Welcome to Paradise

Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!

28 dic. 2010

2010... That fucking year

Hoy es 28 de diciembre del 2010, y a días de terminar el año, me decido a reflexionar un poco sobre algunas cosas que me pasaron, principalmente sobre lo mejor que me pasó en la vida [Green Day] y sobre lo peor que me pasó [la escuela].
Vamos a hablar primero sobre lo malo. Resulta que en sí, todo este año estuvo cargado de emociones muy fuertes, de momentos que sé que por más que quiera, no me voy a olvidar NUNCA. Sabía que este era el año en que por fin iba a poder ir a un recital de la banda que me cambió la vida; sabía que este era el año en que terminaba definitivamente la escuela, ya nada más de "andar con mochilas y amargos recuerdos", y por fin a estudiar algo de mi interés; supe después que iba a ser tía por primera vez, y ahora ya estoy ansiosa, porque en cualquier momento llega Isis a este mundo; más tarde supe otras cosas que tampoco me agradaron demasiado, y conocí gente hermosa. Todo en un año, y probablemente por eso variaron tanto mis emociones.
El colegio... That fucking place. Se podría decir que de mis tres años de polimodal, este fue el peor. Terminé por desepcionarme más, por darme cuenta de que hay gente que tan sólo con diecisiete o dieciocho años ya tiene la mente jodida y que no va a cambiar. Me di cuenta de que ya ni por ellos se puede hacer nada, que están encerrados, en su burbuja, y lo único que resta es mantenerse vivo. Claro que probablemente [muy probablemente] también estoy jodida. Lo único que me restó fue pensar en que no todo el mundo es igual, que hay personas que tienen la mente un poco más abierta, más abierta que yo y mucho más abierta que otras personas. Lástima que me crucé con pocas...
Empecé el año creyendo que iba a irme de viaje, sólo por mis dos amigos, para pasarlo bien, tener lindos recuerdos en la nieve, grabarnos haciendo estupideces, y demás cosas que suelen disfrutar la gente de mi edad. Al final, terminé peleada con la mitad de mi curso y casi sin poder respirar esas cinco horas encerrada en mi salón. ¿Lo que me mantenía viva? Mis amigos. El hecho de que ya era lo último. Saber que afuera me esperaba algo un poco más parecido a la libertad. Y mientras tanto, ahí adentro había discusiones, el ambiente era pesadísimo, perdía tiempo en materias inútiles que no me van a llevar a ningún lado, pasé frío, calor, hambre. Más discusiones, aguantar más injusticias, tratar de encontrarle el lado positivo. Todo eso, cinco días a la semana, cinco horas al día, y los únicos dos días que salíamos una hora antes eran una bendición. Evidentemente, este año no saqué nada bueno de la escuela, que sólo era un tormento permanente. Fue muy distinto a los años anteriores, o será, probablemente, que antes todo me importaba mucho menos. Creo que crecí un poco.
A la entrega de medallas fui solamente por mi vieja y por mi abuela, punto final. Es así, no lo voy a negar a nadie porque me parece una hipocrecía. Desde que llegué a la escuela ese día me dieron ganas de salir corriendo. Fue lindo igual ver a los que realmente valían la pena, que casualmente, tampoco tenían demasiadas ganas de asistir. Pero una vez que entramos, donde estaban todos los demás, pasaban canciones que decían cosas como "recuerdos que no voy a olvidar" o esas cursilerías que siempre ponen sobre la amistad en la escuela. ¿Recuerdos? Claro, lindísimos recuerdos. Lindísimo el recuerdo de la piña en la cabeza que me metieron, lindísimo recordar que tenía compañeros que quisieron cagarnos, más lindo el recuerdo de que durante semanas no nos dirigió la palabra nadie, la mitad del curso porque no odiaban y la otra mitad porque no querían meterse en el quilombo. Lindísimos todos esos recuerdos, muy lindo acordarse de lo que sufrió mi vieja por mí, porque sabía que yo no me sentía bien con todo lo que pasaba. Lindo también haberselo ocultado a mi viejo, que ya bastantes problemas tenía con mi abuelo como para encima enterarse a fondo de todo lo que pasaba. Muy hermoso, por supuesto.
¿Y saben qué? No me lo voy a olvidar jamás. Nunca me lo voy a olvidar. Porque cuando me pregunten si no extraño la escuela, la respuesta va a ser directamente NO. No la extraño ni la voy a extrañar nunca. Sí hay cosas que sé que aprecio mucho, como esas mañanas de invierno, en que nos escapábamos del salón con Belu y nos íbamos al bufet, del lado de afuera, donde daba el sol de frente, poníamos música y simplemente estábamos, o las veces que nos habremos quedado horas después de clases en el ciber de en frente, con personas que este año no nos dirigieron la palabra. Las veces que nos íbamos con Alan y Martin a dar vueltas, las veces que nos engancharon boludeando y casi nos sancionan [y el chamuyo que nos salvó], o las tres veces que sí nos sancionaron, por reírnos de las caras que Juan hacía cuando cantában el himno, o cuando nos salimos de clases y no tuvimos ninguna excusa buena, un montón de cosas. Pero realmente, no volvería a la escuela sólo por vivir esos momentos. Porque todo lo demás lo supera. No solamente mis compañeros, porque desde que entré en octavo que me vengo quejando con los directivos por cosas que me parecen injustas, sin ser escuchada. No volvería nunca, no quiero. Ya me quité el cartel que dice "pegue que no duele", por lo menos momentáneamente. Hay que ver con qué me encuentro en esta "nueva etapa" que voy a comenzar.
Pero otra cosa que me mantenía viva, que me mantuvo viva por mucho tiempo, era Green Day. Porque desde que supe que los amaba y comenzaron a cambiar mi vida, supe también que no podía morirme sin verlos en un recital. Por lo menos para gritarles "gracias" y que mi grito se confunda con los gritos de todos los demás. Cumplido, ya me siento realizada. Porque gracias a ellos tres, mi vida comenzó a tomar otro rumbo, o tomó otro rumbo directamente. Entendí sus letras y mi cabeza se abrió, pude ver muchas cosas con mejor claridad. Entendí todo lo que me decían, entendí sus mismas contradicciones y las cosas que siempre dejaron más que claras. Y a raíz de eso, conocí muchas otras cosas. Escuché a mis bandas favoritas, leí mi libro favorito, conocí a mis mejores amigos, supe a qué iba a dedicar mi vida, creí en cosas nuevas y dejé de creer otras, comprendí lo que se supone que debo ser. Porque ellos llegaron cuando estaba creciendo y me enseñaron mucho de lo que sé. Gracias es poco, porque encima de todo, vinieron hasta acá y dieron un show para mí. Sí, para mí y cuarenta mil personas más, y fue el mejor show en la historia de Green Day. ¿Gracias? Me las meto en el culo, jamás voy a poder expresarles con palabras todo lo que significan para mí.
Es por eso que desde mayo, cuando nos enteramos la fecha, y desde el 28 de mayo, cuando tuve la entrada en mis manos, hasta aquel maravilloso 22 de octubre, el gran pensamiento que ocupaba mi mente era Green Day. Soportaba todo por Green Day, lo retenía todo por ellos, porque lo demás, ya no me importaba. No me importaba ir al viaje de egresados, porque iba a ir a verlos a ellos, no me importaba pasar horas y horas en la escuela, porque sabía que por tres horas iban a estar tocando para mí.
¿Otras cosas que me pasaron? [Si creen que corté mi discursito sobre "lo que sentí por Green Day este año" a propósito para no extenderme, creen bien.] Bueno, me enteré que voy a ser tía, como ya dije. Esa fue una de las razones por las que no fui al viaje. Belu no iba a ir, y era, además de Alan, mi única mejor amiga en mi curso. Si no iba ella, ¿qué íbamos a hacer nosotros? Bancarnos a los demás, claro. Además, hasta ese momento no sabía en qué fecha iba a ser el viaje y el recital, y si coincidían, ya daba por hecho de que al viaje no iba. No me iba a perder a Green Day por nada del mundo. Así que nos bajamos los tres, y después se bajaron otros más. Ahora, la panza ya está de nueve meses [casi] y esta semana ya voy a conocer por fin a Isis ♥. Estoy conteniéndome todo el tiempo de mandar un mensaje preguntando "¡¿ya salió la pendeja?!", porque si lo hago, Belu me va a pegar (?).
Además de ésto, conocí a gente muy kopada. A los de la GDH, a gente nueva en La Fonola, en otros lados, mucha gente que llegó y con la que es genial compartir momentos.
Por esas cosas y muchas otras, en el 2010 me pasó lo mejor de mi vida y lo peor de mi vida. No fue para nada aburrido, porque tengo un montón de recuerdos distintos. Hay que ver cómo me trata la nueva década, si es que en el 2012 no se termina el mundo.

