Welcome to Paradise

Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!

30 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Cuarta Parte]

¡Lee acá la primera parte!
¡Lee acá la segunda parte!
¡Lee acá la tercera parte!

Hitchin’ A Ride fue un orgasmo masivo. Creo que la mayoría sabíamos lo que esa canción significaba, o cómo se ponía Billie cuando tocaban ese tema. Y si no lo sabían, se lo habrán imaginado rápido cuando después empezó con su intento de orgasmo que se sintió tan cerca, como nunca creí que lo escucharía. No pasó nada no apto para menores, aunque después Lu me confesó que ella había visto a Little Billie medio… “tenso”. No sabría decir acá si es verdad o si mi prima tiene un pedo mental mucho más importante que yo, pero no me habría sorprendido, y además no sé cómo no miré hacia ahí abajo en ningún momento. Conclusión: Mi mente no es del todo depravada (la de Lu un poco).
Dejando de lado la posible erección de Billie o no, terminaron con esa canción y empezaron los covers. Tocaron cuatro, los mismos que suelen hacer siempre, aunque los que más gustaron fueron los últimos tres. Primero porque eran los más conocidos, y segundo porque eran de verdad los mejores. Sweet Chile O’ Mine la cantó todo el mundo y por lo menos acá se suele cantar hasta el solo que hace Slash; Billie cantó con una voz finita, un intento de Axl Rose que me hizo reír y que me hizo acordarme muchísimo de un amigo mío (se parecía más a la voz de pito de mi amigo que a la voz de Axl, pero el intento valió la pena, Bill). Ésta canción y Highway to Hell tuvieron sus momentos en los que el público entero cantó a capela, y se escucharon perfectamente las voces que me erizaron los pelos del brazo. Y después todos pedimos un tema. Y como habíamos estado gritando toda la tarde “HEY HO LET’S GO”, empezó Blitzkrieg Bop y todos se sacaron. ¡Aguanten los Ramones, carajo! Tenía que decirlo, como lo grité allá cuando terminaba el tema.
Brain Stew/Jaded también era esperada por muchos. En la primera todos movieron sus cabezas con las manos levantadas al sonido de la música, empujones lentos y pesados, que dieron paso a Jaded. Aunque antes de eso, Billie se tomó su tiempo para disparar remeras al público. A mí evidentemente, no me llegó ninguna, así que fue una de las veces en las que aproveché para pedir agua. Eso también era una de las cosas buenas de estar adelante.
Y cuando terminó, pasó lo que había esperado con ansiedad. Billie dio vueltas otra vez. Pidió un cantante, un cantante era lo que necesitaban. Todos empezamos a intentar llamar su atención. Buscó muy bien entre el público hasta que se decidió por alguien. “She’s got green hair”, dijo para identificarla, mientras la señalaba. Haushi Drucklyn (vayan a face para felicitarla/putearla) subió al escenario mirando todo con los ojos muy abiertos, evidentemente sin poder creerlo. La había conocido horas antes, y ahora estaba ahí la muy hija de puta, con ellos, y a punto de cantar. Abrazó a Billie, se separó de él, y lo abrazó otra vez. Después corrió hasta Mike y se le colgó del cuello, mientras que Billie la miraba desconcertado. “Hey you! Come here!”, le gritó varias veces, medio riendo, y ella volvió con él. Le dio el micrófono y contaron juntos antes de empezar. Cantó, como dijo la Rolling Stone, para el culo, pero todos cantamos con ella, la pasó increíble, la pasamos increíble, y antes de que termine la canción Billie le dijo que espere, que iban a buscar otro cantante. Entonces un flaco se colgó del escenario. Los tres lo miraron y se empezaron a reír mientras él intentaba desesperado subir al escenario. “Ahora venís acá y cantas”, le dijo Billie aguantándose la risa. Subió y lo abrazó, y terminó de cantar él la canción. Dijo algunas palabras a lo último, que no pude escuchar, pero en un descuido, Billie le bajó los pantalones. Levantó los brazos y se giró para quedar mirando a Tré. Y después, sin que nadie lo esperara (ni siquiera ellos tres), ¡se bajó los boxers! El público estaba enloquecido entre medio de la risa y los gritos, Billie, Mike y Tré se tentaron a más no poder (aunque la cara de trauma Tré cuando el tipo le mostró su miembro no me la voy a olvidar nunca, antes de que empiece a reír con los demás). Se subió los pantalones otra vez y se tiró del escenario hacia el público. Ya había cumplido su sueño, y evidentemente al flaco ya no le importaba más nada. Todavía riendo, Billie se acercó al micrófono otra vez y llamó a la chica que había estado antes. Pidió que suba otra vez. En cuanto estuvo con ella, le regaló la guitarra con la que había tocado. La envidia se habrá sentido en su máximo punto, pero felicitaciones Haushi, felicitaciones de verdad. Y es por todo esto que seguramente, Longview fue una de las canciones que más emociones retuvieron, fue increíble.
Y encima, después le siguió Basket Case. Esa canción que todo el mundo conocía, que todos los fans viejazos esperaban de verdad, que no podía faltar. Volvió a sentirse el pogo, Billie gritó en medio de la canción, estábamos todos celebrando, ¡era todo una maldita fiesta! Y cuando terminó, el bajo y la batería comenzaron a sonar otra vez. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Miré inmediatamente a Lu, intentando ubicarla. ¡Estaban tocando She! Empecé a señalarla, a gritarle de todo a ella, y a gritar eufórica otra vez. La lista de canciones perfecta se estaba completando. Canté y grité porque no pude estirar mi brazo para agarrar a Lu aunque sea del hombro, pero la canté con todo lo que pude, Billie volvió a gritar y fue como la milésima explosión.
