo a veces tampoco tiene sentido. A veces, los instintos también son buenos. Y a la mierda lo que pase después, todos sabemos que si hacemos algo en un momento, aunque ni siquiera nosotros mismos le podamos encontrar una explicación, es porque en cierta forma, quisimos hacerlo. Forma parte de ese resplandor; y por último, está en cada uno el querer prestarle atención a ese hecho o no. Es simple, ambas soluciones son accesibles.
16 oct 2011
Hey baby, it's a long, long way up!
Quiero gritar, quiero llorar, quiero correr y tal vez saltar. No voy a dormir, voy a dar vueltas toda la noche sin poder lograrlo, o por lo menos, sé que van a pasar varias horas hasta que logre hacerlo. Voy a tratar de escuchar música sin pensar en lo que cada canción significa para mí, a tratar de leer sin detenerme a quedarme pensando en ciertas cosas, a tratar de entablar una conversación con alguien sin quedarme colgada en un lugar totalmente distinto a este, voy a sentarme a escuchar a mis profesores sin entenderlos; voy a andar por ahí sin andar en realidad.
Y de última, voy a abrazar con más fuerza mi almohada, a esperar a que las cosas pasen, a dejarme invadir por mis buenos pensamientos, a no permitir que el miedo tire y tire hasta hacerme retroceder. Voy a gritar, llorar y correr. Y quién lo diría, quién pensaría que todas esas cosas pueden ser provocadas por la felicidad...
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