26 dic. 2010

Muestra del 23/12/2010

Nuevamente, como otras veces, participar de ésta muestra fue realmente genial. Siempre es un placer hacerlo, desde antes hasta el momento en el que uno está tocando arriba del pequeño escenario. Es la cuarta vez que participo del evento, y sólo siento que cada vez me gusta más participar y estar en esa escuela de música que es La Fonola, porque el ambiente en sí me hace sentir en mi hogar.


Pero no quiero empezar con cursilerías, simplemente voy a comentar cómo la pasé, como suelo hacer desde... la segunda muestra, si no me equivoco. Resulta que inicialmente teníamos cinco temas preparados [más que otras veces, creo que ya parezco figurita repetida apareciendo en todos lados], pero al final terminamos tocando cuatro, porque el chico que tocaba la otra guitarra desapareció inesperadamente, y uno de esos temas no valía la pena hacerlo sin él... O puede ser que en realidad no quisimos hacerlo simplemente porque no nos gustaba. Ezequiel parecía no querer cantarlo, lo que es entendible porque no se sabía la melodía, y por eso, yo estaba obligada a cantar también, así que sin discutirlo en ningún momento, ese tema NO se tocó. Quedamos así con los cuatro temas: Rock n' Roll, Saxofón, Balafón [un tema de composición propia que quedó realmente genial!]; No Woman, No Cry [de Bob Marley, que salió tan genial <3]; onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_M1f2RcvfXz4/TRfiMLy52_I/AAAAAAAAAXw/qC4WNUhBr80/s1600/100_4010.jpg">
Hicieron temas muy buenos, variaron mucho los estilos, como siempre, y hubo también momentos grosos. Como cuando subió una nena que tendrá seis o siente años de edad y la rompió cantando con su vocecita extremadamente dulce. Fue demasiado tierno, verla casi me hace mariconear. Cantaba, y al principio se notaba que estaba nerviosa, cantaba bajito. Y después, a medida que se daba cuenta de que todos adelante nos derretíamos viéndola, le empezó a poner onda, y terminó moviéndose, cantó con todo, y qué se yo, fue épico. No entiendo cómo mi viejo no le sacó fotos, me llegó tanto... Después, otros del taller de percusión se pasaron con un par de temas en los que participamos todos con palmas o gritos. Cuando terminó la primer mitad de la muestra, salieron afuera a tocar, como siempre, y pedían al cielo que nos tire un poco de agua calmar el calor un poco. ¿Y saben qué? Llovió un poco. Seguro que si seguían cantando un poco más, llovía lindo.