Cuando terminó, volvió a desaparecer Billie del escenario, y después nos dimos cuenta de que todos estaban disfrazados. Tré tenía su típico sombrero rosa, anteojos gigantes y un corpiño rojo por encima de la camisa. Luché por quitar el corpiño que había llevado de la mochila, pero fue imposible. Mike tenía unos cuernitos rojos y anteojos, Billie tenía un sombrero de policía y una peluda bufanda rosa, Jason White tenía un sombrero de pirata, y… ¡Elvis había aparecido en reemplazo de Jason Freese! ¡Estaba vivo, y estaba en Argentina junto con Green Day! King For A Day empezó, otra fiesta más, más saltos, más gritos. Billie mostró sus nalgas a un costado del escenario, vi su culo blanco muy cerca de mí. Y una vez que gritó “STOP!”, todos gritaron. Tré se levantó y caminó hasta adelante moviendo el culo. Desfiló por un costado, se acomodó el bulto del pantalón, todos gritaron otra vez. Todos le silbaban, estaba toda una puta. Le apoyó a Billie, y después se agachó delante de él, en una pose que cualquier mente depravada hubiera malinterpretado. Todo el público estaba atento de lo que hacía Tré, que al final cantó su parte del Shout. Cuando terminó, todos cantaban su nombre mientras volvía a la batería y Billie lo señalaba. Y después el público empezó a pedir por Mike. Billie lo miró, nos miró a nosotros y lo señaló. El público gritó con más fuerza el nombre de Mike, hasta que Billie agarró el bajo y Mike se acercó a cantar la misma parte del Shout que había cantado Tré. Y cuando terminó Mike, el público pidió por Elvis, ya que anteriormente Billie había dicho que Elvis estaba en Argentina. Billie agarró el saxo entonces, y Elvis se acercó a cantar. Fue muy gracioso escuchar su voz grave, creo que me tenté en ese momento, mientras él cantaba. No pude ver a Billie tocar el saxo porque estaba del otro lado del escenario, pero no importaba. Y al final, pidieron por Jason White. El que siempre está más escondido, se acercó a la pasarela y cantó la misma parte que los demás. ¿Se dieron cuenta que Billie es multiuso? Y cuando terminaron, todos volvieron a gritar y esperaron lo que seguía. Billie siguió cantando, se tiró en el piso y empezó con una segunda ronda de covers, al ritmo de la música del Shout. Obviamente antes, le hizo el amor al piso, que fue más envidiado que la chica que se llevó la guitarra. El público entero coreó Satisfaction como si los Stones estuvieran en el escenario (y como si fuéramos fanáticos de los Stones), y después Billie tuvo que interrumpir el canto de la gente para empezar con Hey Jude. “Se me puso la piel de gallina”, le dije a una chica que estaba al lado mío, que pasó su mano por mi brazo y me sonrió. Escuchar al público entero cantar esa canción fue realmente hermoso, y fue tierno, a pesar de lo bizarro y divertido que había sido todo lo anterior y lo que le seguiría. Cuando se levantó otra vez, terminó el tema con bastante quilombo y al final sólo la guitarra tocó algunos acordes, hasta el final, donde todos volvieron a gritar.
Las luces se apagaron. Se sabía que el tiempo había pasado, que nos habían robado fácilmente casi tres horas de vida, pero no podía ser que faltara ya tan poco para el fin. Billie Joe apareció sólo iluminado por una luz en el escenario, con una guitarra acústica, y comenzó a tocar 21 Guns. Esa canción me llegó muchísimo. Pensé en todo lo que había pasado hasta que por fin estuve ahí, en cosas que probablemente no tenían nada que ver con ellos tampoco, en mi vida personal, y en lo mucho que me faltaba por vivir. Si él pretendía hacerme llorar con esa canción, lo logró sin ningún esfuerzo. La banda apareció después atrás de él, y todos cantaron juntos, el público cantaba, varios lloraban, estaba siendo uno de los momentos más hermosos. Una cortina de luces apareció atrás de ellos en el momento del solo, y no pude contener el llanto. De hecho, creo que las 35.000 personas que estaban en el lugar se deben haber dado cuenta de eso, porque una cámara me enfocó en el momento justo, y salí en las pantallas. Pero eso ya no tiene importancia. La canción fue hermosa, y no fui la única que lloró. Fue un momento hermoso, y jamás me voy a olvidar de todo lo que sentí.
Y para terminar con el momento melancólico y volver a levantarnos el ánimo a todos, empezaron a tocar una vez más con un temazo. Minority empezó, y nosotros la minoría la cantamos hasta quedarnos sin voz. No recuerdo si fue acá, pero fue casi al final seguro que Billie dijo que “éste había sido su mejor recital, mejor que American Idiot, mejor que Dookie, mejor que Milton Keynes, mejor que Woodstock”. A más de uno se le habrá caído una lágrima del orgullo. No, están equivocados si piensan que lloré por eso, pero sí me sentí muy orgullosa. Logró subirnos el ego por las nubes; Billie, gracias. Y cuando ya me estaba olvidando que faltaba éste tema, empezó con American Idiot. Y si Basket Case fue brutal, no se compara con esto. Pero no lo sentí otra vez. Sí me lamenté cuando a mitad del tema, Billie miró a Mike y empezaron a hacer señas para que se abra una ronda en medio del público. Y el tremendo pogo que se armó debe haber sido la baba de cualquier punkie. Y encima, al terminar American Idiot, empezó la segunda de ese CD, Jesus of Suburbia. Los diez minutos de canción fueron geniales, la gente se adaptó a cada ritmo que abarca esa canción, saltaron, se movieron lento y cantando los coros en Dearly Beloved, y terminaron la canción con explosiones, fuegos artificiales de fondo, y la gente tenía ganas de más.
Las luces volvieron a apagarse. Ahora sí que el final nos había agarrado por sorpresa. Billie salió solo otra vez, con la guitarra acústica, afinó las cuerdas en otro tono y se acercó al micrófono. Yo no quería creer que ya era el final, no podía ser verdad. Empezó a tocar mientras yo repetía constantemente “no, no, no…”. Tocó una hermosa versión de Whatsername, me que hizo soltar lágrimas, aunque no demasiado. Se puso serio. Lo veía sólo a él, a su nariz algo congestionada, sus ojos brillaban y bajaba la mirada. Fue realmente uno de los temas más hermosos que habré escuchado, ese, en ese momento, de Billie para nosotros. Y cuando terminó, afinó la guitarra otra vez y empezó a tocar unas tres cuerdas que me hicieron dar escalofríos. Wake me up When September Ends empezó a sonar. ¿Dije alguna vez que no puedo escuchar esa canción sin llorar? Bueno, imagínense lo que fue escucharla en ese momento, y encima, escuchar un leve titubeo por parte de Billie poco antes de que se le una el resto de la banda. Me puse a llorar sin poder contenerme, y lo veía sólo a él, porque si bien había estado atenta de toda la banda durante todo el recital, en ese momento no podía mirar a alguien más. Cerraba los ojos, cantaba, se veía tan hermoso y era tan triste a la vez. Pensé en lo que yo misma perdí, en todo lo que significa cada palabra de esa canción para mí, me envolvió por completo. No terminó la canción. Después del solo las luces de atrás se apagaron otra vez y no empezó a cantar. Se acercó al micrófono y empezó con otra canción, la última canción. Cuando empezó a tocar Good Riddance, se escuchó un “no” instantáneo en el público, porque ya sabíamos que faltaban minutos para que aquel hermoso momento termine, para que ellos se vayan otra vez. Tocó esa canción y mis lágrimas resbalaban por mis mejillas. Había tenido el momento de mi vida, muchos gritaban “gracias”, otros lloraban también, yo no podía ni cantar. La única frase que pude articular fue “for what it’s worth, it was worth all the while”. Billie cantó el segundo estribillo, y de lo que sigue no me voy a olvidar nunca. Se alejó del micrófono para tocar sólo la guitarra, y su vista de dirigió hacia mí. No esperaba que me vea, pero fue inevitable pensar que de verdad me estaba mirando a mí. Porque tal vez era la única que lloraba (del lugar donde estaba yo), o no sé por qué, pero sus ojos verdes y brillantes se fijaron en los míos, y esos segundos que estuvo tocando y mirándome fueron eternos. No podía bajar la vista, lo veía a los ojos, y él me veía a mí, vi que había lágrimas contenidas, porque no puede ser que sus ojos brillen tanto simplemente porque sí. Le dije que lo amaba y entonces fijó su vista en la guitarra. El contacto visual se rompió, pero él me vio, me vio decirle que lo amaba, y yo sentí una gran mezcla de emociones que me despertó, y pude cantar lo que quedaba de la canción. Y cuando terminó de cantar y parecía que había terminado, agregó: “Wake me up when September ends…”. Un acorde final sonó en todo el lugar, y el concierto terminó.
El público empezó a gritar otra vez llamando el nombre de Green Day. Se prendieron las luces y salieron todos los demás al escenario. Tré ya tenía puesto un saco negro, y tiró cuatro baquetas hacia un costado, nada que esté a mi alcance. Mike tiró un puñado de púas hacia donde estaba yo, pero no pude agarrar ninguna. Billie también tiró púas. Había muchas luces y ellos saludaban al escenario, despidiéndose entre los gritos de la multitud. El recital había terminado y Green Day se fue antes de que todos empecemos a pedir aunque sea una canción más, por más en vano que sea.
Me había quedado en shock otra vez. Me quedé mirando el escenario sin poder creer que ya había terminado. Se habían ido, y todo pareció durar una miserable media hora. Más de tres horas estuvieron tocando para nosotros, y nos dejaron bien conformes, pero con ganas de más. Había visto a la banda que más influenció en mi educación, que me cambió personalmente y que cambió mis planes futuros. Ellos le dieron un ritmo distinto a mi vida, desde que escuché Wake me up When Septermber Ends por primera vez y no les di tanta importancia hasta que llegaron a mí otros temas. Terminó, había cumplido mi sueño, uno de mis más grandes sueños. Los vi, ellos me vieron, Mike me vio varias veces, Billie me miró, y Tré me hizo reír, llorar y perder un lente de contacto. Fueron ellos a los que le debo gran cantidad de cosas, y de lo único que me arrepiento es de no haberles dado las gracias. Encontré a Lu muy rápido porque estaba cerca de mí, y la abracé. Entonces caí. Se me llenaron los ojos de lágrimas otra vez, pero no lloré. Empecé a sentir otra vez, todo mi cuerpo reaccionó de a poco. Recién entonces sentí el dolor en las piernas, y en trayecto a casa casi me agarran calambres en ambas piernas en varias oportunidades. No tenía voz, y sentí todo mi cuerpo extremadamente frágil. Pero sólo pensaba en ellos. En Green Day, en lo que había sido todo ese día, y en lo que había pasado. Había tenido el momento de mi vida. Gracias Green Day, por estos momentos inolvidables, gracias por hacerme feliz, gracias simplemente por todo.