Tocar ésta vez estuvo bueno también porque me sentí más relajada. Nunca estoy tranquila cuando toco en una muestra, pero sí me sentí mejor ahora. Ya no era mi primera vez arriba de un escenario y bueno, sabiendo que los temas estaban buenos y salían bien, era un placer estar ahí otra vez. Empezamos con No Woman No Cry, que me gustó porque fue "semi-instrumental". Ezequiel tocaba la melodía con el piano y todos cantábamos el estribillo. Un par de arreglitos más y quedó una muy linda versión, me habría gustado grabarla. De verdad. Después le siguió When It's Time... Me puse nerviosa al principio, y la cagué un poco, pero al final salió bien igual. Lu tenía razón, es una canción que significa demasiado por cosas que no pienso explicar ahora, y en un momento creo que tuve que cerrar los ojos y esforzarme para que no me tiemble la voz... Sí, yo estaba cantando. En fin, después tocamos la Chacarera, en la cual me colgué y dejé de tocar al principio, no sé por qué. Sé que me puse a pensar en otra cosa, y cuando me di cuenta, habían empezado sin mí, pero en fin. Suele sucederme seguido, creo que tengo que solucionar eso. Me ODIÉ a mí misma porque en "Rock n' Roll, Saxofón, Balafón" me olvidé de afinar la sexta cuerda y tuve que ponerme a afinarla mientras los demás no dejaban de tocar. Quedó bien igual, lo hice rápido, pero creo que mi cara de orto cuando empecé a tocar sí fue notoria. De cualquier manera, ese tema la rompió, y fue el último que tocamos.


Como ya dije, estuvo muy genial haber participado otra vez, haber tocado con mi hermana, haber cantado y haberlo pasado bien en los ensayos, pasando los temas, tratando de recordar las mil partes que Ezequiel quería agregarle a todos los temas, haberla flashado con Rock n' Roll (...), haber tocado con los chicos de los saxos, haber hecho sonidos extraños para "ambientar", las prendas que nunca cumplimos, los mates, el submarino ♥, la necesidad de AGUA éstas últimas semanas, y muchas otras cosas, hasta que finalmente terminó saliendo todo muy lindo. ¡Vamos que el próximo año se viene alguna de punk rock!

[Jimena, mamá, Sofi, yo, Leo, Lulu, y papá sacó la foto :)]

20 dic. 2010

FUCK.

Caaaaaaaada día es peor. Tengo que admitir que sí. Y es que simplemente, cada día siento que hay más cosas que me atraen...
Estúpida! Estúpida! E S T U P I D A ! Ya te habías dicho a vos misma que no tenías que buscar más motivos para embobarte, pero veo que obviamente, no funciona con vos.
¿La razón? Nah, obvio que no. Tenés que entender, querida conciencia, que aunque la razón me diga de verdad qué es lo que tengo que hacer, siempre me olvido de que ésta existe cuando está él. Es imposible, ya deberías saberlo.
Y sí, pero al final, ¿quién se termina cagando en todo este asunto? ¿Él? I don't think so...
Ya sé, ya sé, pero no tengo ningún apuro. Puedo olvidarme de esto en cualquier momento, y mientras tanto, sueño. Sí, es la decisión más estúpida que pude haber tomado, y voy a intentar descartarla en cuanto me sienta lo suficientemente bien como para pasar ese detalle por alto, pero mientras tanto...
Sufris. Porque cuando lo veas con alguien más (y sabes quién es ese "alguien más") en un par de días, te vas a querer tirar abajo de un tren.
Nah, no es para tanto. Quiero creer que no es para tanto, así que si lo creo, no lo es. No voy a negar que me deprime, soy bastante infeliz. Estoy jodida, también lo sé. Pero tengo motivos para vivir. Mi vida no termina en ese lugar... Sí puede que empiece ahí, pero termina mucho más lejos.
Qué profunda...
Gracias.
De todas formas, tenés que pensar en otras cosas. ¿Lo intentaste, por lo menos?
¡Por supuesto! Claro que lo intenté, ¿pero cómo puedo pensar en otra cosa o en otra persona en ese momento? Está frente a mis ojos, es músico y le apasiona lo que hace. Me mira proponiéndome ideas, como si de verdad pudiera darle mi opinión. ¿Lo hace a propósito? Es obvio que me cuesta pensar en esos momentos y que terminaría diciéndole que sí a todo. Por suerte, ésto último es sólo una exageración, porque sí puedo por lo menos formular ideas en frente de él... Afortunadamente, sino quedaría como una retrasada mental.
Bueno, pero intentá pensar en las cosas que no te gustan de él entonces. Qué se yo, para intentar alejarte nomás...
Ya no sabes ni qué decir. ¿Qué es lo que no me gusta de él? ¿Su pelo? Y si fuera de otra manera, seguro que me encantaría igual. ¿Qué no me gusta de él? ¿Ella? Sí, eso es lo que odio de él, y ni siquiera puedo decir que lo odio, porque por lo menos es feliz. Ella no me importa, me importa él. Además, cada día descubro cosas que me atraen más, como ya dije.
Mentira, ¿qué descubriste últimamente?
Que me oculta cosas; que es vegetariano (y cuando me enteré de esto casi me derrito); que me oculta cosas porque de verdad no quiere decir mucho de su vida personal, y eso me tiene intrigada.
No tenés que sentirte intrigada.
Me importa una mierda lo que tenga que sentir o lo que no. Nadie puede controlar los sentimientos. Ni siquiera yo. Sé que puedo olvidarlo si quiero. Puedo ponerle un fin a todo esto cuando me lo proponga. Si quiero, puedo estar la semana que viene pensando en alguien más, aunque en ésta última ocasión, seguramente todavía sentiría dudas. Cuando quiera puedo terminarlo, pero es como un proceso de recuperación que lleva tiempo, por lo menos conmigo. No me gusta alguien distinto todos los meses.
Ya sé, ya sé... Pero entonces, ¿de qué sirve que hables conmigo si siempre vas a terminar en la misma conclusión?
Porque es divertido, no sé. Los demás se asustan de mi salud mental.
Sos TAN graciosa.
Gracias.
Bueno, entonces no me vas a dar bola, vas a seguir en otra, con la mente fija en el mismo gil.
No, prometo que voy a intentar que no sea así. Intentarlo, por lo menos. Sé que ya va a llegar el momento en el que lo olvide, de verdad.
No sé si creerte, pero vamos a suponer que lo hago. Es lo mejor.