22-10-10 - Time of my Life [Tercera Parte]

¡Lee acá la primera parte!
¡Lee acá la segunda parte!

No voy a decir que las primeras canciones fueron lo mejor, porque en realidad tenía algo de miedo. Porque no me había dado cuenta de lo grande que eran todos los que estaban alrededor mío, y no fue difícil separarme de Lu. Tenía miedo de estar en ese lugar durante toda la noche, en el que me empujaban la cabeza para abajo y no veía ni respiraba, y ni siquiera escuchaba. Además, los primeros minutos de canción, estaba agarrada a Lu y llorando como nunca lloré en mi vida gritaba “los amo… los amo… los amo…”. Jamás lloré tanto y con tanta desesperación. Me separé de Lu muy rápido y seguía llorando. Me estaba ahogando. Estaba en un mar de gente, y no tenía la fuerza suficiente (ni mental ni física) como para salir de ahí. Me mentalicé entonces en que debía concentrarme y calmarme, que no podía dejar que me tiren y que me saquen para terminar atrás. Pensé en irme un poco más atrás aunque sea, donde no haya tanta gente…
Know Your Enemy empezó y todos rápidamente se unieron a saltar y cantar al ritmo del riff. Porque pasó eso desde el primer momento. No había letra para cantar, pero todos cantábamos el ritmo de la guitarra o la batería o lo que sea que esté sonando. Y si no sonaba nada, gritábamos cualquier cantito, pero no hubo silencio. Entonces me pude levantar un poco, ya más calmada, y me puse a saltar. Intentaba irme para atrás, pero en ese intento, extrañamente terminaba cada vez más adelante. Fue una canción explosiva. La gente cantó con mucha emoción y saltó todo el tiempo. Ya se habían armado los primeros grupitos de pogo, se sentía ahí adelante la presión de los empujones de atrás. Y para cuando terminó, ya estaba al lado de Lu, incluso más adelante de lo que estaba antes.
East Jesus Nowhere empezó, y entonces mi vista era casi perfecta. Otra canción muy bien recibida, que todos gritaron y cantaron, recibieron las bendiciones de Billie, que se hizo la señal de la cruz varias veces, hasta que después del solo, quedaron sonando los acordes. “I say Amén!” gritó, y el público contestó; “I say hallelujah!”, gritó otra vez, y el público volvió a contestar. Billie paseó por el escenario varias veces, mirando a todos, que en ese momento cantábamos al ritmo de esos colgados acordes. Estaba ceñudo, recuperando la respiración. Dijo entonces “I need a child... Niños… niñas”, dijo lo último en castellano, con un acento muy gracioso, y lo repitió varias veces. Buscó hasta que señaló a alguien. Subió un nene de unos ocho años, que llegó a donde estaba él con los brazos levantados. Lo abrazó y chocó la mano con él; una vez, dos veces, y la tercera Billie le amagó y le dejó la mano en el aire, y el nene se rió avergonzado mientras él lo señalaba. Al momento en el que supuestamente se tenía que tirar, no se tiró nada y corrió para atrás. Billie puso cara de desesperado y se quedó mirándolo. Lo llevó más adelante y le preguntó su nombre, pero no entendí lo que contestó el nene. Después le preguntó, una vez terminado el tema: “Where are you from?”, a lo que el nene contestó con un simple pero dulce “here”. Billie le dijo que “él también era de aquí”. Lo despidió y llamó “¡MAMÁ!”. Octavio se fue, y después empezó una fucking guerra.
Inmediatamente después empezó a sonar esa canción que todos conocimos, y en la que reaccionamos nuevamente con brutalidad. Holiday llenó el espacio, y en ese momento estaba todos gritando el riff junto con todos los demás. Pidió a mitad de la canción que se apaguen las luces, alumbró con una linterna a varios, y después cantó “the representative from Argentina has the floor”. Hubo explosiones, un bajo muy poderoso (nótese el bajista), y todos dejando la garganta en esos versos tan impactantes. Y fue genial que cuando terminó Holiday, empezó a sonar este tema, que hizo pogear a muchos.
Nice Guys Finish Last fue rápida, pero igual de intensa que las otras. En el fondo, los chicos que llegaron últimos celebraban y los de adelante lo sufríamos, aplastados más que nunca y sin poder movernos. A pesar de eso, había varios que se coparon y saltaron, empujaron, pegaron codazos (yo entre ellos), pero cuando menos nos dimos cuenta, había terminado.
Y el ambiente cambió. Después de tanto salto, llegó Give me a Novacaine, que si bien tiende a ser tranquila, de tranquila en ese momento no tuvo nada. Algunos mariconearon, se les escaparon algunas lágrimas, todos nos movíamos de un lado a otro cantando con los brazos en alto, hasta que empezó el estribillo. Todos saltamos a la vez, y a medida que la canción cobraba intensidad, el público lo hacía también. Terminamos todos gritando otra vez, alentando a la banda, que terminó observando al público sorprendida.
Y llegué delante de todo cuando empezó esta canción. No podía creer lo que estaba escuchando, tardé en reaccionar que se trataba, ni más ni menos, que de Letterbomb. Porque nunca creí que la escucharía en vivo, justamente esa canción, y cuando empecé a cantar todavía no sabía de qué canción se trataba, simplemente porque no lo podía creer. Grité, salté, casi lloro (no, no lo hice), me empujé con el pibe que estaba al lado mío, el único con el que podía saltar, porque del otro lado había gente indeseable. Fue un sueño realmente haber escuchado ese tema, ellos para mí, y sólo para mí. Y no sé si habrá sido cuando terminó, o antes, pero seguro pasó más o menos a este tiempo que miré a Mike. Había estado gritándole desde hace mucho, pero recién entonces estaba al alcance de sus ojos. Sus hermosos ojos celestes. Grité su nombre… ¡Y me miró! Le sonreí y con la única mano que tenía libre (la otra estaba atrapada abajo entre la gente, sosteniendo mi mochila… así estuve las tres horas de recital), le tiré un beso. Inmediatamente me sonrió e hizo como que se sonrojaba exageradamente, y me devolvió el beso también. Me llevé la mano a la boca para tapar mi sonrisa y después le grité que lo amaba muchas veces seguidas. Sólo que ya tenían que volver a tocar, y empezó…
Are We the Waiting. Fue uno de los momentos en los que Billie elogió al público y nos agradeció por todo lo que habíamos hecho y estábamos haciendo. No recuerdo si fue en esta canción que dijo que habíamos pagado para ver el mejor show de nuestras vidas, y él se iba a encargar de que eso suceda. Todos cantamos, tranquilos al igual que el comienzo de Give me a Novacaine. Sabíamos lo que se venía después, y más de uno estaba nervioso y ansioso por estallar. Y conectada a esa canción, sonó St. Jimmy. Billie explotó con todo el público. Empezó a cantar… St Jimmy’s coming down across the alleyway… Yo, al menos, grité toda la canción, pero creo que más de uno no cantó esa parte porque simplemente era imposible. Todos esperaban explotar. Todos esperaron hasta que el lugar completo gritó: “ONE, TWO, THREE, FOUR!”. Fue uno de los pogos más brutales seguramente. Adelante, mi pecho se chocaba contra la valla y casi no habría podido respirar si no hubiera sido porque yo también estaba saltando en el poco espacio que tenía, siempre con la misma única persona, y llenando de codazos y patadas a la otra estúpida que estaba al lado mío. Billie se movió por todo el escenario sin parar, hiperactivo, saltó, bailó de manera extraña, se revolcó en el piso, estaba tan endemoniado como todos nosotros. A lo último cantó: “It’s St Jimmy and that’s my name…”, y dejó su oración sin terminar. Le habré gritado alguna grosería para que se apure, para que termine, porque se quedó mirando al público, agitado. Era un verdadero demonio. Y como no decía ni hacía nada, empezaron a cantar todos otra vez: “Olé, olé, olé, olé…”. Y pasó el tiempo, y seguía sin terminar. Se agachó sobre el micrófono y dijo: “Muchas gracias”, terminó la última frase, y el público volvió a estallar.
Boulevard of Broken Dreams comenzó después, y todo el público cantó cada melodía, cada parte de ella, con los brazos en el aire, calmados otra vez. Es una suerte, tal vez, que Green Day tenga canciones que nos dejen respirar.
Pero no quiero detenerme demasiado en ésta canción. Porque cuando terminó, Billie salió del escenario y volvió a él con una de sus réplicas de Blue colgada. Gritó: “Are you old school Green Day fans all out tonight?!”. Todos gritaron. Vale aclarar que muchos del público tardaban en entender lo que gritaba siempre, la mayoría no sabía inglés, pero en cuanto caían, gritaban bastante. Presentó inmediatamente después, Burnout, y todos gritaron todavía más, y no sólo los fans de la old school. A ese le siguió Coming Clean, y nadie podía creer los temazos que estaban tocando. Dejando Dookie de lado, siguió con un clásico de Insonmiac, Geek Stink Breath. Pero lo mejor para mí llegó después…
Desde que tuve mi entrada, meses atrás, venía diciendo que si llegaban a tocar Stuck With Me, no iba a pedir más de ellos, me iba a descontrolar, a sacar por completo, pero que era imposible porque nunca tocaban esa canción. Todavía no puedo creer que esa canción haya estado en la lista, no puedo creer que la hayan tocado para mí. Esos acordes los reconocí al instante, y grité desesperada que no podía ser cierto. Grité, empujé más que nunca a todos los que estaban alrededor mío, me colgué de la valla, todo eso mientras se me salían lágrimas de los ojos, era la mina más feliz del mundo. Y como tenía la costumbre de interpretar todas las canciones, casi ya a lo último, habré hecho un gesto que a Mike le gustó, porque miró a Tré y me miró para asentir con la cabeza, como diciendo “yeah!” (Perdón por mis pocas palabras, pero este tipo de alegrías no se describen mejor que con expresiones vulgares). Lo señalé y entonces habían dejado de tocar otra vez. Y lo mejor no terminó ahí, porque después empezó Maria. Pensé inmediatamente en mi amiga, en cómo debía estar ella, alejada de mí, me dieron ganas de abrazarla, y grité, salté y demás, todo por ella, como lo hubiera hecho junto con ella. Billie, además, se improvisó un cantito en base a ésta melodía. Mucho después, en medio de no sé qué canción, seguía cantando: “Argentina… Argentina… Argentina… This is my home”. Bastante pegadiza, de hecho.
Cuando terminó (cantando con la letra cambiada), presentó la canción siguiente como “una canción de su amigo Mike Dirnt”, el bajo empezó a sonar, y ya muchos sabíamos que se trataba de JAR. Algunos se la sabían menos, pero la saltaron igual. Todo sirve como excusa para un buen pogo. Y cuando terminaron de cantar los últimos versos, Tré se puso de pie. Todos le gritaron mientras se acercaba a la pasarela rápidamente, y cuando Billie le dio la guitarra. Pensé inmediatamente en Renacuajo, y en lo mucho que quería ver cantar a Tré. Estaba pasando, y todos nos pusimos a cantar o simplemente gritar cuando Billie se sentó en la batería y comenzó Dominated Love Slave, una de las bizarras y tan queridas canciones de Tré. Mis gritos seguro fueron parecidos a los que se escuchan en el álbum, o mucho peores y más repetidos, y estoy segura de haberle gritado “I wanna be your fucking dominated love slave, Tré” en algún momento, aunque obviamente no me escuchó. La cara de tortuga de Mike se acercó al micrófono para cantar la última frase, Tré saltó desde la plataforma de la batería, y terminaron haciendo mucho quilombo. ¡Fue genial! Y es evidente que nadie esperaba que Billie tocara Going to Pasalacqua una vez de nuevo con su guitarra. Nos sorprendió a todos, que una vez recuperados de la sorpresa, la cantamos, gritamos, los fans viejos contentos evidentemente. Y yo no podía ser tan feliz. Estaban tocando los temas que siempre había querido, y si bien se me había ido mi obsesión con Going to Pasalacqua hacía un tiempo, me recordaron lo mucho que amaba esa canción, que está entre mis favoritas del primer CD, por más sencilla que sea. Y al final de la canción, pasó algo que ahora me da bastante gracia, aunque no debería. Vaya uno a saber lo que Tré hizo, creo que sonrió tan ampliamente, con tanta ternura y miró para donde estaba yo, exactamente ni siquiera recuerdo. La cuestión es que se me llenaron los ojos de lágrimas y pestañeé. Grave error. El lente de contacto de mi ojo izquierdo se salió muy fácilmente, y pude agarrarlo. Pero no sabía cómo ponerlo. Intenté metérmelo de nuevo en el ojo, y ya habían empezado a tocar otra vez, justamente un tema que amo. Fallé como tres veces, más o menos, y se me calló al piso. Ya no lo iba a recuperar. Y entre ver a Green Day y usar anteojos por el resto de mi vida, ¿qué creen que elegí? No pasaron ni cinco segundos para que me pusiera a cantar y gritar otra vez, porque en ese momento sonaba 2,000 Light Years Away. Inmediatamente pensé en Addie, y en cómo me hubiera gustado verla por ahí, aunque sea para saber si era verdad que vino con ellos.