19 dic. 2010

Mágico como un sueño

... Sólo recuerdo la última parte de lo sucedido, porque de lo anterior sólo retuve imágenes y el miedo. Pero lo último lo recordaba con tanto detalle, que cuando abrí los ojos, mi corazón seguía latiendo muy rápidamente.
Estaba en un patio grande, de piso de cemento y rodeado de edificios, parecido al patio exterior de mi escuela primaria. Pero yo sabía que era el patio de mi actual casa. Caminaba hacia la puerta, junto con mi papá, y acabábamos de escapar de algo. La puerta se acercaba con lentitud, y cada vez sentía más miedo. Cuando estábamos llegando, me giré para verificar que nadie nos seguía, y aunque no pude ver a nadie, el silencio me indicó que debíamos correr. Nos metimos rápidamente adentro y cerramos la puerta justo cuando un rayo verde fue disparado hacia nosotros. Mi papá cerró la puerta de madera pintada de azul en un ademán rápido que impidió que el rayo verde lo alcance. Yo me había caído al piso. Me miró y no alcanzó a decir nada, porque la puerta empezó a ser empujada por alguien desde afuera, y él empujó para detenerla. Me puse de pie de un salto e intenté ayudarlo.
Lo primero que hice después de apoyarme al lado de él, fue sacar la varita de mi bolsillo. Mi papá no podía sacar la suya, así que por un pequeño espacio entre la puerta entreabierta y la pared, yo lanzaba hechizos sin siquiera pensar en si podían ayudarnos en ese momento o no. Sí sabía (y esto era lo que me aterraba) que afuera había más de una persona y que todos ellos querían acabar con nosotros.
La fuerza de ellos que evidentemente era superior a la nuestra, terminó por sacar la puerta de sus goznes, y ahora era sostenida en pie sólo por nuestro peso. Era nuestro escudo, lo único que nos protegía de los rayos de colores que provenían desde afuera. Mi papá hacía fuerza, no podía permitirles la entrada. Ese era nuestro hogar, ahí adentro estaban... Mis hermanas.
Cuando ésta idea se cruzó por mi cabeza, no lo pensé dos veces. Quise decirle a él que iba a ir a buscarlas para escapar, pero no me salió ni una palabra de la boca. Me alejé de la puerta, corriendo por un largo pasillo, hasta que me crucé con otro y giré hacia allí, y ya no vi más a mi papá por el momento. Al final entré por otra puerta hacia la habitación, donde mis hermanas dormían. El lugar era enorme, con paredes muy altas pintadas de blanco, y sólo había en él dos camas, en las cuales estaban mis hermanas. La más grande estaba despierta, aterrada. Se levantó de un salto cuando entré, y cuando vi que me había ahorrado el trabajo de despertarla, fui hacia mi hermana más chica. Con el pelo completamente revuelto y cara de sueño, la obligué a levantarse.
- ¡Dale, despertate, vamos! -grité histérica, agarrándola del brazo.
Se levantó todavía envuelta en una frasada grande y rosa, que en la vida real me habría sorprendido ver porque se supone que la habíamos tirado hacía años. Se envolvió en ella y la abracé con mi brazo derecho. Con el otro brazo, rodeé el cuerpo de la mayor, y salimos de la habitación, mientras sostenía mi varita en alto.
Corrimos por el pasillo otra vez y terminamos en el comedor, que era muy parecido en realidad al comedor de la casa de mi abuela. A mi izquierda, la pared y la ventana más grande de la casa habían sido destruídas casi por completo. La ventana se mantenía sólo por lo poco que quedaba de la pared, y mi papá estaba ahí con alguien más que no reconocí. Ya había sacado su varita y los rayos verdes que entraban y salían iluminaban el patio de afuera. Había más gente, eran mortífagos. Comprendí que no podíamos quedarnos ahí, o de lo contrario, algún hechizo podría alcanzarnos, así que nos fuimos hacia la derecha, donde estaba la puerta de la cocina. Ésta habitación era un poco más chica, y, al igual que el comedor, era muy parecido o casi igual a la cocina de mi abuela. Había una mesa chiquita apenas entramos, y a nuestra derecha estaba la puerta que daba hacia afuera, al lado de la heladera. Al lado de ésta última, había un espacio, y finalmente, contra la pared de en frente, había un mueble grande debajo de una ventana.
Corrí hasta la puerta junto con mis hermanas, agachadas las tres, ya que ésta tenía una ventanita pequeña en la parte superior y podíamos ver y ser vistas desde el patio de afuera. Tenía que empujarles la cabeza porque ellas querían ver qué pasaba. Cuando fui a empujarlas una vez más, me detuve porque afuera hubo movimiento. Me quedé paralizada, en silencio. A simple vista, el patio de ese lado estaba vacío; todos estaban luchando del lado de la ventana grande, en el comedor. Mis hermanas asomaron la vista también, no se los impedí. Estaba temblando ligeramente. Nos quedamos petrificadas hasta que escuché una risa maniática, fría, demente.
Mis ojos se abrieron enormemente y volví a empujarlas hacia abajo una vez más, justo antes de que un rayo de luz verde atravesara la ventana de la puerta. Los vidrios rotos cayeron sobre nosotras, y mis hermanas empezaron a llorar.
- ¡AGÁCHENSE! -grité y me puse de pie. Mi hermana más chica tiró la frasada por encima de mi otra hermana y se cubrieron las dos.
Empecé a tirar hechizos sin lograr acercar ninguno. Ya sabía quién era la que estaba afuera, pero no la había visto todavía. La puerta amenazaba con salirse otra vez, porque ésta no era de madera, sino de un metal viejo y casi oxidado que no iba a resistir mucho. Llegaban hechizos que esquivaba de milagro, y tiraba otros que también eran esquivados. Quería ayuda, y justo entonces, llegó mi mamá. Me empujó hacia un costado y tiró algunos hechizos sin hablar con su varita, para después volver a esconderse contra la pared. La bata blanca estaba toda sucia y para nada arreglada, y su cara estaba traspirada. Volvió a acercarse a la ventanita y salió de su varita un rayo de luz verde.
- ¡Correlas a un costado! -me dijo, refiriéndose a mis hermanas, que estaban acurrucadas a nuestros pies.
Las obligué a levantarse, sosteniéndolas de la cabeza para que no se incorporen del todo y se mantengan agachadas y caminamos hasta el rincón entre el mueble y la heladera.
- Quédense ahí -les dije cubriéndolas bien con la frasada. Las dos estaban llorando.