¡Vamos por la cuarta y última parte!

5 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Segunda Parte]

¡Lee acá la primera parte!
22/10/10 – El momento de mi vida

Cuando pienso ahora en todo lo que pasó y que tuve a las tres personas que me inspiraron como persona y en lo que se supone que va a ser mi futura vida profesional en frente de mis propios ojos, se me pone la piel de gallina. Era como un sueño, el más hermoso de todos los sueños, pero era real. Ellos cantaban para mí, para nosotros, traspiraron por nosotros, y toda la espera valió la pena.
Me levanté a las dos y media de la madrugada para darme una ducha antes de salir. Estaba media dormida, y lo estuve hasta que llegué al baño. Pensé: “estoy levantada a ésta hora para ir a ver a Green Day”, y ya no tuve sueño. De repente me despabilé. Me bañé y me quedé bastante debajo de la ducha y para cuando salí, María y Lulu ya estaban despiertas. Empezamos a preparar todo, nos cambiamos, teníamos las mochilas listas, mi vieja había preparado café, y otras cosas más. Salimos de casa. La noche estaba más fría de lo que esperábamos, pero no importaba. Eran poco más de las cuatro cuando estábamos en la esquina, y para tranquilidad mía (supongo que también para la de los demás), ya se veía el vehículo a lo lejos.
Viajamos tranquilas, hablando de cualquier cosa y junto con toda la gente que salía a trabajar a esas horas de la madrugada. Bajamos del bondi, y fuimos a la estación del tren. Habíamos perdido uno, y esperamos un rato hasta que llegó el otro. Mi intención era dormir un poco más en el viaje, pero fue imposible. No porque me haya sentido nerviosa ni nada de eso. De hecho, creo que estaba muy tranquila y eso me asustaba un poco. Llegamos a la estación, y después de comprar un par de corpiños rojos (algo que fue muy extraño, teniendo en cuenta que eran como las cinco de la mañana), porque queríamos usarlos cuando la banda toque King For A Day. Fuimos a tomar el bondi, y ya se empezaba a sentir la impaciencia. El viaje fue más corto, y después caminamos bastante, y hacía frío, pero traspiraba y temblaba. Estaba nerviosísima. Nos dijeron que vayamos por no sé dónde para llegar hasta la entrada, y empezamos a caminar, cuando vimos una fila. Era imposible para mí que sea esa, en realidad, creo que tampoco había tiempo para tomar conciencia de que esa era la fila, y me estaba desesperando. Preguntamos y efectivamente, era la fila. La hacían ahí para entrar por otra calle, que más tarde iba a ser cortada, así que esperamos. Casi me desespero cuando vi que ya estaba esperando por fin, pero mantuve la calma, y recién entonces me di cuenta de que tenía hambre. Pero ya estaba ahí, cada vez más cerca y más nerviosa.
La espera se me hacía interminable. A cada rato preguntaba la hora, me cagaba de frío y comía galletitas para pasar el hambre. “Pasó una hora desde que estamos esperando”, dijo uno que estaba adelante nuestro, y nosotras casi nos morimos. La gente fue llegando cerca de las ocho de la mañana, y a las diez ya la gente llegaba a montones. La fila avanzó un par de veces, y se armaron varias discusiones por gente que se colaba constantemente. Se empezaron a presentir los problemas que se iban a presentar más tarde, antes de entrar, que lograron ponernos bastante tensos a todos.
Llegó entonces Fio, después de un rato. Estaba con ella, con mi mejor amiga, e íbamos a estar juntas con Lu en uno de los mejores momentos de nuestras vidas. Y fue genial. Estaba Florencia con ella, y se pusieron con nosotros en la fila. Así que seguimos esperando.
Las horas pasaban muy lento. A la mañana todavía no daba demasiado el sol y había mucho viento, así que estábamos bastante quietas y de vez en cuando íbamos a dar una vuelta. Más tarde llegaron Renacuajo, Whatser y Eva, y los hicimos meterse con nosotros en la fila. No queríamos que estén lejos, además, adelante ya se habían metido un montón más. Me fui a cambiar cerca del mediodía, me puse los lentes de contacto (¡gran dilema después con eso! Aunque ni tanto, porque en el momento que ocurrió, no me importó) y volví a la fila. Esperamos. Llegó Lau y se puso con nosotros en la fila, que ya empezaba a no ser tan fila, y seguimos esperando. Compramos algunas cosas, como pins, posters, banderas, remeras… Y en mi caso, todo fue a parar a manos de mi vieja, que para algo estaba ahí. Cerca de las dos de la tarde, el sol estaba matándonos. Entonces fuimos a la sombra, donde estaban RT, Whatser y Eva, y nos sentamos con ellos. Pero habremos estado como mucho diez minutos, cuando vimos que la fila se empezó a mover. Y se movía demasiado.
Salimos todos corriendo, guardé las cosas que había sacado de mi mochila de cualquier manera y corrí. Entonces la fila ya no existió. Se amontonaron todos adelante contra la valla, y era sólo un grupo de gente. Nada de organización. Hubo discusiones por el lugar, ¿pero de qué lugar estaban hablando? Si delante de nosotros siempre había dos o tres personas más que habían llegado hacía quince minutos, y nadie respetó ninguna fila ni orden de llegada. Se empezó a poner muy tenso el ambiente y esperamos más de media hora así, apretados, con el sol quemándonos las cabezas. Hasta que empezaron a empujar. Y llegó un momento en que dijeron que íbamos a entrar, y cuando pasaba el tiempo y veían que no pasábamos a ningún lado, empujaron más y… La valla se cayó.
Fio, Lulu y yo habíamos estado agarradas de la mano desde hacía rato, y cuando lograron tirar la valla salimos corriendo las tres. Fue la corrida más desesperante de mi vida. Fio se adelantó y al final nos soltó, y yo me solté cuando Lau se cayó y se lastimó. Cuando vi que la levantaron, seguí corriendo, y busqué a Lulu. Una vez juntas, le agarré la mano y seguimos corriendo. No veía ni escuchaba nada. Sólo corría. Fuimos por un camino equivocado, volvimos, y finalmente llegamos a una fila nueva que se estaba armando. Ahí recién se puso todo más organizado. Nos hicieron entrar de a dos para armar una fila nueva y estábamos casi delante de todo. Lu y yo, y Fio con alguien más adelante nuestro. Y esperamos un poco más otra vez. Veíamos ansiosas cómo otros iban pasando para unirse a la fila. Gente que estaba delante de todo y terminó atrás, y al revés, o gente que incluso recién estaba llegando. No veíamos la hora de avanzar.
Cuando por fin empezó a avanzar, me puse más nerviosa. Entramos, verificaron la entrada, la cortaron (mi hermosa Charlie se sintió útil), la marcaron y después nos pusieron las pulseras del vip. Y ya estaba. Cruzamos el puente, algunos corrieron, yo corrí un poco, y después de dar una vuelta, ahí estaba. El escenario se alzaba delante de todos nosotros, con los instrumentos cubiertos, con todo preparado para las dos únicas bandas que iban a tocar en él. Y yo estaba a sólo unos metros. No podía estar en mejor lugar.