Cuando volvía con mi mamá, la vi. Afuera, una melena de pelo negro enrulado corrió delante de nuestros ojos. Su cara pálida y demente nos lanzó una desvergonzada risa y alzó su varita hacia nosotros. Bellatrix Lestrange era quien estaba intentando aniquilarnos a mi madre, mis hermanas y a mí. Soltamos varios hechizos con mi mamá en dirección a ella, pero los esquivó maravillosamente, y después tuvimos que cubrirnos otra vez. Pero ella había pasado en frente de la puerta para dirigirse hacia la otra ventana, la que estaba encima del mueble. Había rejas y era muy pequeña, no podría entrar por ahí, pero supe que lo que pretendía era matar a mis hermanas. Simplemente por el hecho de vernos sufrir, simplemente porque le gustaba, porque estaba loca y quería hacernos sentir el mayor dolor que puede uno sentir.
Corrí hasta el rincón, justo cuando aparecía en mi campo visual a través de la ventana.
- ¡Rictusempra! -grité, y el hechizo atravezó la ventana rota sin producir ningún efecto.
Varios hechizos rozaron las cabezas de mis hermanas, cubiertas por la manta, y cada vez que ocurría, la más chica gritaba o lloraba más fuerte, y la otra la abrazaba con fuerza, tratando de calmarla. No podía decirles que se levanten, y no podía ponerme delante de ellas, o sería muy fácil que me maten a mí también. ¿Y después qué? Mi mamá intentaba acercarse a nosotras, pero mi papá estaba teniendo serios problemas para detener a los otros del lado del comedor.
Me acercaba más a la ventana y volvía a alejarme rápidamente, para lanzar hechizos que sabía que nunca servirían. Bellatrix hacía lo mismo, sólo que podía moverse con más facilidad. Un rayo de luz verde pasó rozando por mi oreja, y mis hermanas gritaron. Entonces me acerqué más. Justo entonces, Bellatrix pasó por en frente de la ventana para ocultarse del otro lado. En unas milésimas de segundo, la vi saltar hacia el otro lado. Y en esas mismas milésimas de segundo, levanté mi varita, con lágrimas en mis ojos.
- ¡Avada Kedavra! -grité lanzando mi brazo junto con el hechizo, sosteniendo mi varita con fuerza, de la cual salió un rayo de luz verde. Y le dio justo en el corazón. Y la muerte fue instantánea, indolora, pero a pesar de eso, vi en su rostro una mueca de sufrimiento, que se había formado antes de recibir el hechizo. Justo un instante antes. Antes de caer al piso, ya estaba muerta y yo permanecí de pie, con abundantes lágrimas cayendo por mis mejillas. Mis labios se apretaron con fuerza y volví a levantar la varita-. ¡Avada kedavra, avada kedavra! -grité desesperada, disparando un hechizo que ya era inútil, simplemente porque me sentía abatida yo misma.
Se me cruzó por la cabeza la idea de que había matado a alguien, y más lágrimas lucharon por salir de mis ojos, pero después miré a mis hermanas, que me miraban también con sus ojos irritados, y me dije que ya tendría tiempo más tarde para pensar en mi moralidad. Dirigí una rápida mirada hacia la ventana y me acerqué a ellas. Algo me hacía desconfiar del cuerpo inerte de Bellatrix. Sabía que no volvería a moverse, pero seguía sintiendo miedo de ella, de que en aquel momento pudiera levantarse y matar a mis hermanas. Las abracé a las dos con un brazo y con el otro sostenía la varita, y fuimos hasta la puerta de la cocina que conectaba con el comedor, y ahí nos alcanzó mi mamá. Las abrazó y las condujo hacia otro lugar. De la pared que intentaba cubrir mi papá y ese otro que no sabía quién era, ya casi no quedaban rastros. Sólo escombros, tras los cuales ambos hombres se escondían para evitar hechizos. En cualquier momento podían cansarse lo suficiente como para perder velocidad, y no poder esconderse a tiempo...
Mi mamá se unió a ellos. Había escondido a mis hermanas en otra habitación. Y estaba por correr con ellos cuando decidí darme vuelta y mirar hacia la cocina. Y para mi horror, detrás de la ventana hubo movimiento. Mi corazón latía con violencia, pero pude reaccionar rápidamente. Me acerqué otra vez a la ventana, con miedo. Yo le había dado, Bellatrix estaba muerta, porque le había dado más de una vez. Pero de todas formas, la vi, sólo que ésta vez me sorprendí más por lo que pasó que por el hecho de verla viva.
Se levantó, y al hacerlo, dejó atrás su cuerpo. La mujer que se había levantado era joven, bella y con una mirada que no se parecía en nada a la anterior. Sus ojos ya no eran demoníacos ni había rastros de locura en ellos. Observó su cuerpo con pena, dolor y después me miró a mí, con la misma expresión en el rostro. Su piel, antes pálida y grisásea, ahora obtenía un color más natural. Sus finos labios eran de un rosado húmedo y su rizado cabello castaño no la hacía ver mal. Su cara parecía pequeña entre aquella melena oscura. Entró por la ventana (pudo hacerlo porque para entonces, ésta ya estaba destrozada y ya no tenía rejas) y avanzó hacia mí, con serenidad. Intenté levantar mi varita, pero el horror se había apoderado de mí. Habría comenzado a soltar hechizos como una loca de no ser por el repentino cambio. Pero no podía, simplemente porque debía saber.
Cuando estuvo parada en frente de mí, levantó los brazos, y al momento siguiente, sentí su cuerpo junto al mío. Tardé en darme cuenta de que me estaba abrazando. Sus brazos me rodeaban, aunque yo no hice lo mismo. Su pelo me molestaba en la cara, pero no me atrevía ni siquiera a correrlo. Su piel era cálida y suave, era como si de verdad se tratara de una persona viva, cansada porque acababa de batirse a duelo con alguien, estaba cubierta por un leve sudor. Pero en realidad, tampoco sabía de qué se trataba. No sabía si estaba viva o muerta, si era una persona o un fantasma... Pero los fantasmas no tenían la piel tan cálida.
Su voz tembló.
- Gracias -musitó aferrando sus manos con fuerza a mi ropa.
Mi corazón seguía latiendo con fuerza, pero ya no sabía si era miedo. Escuchaba los ruidos en el comedor, pero no podía hacer nada, porque aquella situación era más extraña aún. Mi cara estaba atrapada entre su cuello y mis brazos inútiles a los costados de mi cuerpo. Intentaba pensar con claridad, pero el cansancio y la confusión me lo impedían. Me alejé un poco, y se salió su pelo de mi cara, por lo que pude ver. La miré a los ojos, pero no me soltaba todavía. Le sequé las lágrimas con el ceño fruncido.
- De nada -contesté, sin saber si era en realidad la respuesta correcta.
Ella sonrió. Sus labios jamás habían mostrado una mueca tan adorable, o si lo habían hecho, seguramente la habrían olvidado con rapidez. La piel en su rostro también era suave. Me alejé un poco más, sin dejar de mirarla. Tenía que hacer algo rápido si no quería que pensara que estaba demente. Pero probablemente, ella ya sabía también todas las cosas que se cruzaban por mi cabeza, y entendería cualquier reacción mía, fuera estúpida o no...

Cuando me desperté, todavía tenía la sensación de estar mirándola fijamente. Me acordé que también, entre esa mezcla de sensaciones había tenido ganas de correr, quise besarla también porque miraba sus labios más que a sus ojos, quise pedirle que nos ayude a alejar a los otros mortífagos, quise hacer un montón de cosas. Y aseguro que todo lo que pude redactar ahora, lo recuerdo muy bien. No exageré ningún detalle. Hacía mucho que no me acordaba de un sueño con tantos detalles. Últimamente, soñaba un montón de cosas y no lograba recordarlas al despertar. Por eso me sorprendió esto. Me desperté de golpe, como quien se despierta de una pesadilla gritando. Sólo que no grité. No sé si fue una pesadilla, porque al final todo fue muy confuso. Pero me acordaba de todo, de cada gesto visto en el rostro de mis papás y mis hermanas, de cada palabra, de cada acción y cada momento, desde el momento en el que corrimos con mi papá hasta la casa para salvarnos de un terrible ataque sorpresa.
Después, pensando en detalles, me di cuenta de que nosotros hubiéramos sido una familia de magos, mi hermana más grande también tendría que haber tenido varita, ya que habría estado en segundo año. Pero son detalles sin importancia. Lo que sí importa es que mi inconciente está bastante lleno de Harry Potter, y es curioso porque no creo estar tan loca por el libro o película. Soy muy fanática, pero de hecho, hace mucho no leo nada de Rowling, y la última vez que vi una película fue hace bastante también. Pero tuve otro sueño anoche que también tuvo que ver con alguien con quien no hablo hace mucho tiempo... Aunque entiendo porqué soñé con él. Y es porque creo que no lo voy a volver a ver más, porque tiene que ver con la escuela, y porque ayer fue probablemente la última vez que lo vea. No tiene importancia, simplemente fue raro.
Mis sueños, llenos de magia.