La gente seguía entrando. Y el lugar parecía demasiado chico para cinco mil personas que eran la vip. El campo, en cambio, era inmenso. Empezaron a tocar las bandas en el otro escenario, pero nadie las escuchaba. Ya cuando terminó de entrar la gente, estábamos muy apretados. Esperamos así desde las tres de la tarde, más o menos, hasta que empezó Green Day. Apretados como sardinas, sin poder mover ni los brazos. Y eso no era lo peor, porque encima que casi no respirábamos, los de atrás a veces empujaban, y cada vez era peor. Le hice viento a Lu varias veces porque sufre de asma y en ese encierro en la que ni siquiera se podía respirar bien, era muy probable que se descomponga. Y una hora después, más o menos, empezaron a sacar gente descompuesta o que estaba por descomponerse. El sol se empezó a correr, y el tiempo que estuvo alto en oeste antes de esconderse pareció interminable, quemándonos las cabezas, haciéndonos transpirar y ahogarnos. Estábamos sofocados y ansiosos, porque cada vez que terminaba una banda en el otro escenario, salía un cartel en la pantalla que decía “ESCENARIO 1. Massacre – 20:15; Green Day – 21:15”. Y todos gritaban y empezaban a gritar: “¡Olé, olé, olé, olé, Green Day, Green Day!”. Era lo único que se esperaba. Algunos del campo trasero veían a las bandas, se armó un pogo bastante interesante cuando tocó Cadena Perpetua o, mucho antes, Expulsados. Pero la gente quería sólo a Green Day.
Cuando se fue haciendo de noche y vimos que en el cielo aparecían algunas nubes extrañas, empezamos a rogar que llueva. Al final, ni el cielo se solidarizó con nosotros, que pedíamos agua a los guardias a cada rato. Pasábamos el vaso, pero éste nunca llegaba atrás. Y cuando consultábamos la hora, nos preguntábamos cuánto faltaba para las ocho. Y es que no queríamos ver a Massacre, pero que salgan ellos a tocar significaba que inmediatamente después venía Green Day, y ya todo se iba a movilizar mucho más. Fue una agonía, literalmente y con todas las letras de la palabra, estar ahí parado más de seis horas, sin poder mover ni los brazos ni los pies y apenas pudiendo respirar. No podía levantar el brazo que sostenía mi mochila, mis piernas empezaban a temblar, y mi cabeza también. Y fue la tarde más larga de mi vida.
Hasta que al fin, llegó Massacre. Una verdadera porquería. Aunque no escuché nada de lo que tocaron. El gordo que es el cantante se hizo rogar hasta último momento, lo veíamos comiendo un sándwich atrás del escenario. Le gritaron de todo. El gordo que pretendía ser freak vistiendo esas calzas ajustadísimas, la remera que dejaba ver toda su panza peluda, sus pelos largos llenos de rulos y que llevaba en sus brazos una muñeca grande y pelada, que daba mucha impresión. Algunos sí cantaban y se coparon, pero la mayoría empezaba a gritar: “¡Green Day, Green Day…!”, cuando dejaban de tocar. Dijo en un momento: “¿Saben lo que tienen en común los fans de Massacre y los de Green Day? ¡Que son todas putas!”. Y yo creo que eso no lo podía comprobar… Primero porque no había fans de Massacre en ese gran público de 35.000 personas; segundo, porque creo que los fans de Green Day somos MÁS putos todavía. En la última canción, todos se movilizaron y se pusieron más ansiosos y nerviosos. Cuando estaba terminando, el gordo dijo algo bastante largo, pero yo no escuché nada. Estaban todos en ese momento pidiendo a Green Day a coro, algunos de los que estaban más adelante les regalaron una lluvia de escupidas a los de Massacre, otros los abuchearon, los sacaron cagando. Y se fueron por fin.
Se escuchó entonces el audio que se escuchaba entre cada banda, las recomendaciones de “no correr, no empujar, no agredir, blah, blah, blah”, todas reglas que ya habíamos quebrantado hacía rato. Pero como sabíamos lo que significaba ese estúpido audio, todos volvimos a gritar, volvimos a pedir por Green Day, y a cada rato gritábamos. Empezamos a gritar distintos cantitos, un muy colgadísimo “he… oh…”, o sino simplemente a gritar para hacer quilombo. No podía creer que estaba a menos de media hora de verlos a ellos. Y la hora última hora que empezó con Massacre, fue la más larga de mi vida. Y de repente…
Las luces se apagaron, y se escuchó de fondo YMCA, y muchos cantaron con la letra cambiada en castellano por Susana Jiménez, cosa que fue bastante gracioso cuando después salió el Bunny! El conejo rosa, que Pergollini describió en la radio –me contó más tarde mi hermana-, y dijo con humor: “es increíble, un conejo ridículo y los hace reír (…) ¡rosado, borracho y sucio! Y están todos gritando, riendo…”. Rosado, borracho y sucio, llevaba dos cervezas Quilmes en la mano, la típica cerveza argentina. Ni siquiera se le hizo necesario incentivar a la gente a gritar, porque apenas entró, todo el público reaccionó al instante. Empezaron gritándole de todo, de mi parte un “conejo puto, sos lo más” y algunos otros mensajes que incentivaban al conejo que no podía entendernos a hacer cosas depravadas. Entonces no se entendía demasiado. Después empezaron todos a cantar: “It’s to fun to stay at the Y-M-C-A!”, pero evidentemente, nadie se sabía exactamente esa letra, y todos cantaban en un inglés de mierda, como buenos maricones que éramos. El conejo bailó un poco, tomaba cerveza, se iba hasta el otro lado del escenario, se acomodaba la cabeza, tomaba cerveza, empezamos todos a gritar “1, 2… 1, 2, 3, 4!” y él empezó a mover las manos contando, volvió a tomar cerveza, después siguió tomando y empezamos a gritar “¡fondo, fondo, fondo, fondo…!” y terminó haciendo fondo blanco con una botella de cerveza. Cuando menos nos dimos cuenta, se había ido.
Por mi parte, pensé que iba a volver a pasar mucho tiempo hasta que algo vuelva a aparecer en el escenario. La gente no se callaba, estaban todos conteniendo la emoción, los corazones latían juntos a un ritmo acelerado. Las luces se apagaron y se prendieron las blancas del piso, que iluminaron el escenario muy poco. Se escuchó el sonido de interferencia de una radio, que casi no se apreció durante tanto tiempo porque todos empezaron a gritar. No entendía, no podía estar pasando. No grité. Miraba al escenario y cuando me di cuenta de lo que eso estaba significando se me agrandaron los ojos y le agarré con fuerza el hombro a Lu. Empezaron a cantar todos The Song of the Century, mis ojos llenos de lágrimas que no lograban salir, cosa que sucede ahora mismo, que recuerdo ese momento, ese terrible momento. De repente, hubo movimientos en el escenario, ¡salieron ellos! La gente interrumpió su canto para empezar a gritar desesperadamente. Billie Joe Armstrong se acercó adelante y levantó los brazos, Mike Dirnt se ubicó en un costado y saludó también, y Tré hizo un gesto con los brazos antes de sentarse en la batería. No estaba a mi vista Jason White, y en ese momento muy estaba shockeada como para mirar a Jason Freese. No reaccioné, de hecho, a Mike y a Tré los vi de soslayo, porque estaba más accesible Billie a mis ojos, entonces lo miraba a él y de mis ojos todavía no salían las lágrimas. La gente me empujaba, no hubo momento en el que me empujaran más que ese. Empecé a llorar desesperadamente y entonces empezaron a tocar. Green Day estaba en el escenario, en Argentina, adelante mío. Eran reales, eran ellos, y estaban tocando para nosotros, después de tanto tiempo de espera.