14 dic. 2010

The stories and disciples of the Jesus of Suburbia

Amigos... Hoy precisamente estaba pensando en lo raro que son mis amigos. I mean, todos somos raros, todos tenemos nuestras costumbres, buenas o malas; nuestro carácter y temperamento varían, pero justamente estaba pensando en la gente que me rodea. ¿Tan raros tenían que ser? Creo que para rara, en ese caso, estoy yo. A uno le dan ganas de reír para no llorar...
Repasemos:
Mejores amigas, una que es extremadamente celosa. Tiene grandes problemas para discimular cuando está mal por algo y demás, tal vez eso no sea tan extraño. Después de todo, es su carácter. Lo raro son ciertas situaciones, como el hecho de que cuando éramos chicas, nos encantaba golpearnos. Y no golpecitos, sino cagarnos a trompadas. Oh, memories... Y otra de ellas sí que es un caso especial. Me refiero a que, por favor, la tipa vive en otro país, si eso no es especial, entonces yo soy la presidente de la República Argentina. Y sí, lo último fue una exageración. Y de todas formas, nos llevamos bien. Por algo es mi mejor amiga. Otra curiosidad acá podría ser que no nos parecemos en nada y que no tenemos nada en común, excepto nuestra banda favorita. Las cosas que logra la música...
Ahí no termina la cosa. Tengo amigos que son padres, y amigos que son un tiro al aire. Mi amiga madre tiene pelo verde y le gusta la psicología, a pesar de que tiene altos problemas en la casa. Pero de todas formas, ella es seguramente tan rara como yo. Algo que nos caracteriza a ambas, es que este año odiamos a todo el curso, y todos estaban en contra nuestra. Lo pasamos genial. Y el otro no sabe qué va a hacer de su vida, pero ese sí que es un personaje. No sabe cómo va a continuar, pero sabe que quiere tatuarse a Perón en el pecho. También detesta cuando su mejor amigo se va con su novia en lugar de irse con él. ¿Pero creen que se lo guarda? No, obviamente que no... Perdí la cuenta de cuántos fueron sus intentos por separarlos. En ese mismo ambiente que es la escuela, también encontramos a dos peronistas, católicos, que a pesar de compartir éstas características, viven discutiendo constantemente. Bueno, seguramente es por el hecho de que ella apoya al gobierno del momento, mientras que el otro lo detesta y pretende convencer a la gente de que Menem fue el mejor presidente de los últimos años. Es también el tipo de persona que entra al Palacio de San José con una remera de Rosas.
También está, por supuesto, el típico dúo dinámico, ese que está unido desde el primer momento y que no piensa separarse nunca, de los cuales, uno de ellos tiene muchísimas dificultades para aprender algo, y el otro asume todo lo que lee con una facilidad asombrosa. Uno de ellos escucha música nacional, y el otro escucha bandas de metal extranjeras. Uno de ellos es de pelo castaño y ojos marrones, y el otro es morocho de ojos verdes. Y a pesar de eso, son inseparables.
También están las parejas, particularmente esa en donde él es más bueno que el pan, y donde ella es forra, cortante, directa, pero ambos se ven tan bien juntos. Y tengo amigas que siempre están juntas y que parece que todavía tienen que alejarse un poco del camino de la inocencia.
Si creen que esto no es nada, a ver qué les parece lo siguiente. Uno de ellos es una de las personas más freaks que conocí en mi vida, que a simple vista no provoca nada, pero es adentro de su cabeza donde todas las ideas parecen surgir e invadir todo lo que está a su alcance. Apodos raros, proyectos raros, historias raras, todo lo que sea raro le encanta y produce cosas raras. Y cuando se le va la mano, siempre está ella, para calmarlo y decirle que se ubique, con toda su ternura, y cómo me hace reír cuando lo reta. Me hacen pensar en una relación de hermanos, y es muy gracioso. En este grupo también tengo que incluir a la típica piba que no para de hablar nunca, que siempre tiene algo para comentar y que todo lo que dice es tan flashero que es imposible no reír. Y al lado de ella, otra persona que es un poco más callada, reservada, que no dice demasiado, pero en el momento indicado, dice las palabras justas para hacerte morir de risa.
Lo raro de este último grupo, en el que me incluyo, es que solemos enviciarnos demasiado en un foro, y que ahí tenemos más amigos freaks. Como por ejemplo, una mina que tiene serios problemas para definir su sexualidad, por lo que según ella "algunos días es hetero y otros días es homosexual". Su mejor amiga, demuestra tanto, pero tanto su pasión cuando algo le gusta, que da miedo. Otro de ellos, no aparece nunca, pero siempre que lo vemos aparecer por ahí, llega con ideas nuevas y nadie le cuestiona el papel de "líder". Lo curioso de éstas últimas tres amistades, es que también son de otro país. Cool.
Volviendo a personas que suelo ver personalmente bastante seguido, me encuentro con una chica que tiene altos problemas en la casa [frase que suele usar], que por alguna extraña razón, siempre hay algo de ella que la relaciona con el colegio Hogwarts de Magia y Hechizería. Estoy segura de que su le hubiera llegado la carta para ir, habría podido hacer desaparecer algunos de sus siete gatos por arte de magia.
Otra relación que considero una rareza, es la que mantengo con una de mis mejores amigas también, que si bien vive a dos cuadras de mi casa, hace miles de años que no la veo. También somos completamente diferentes, porque con ella no compartimos ni siquiera los gustos de música, pero será el hecho de que crecimos juntas lo que nos mantiene unidas. Tiene la manía de cambiar de color de pelo como cambia de remera, y atrae más hombres que cualquiera. Y yo la amo.
Debería seguir nombrando, porque sigue faltando acá gente bien freak que quiero muchísimo. Cada uno tiene sus cosas, algunos creen en especies tripolares, algunos basan sus creencias en Star Wars, otros están obsesionados con el anime, a otros no le gustan las cosas dulces; algunos de ellos tienen tantos problemas en la cabeza que a veces me es imposible comprender algo de lo que dicen, y otros son tan normales que terminan siendo raros de tan normales que son. Hay de todo y para todo, eso nadie lo puede negar, y yo para mí tengo de todo. Si tengo que describirme por estar en ese grupo de grandes amigos, diría que soy una obsesiva paranoica, que ama escribir y tocar la guitarra pero lo hace mal, que a veces sospecho que soy un poco bipolar y siempre tengo ganas de ir a un psicólogo. Diría muchísimas cosas más, y para mí, siempre voy a ser la más freak, porque sólo yo sé lo que se pasa por mi cabeza, como creo que cada uno se asustará de lo que tiene escondido ahí adentro.
Porque todos tienen algo que los caracteriza y que me hace pensar en ellos, como personas únicas, que voy a recordar siempre por lo especiales que son.