[La última parte es la más larga y donde ya describo detalladamente todo lo que me acuerdo desde que aparecieron ellos xD!]

Tercera parte.

4 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Primera Parte]

By Celes.
Podría empezar describiendo lo que fue simplemente verlos, lo que pasó en cada canción, y cada momento, pero pretendo ir más allá de todo eso. Porque en cada uno de esos momentos, mis sentimientos iban cambiando como los colores de un camaleón. Además, creo que todo empezó antes del 22 de octubre, empezó ya a sentirse el día anterior, y podría decir en realidad, que empezó el 28 de mayo, cuando conseguí mi entrada, pero tendría muchísimo más para contar. Peleas, momentos de tensión, espera. Así que no voy a abarcar tanto, pero sí voy a empezar a contar ésta experiencia desde lo que pasó el 21 de octubre. Hoy, un día después del concierto y sin poder creer que ya todo terminó, sigo feliz. Pienso en la espera, en cuando por fin estaban en el escenario y en cuando ya no estaban más, y mi corazón late con furia. Así fue como me di cuenta de que Green Day marcó mi vida de una manera muy significativa, o por lo menos, pude confirmar que de verdad, jamás los voy a olvidar, y que jamás voy a olvidar esta hermosa noche.

21/10/10 – Impaciencia
Cuando me desperté a la mañana, ya sabía lo que tenía que hacer. El día anterior, mi prima había conseguido la plata para la entrada, y surgió una nueva esperanza. Es una de las personas que más amo en el mundo, y compartir con ella mi primer recital de Green Day era una de mis metas más importantes. Pero surgieron problemas. No estábamos seguras de que hayan entradas al campo vip, así que podíamos quedar separadas… O ella podía no ir, porque tampoco estaba segura de poder conseguir entradas al campo común. Fue en realidad, todo un razonamiento de mi mente paranoica, porque en ese momento, en el que faltaba ya un día y algunas horas para que esté viéndolos en frente de mí, todo me preocupaba y me sentía muy nerviosa. Y además, el ambiente en la Capital estaba bastante tenso. El paro de los gremios pasó a ser no sólo un paro de maestros, sino también de subtes, algunas líneas de trenes y demás, cuando en una protesta mataron a un joven simplemente por estar ahí. Y eso me preocupaba también, no poder llegar (no es que no me haya importado lo que pasó, de hecho, lo discutí bastante con bastantes personas, sólo que no es lo que importa en este texto).
Así que me levanté muy temprano porque tenía que hacerme un análisis de sangre, desayunamos después de eso con mi vieja (me había bajado la presión) y fui a tomar el tren para encontrarme con Lu en la estación de Retiro. Es entonces cuando ella casi se desespera. Llegó a tomar el tren y le dijeron que la línea que ella tenía que tomar estaba de paro también. Así que tuvo que viajar en colectivo hasta San Miguel (mi ciudad) para agarrar el tren que yo ya había tomado, que sí funcionaba. Así que cuando llegué a la estación, la esperé más de media hora, siempre comunicándonos por mensajes, porque mi vieja me había prestado su celular por las dudas, lo que de verdad fue una suerte. Y por fin llegó.
Desesperada, llegó conmigo y me abrazó, y fuimos inmediatamente a tomar el colectivo para llegar al lugar donde vendían las entradas. No era tan lejos, pero después caminamos por esas anchas calles medio perdidas, hasta que por fin llegamos (preguntando, por supuesto). El cartel de Hard Rock Café brillaba a lo lejos y casi empezamos a correr. Qué desesperante fue ver que, cuando subimos a donde se compraba la entrada, había una fila demasiado larga. Habremos esperado quince minutos o tal vez más (porque separaron la fila) hasta que sólo quedaba una persona delante de nosotras, que estaba ya sacando su entrada. Le dije a Lu “andá para allá y yo la saco”, y ella automáticamente se fue ya medio llorando para otro lado. Y cuando me tocó a mí, me sentí muy nerviosa.
-¿Entradas para Green Day? –pregunté, y mis manos se apretaron con fuerza.
-Sí –contestó cortante el tipo que atendía, y sentí un peso menos de encima. Y después pregunté…
-¿Quedan del campo vip?
-Sí –contestó otra vez, y entonces sentí que no podía ser tan suertuda y estar tan feliz. En realidad la suerte no la tuve yo, la tuvo mi prima, pero sufrí mucho por ella.
Después no me acuerdo qué más le dije, sólo sé que le pagué con la mano temblorosa y me dio la entrada. Me di vuelta y cuando Lu vio la entrada empezó a llorar. Le dije que lea lo que decía, y cuando vio que encima era de campo vip me abrazó y lloramos las dos. Porque iba a ser el momento de nuestras vidas, la impaciencia nos estaba matando, pero ya casi estaba todo asegurado, todo listo para nuestro momento con Green Day.
Tomamos un café para calmarnos un poco y fuimos a casa. Caminamos bastante porque me di cuenta de que no sabía cómo volver a Retiro (es decir, dónde paraba el colectivo) y porque también me di cuenta de que si pagábamos un colectivo desde donde estábamos hasta Retiro, no íbamos a tener para pagar el colectivo desde San Miguel hasta mi casa, y desde mi casa hasta el centro hay bastante viaje… Así que caminamos, porque no era tan lejos. Pasamos por la Bond Street y Lu se compró una musculosa de Green Day que está genial. Fuimos a la estación, y en el tren íbamos escuchando música, pero había momentos de silencio. Más que anda por mí. Me ponía a pensar en todo, lo que había pasado y lo que iba a pasar, y en qué tan importante era todo eso para mí. Era demasiado. Demasiado y muy pronto, todo junto, y todavía tenía miedo de que algo salga mal. Salió a la luz mi lado más paranoico, y cualquier pequeña cosa de lugar podía hacerme llorar de los nervios.

Llegamos a casa, y después de un rato, habiendo comido y demás, llegó Maria, que se iba a quedar a dormir y después iba a salir con nosotros. Fuimos a la casa de mi abuela, hablamos bastante con mi prima y mi tía, y después volvimos. Comimos y decidimos acostarnos temprano para intentar dormir un poco. Teníamos pensado levantarnos a las tres de la madrugada para salir a las cuatro y agarrar el primer colectivo. Pero no nos dormimos tan rápido. Dimos vueltas un par de horas, hasta que me dije que tenía que dormir, porque ni siquiera quería tener sueño o sentirme mínimamente mal al otro día, que iba a ser bastante largo. Cerré mis ojos, me dormí. Y no me acuerdo con qué soñé, pero cuando menos me di cuenta, el despertador ya estaba sonando.

Segunda parte.