10 dic. 2010

Cambio de planes.

No me importa. Hay mucha mierda alrededor de todo lo que hago, pero no importa e.e
HAY QUE SALIR DEL AGUJERO INTERIOR
Y voy a salir u n r a t o, a ver si cómo me tomo las cosas cuando vuelva. Cool!

Viernes... ¿Y llueve?

Damn! Damn! Damn! Damn and hell!
Son las... tres y veinte de la tarde, y sí, sigo en pijama. Y no tengo ni la más mínima intención de cambiarme o mejorar mi aspecto. Ya mañana voy a tener tiempo para eso. Y sí, conozco muy bien el estúpido dicho de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", pero no me importa. Sé que nada va a cambiar demasiado de un día para el otro, porque ahora, mis viernes, mi semana de puros viernes se está volviendo monótona y aburrida. Y mañana va a ser igual, ¿saben? La única diferencia es que pienso salir a la noche, pero soy una estúpida. Haciéndolo sólo voy a fingir que estoy de buen humor. Pero bien, con suerte capaz que me miento a mí misma. Ojalá logre mentirme a mí misma.
Es verdad que vivir siempre en el mismo presente o rutina, como quieran llamarle, puede volverle a uno loco. No creo estar llegando a ese estado, pero siento la diferencia. En este momento, escribiendo esto, pensando en que recién empiezo las vacaciones y moviendo mi pie con nerviosismo [tengo un tic en realidad, siempre muevo el pie], es más fácil darse cuenta de eso. Pero por otro lado, prefiero ésta libertad a tener una contención como la escuela. A esa prefiero ni nombrarla. No, mi problema realmente no es este, mi problema es que toda la semana estuve de mal humor, que toda la semana estuve al borde de un período de depresión [estuve considerando seriamente hablar con alguien respecto a ésto, porque me parece raro que de vez en cuando me dé por deprimirme sin razón alguna], que ya no encuentro nada que me motive... Creo que estuve muy cerca de sentirme como Holden Caulfield, de verdad. En realidad, muchas veces me siento como él.
Muchas veces lo entiendo y me acuerdo de cuando veía a su hermana en el tiovivo y llovía, y entendía lo que estaba pasándole, no tanto por su mente sino más por su corazón. Sus sentimientos. Eso probablemente es lo que siento y sentí muchas veces. Porque siempre observo las mismas cosas que él, discuto las mismas cosas que discutió él en aquellos días de víspera de Navidad, pienso en las mismas cosas y pienso entonces en que nada de lo que haga sirve porque soy insignificante. Porque "soy cobarde, desvergonzado y débil", como dijo Shinji de Evangelion, en una situación que probablemente no tenga nada que ver, pero son aquellas tres palabras las que creo que mejor me describen ahora. Cobarde, porque tengo miedo. Tengo miedo de seguir así, de perder confianza en mí misma, de no poder hacer algo de mi vida, de no poder lograr lo que me propongo algún día. Y eso me acobarda. Empezar algo nuevo provoca cobardía. Desvergonzada, porque intento justificar muchas de las cosas que hago, pero sé que no tengo razón. Porque digo cosas de las que sí tengo razón, también sin preocuparme por ello, pero me preocupo por cosas que no tienen importancia y no miro lo que de verdad debería mirar. Llega a ser casi egoísmo, pero no lo es... No todavía. Y débil. Principalmente débil. Porque sola no valgo nada. Porque no puedo luchar contra mí misma y los demonios de mi alma, porque no tengo la fuerza suficiente para dejar todo esto que estoy escribiendo atrás y mirar todo con un poco más de optimismo. ¿Más? Si siempre fui muy optimista... Lo sigo siendo, pero es difícil. ¿Dónde están las palabras optimistas para mí? Por lo menos que me engañen, pero quiero escucharlas, quiero, o mejor dicho, necesito que me recuerden de que existe la luz. Porque sólo quiero verla, porque quiero salir de este lugar en el que me encuentro ahora, y quiero tener la certeza de que voy a llegar a algún lado a este ritmo.
No quiero que llegue el día en el que tenga que resignarme a crecer y tener un hogar, una familia, mantenerlos y demás. No quiero tener que mantener a nadie en el sistema en el que vivo ahora y en el que todos viven, es ese sistema lo que me molesta muchísimo también. A la larga, es una redundancia tan grande que nadie la nota. Todos viven cosas distintas todos los días, pero siguen siendo condicionados por ese sistema, y se repiten las acciones, vuelven a repetirse una y otra vez, nadie lo nota, pero es igual que una montaña rusa. Da vueltas y vueltas... Y parece que nunca va a terminar. Me gustaría estar viva para cuando termine, pero realmente no creo lograrlo.
Probablemente sea por todo esto y algunas otras cosas [detalles] por lo que me deprimo de vez en cuando. Es cuando me acuerdo de todo esto que suele pasarme, supongo. Ahora no estoy deprimida, sólo de mal humor... Y hace días que no logro escribir más de dos renglones. Para peor, ayer me di cuenta de que TODA mi carpeta con fotos, documentos, y sí, con todo lo que escribo, desapareció. Sí, sé dónde está, en el disco rígido de mi primo, porque la corté y la pegué como una gran idiota. Ahora no sé cuándo me va a traer todo eso de vuelta y me recuerdo a cada rato que lo tiene él y que simplemente por eso no tengo que desesperarme. Pero hasta entonces, ¿qué tengo que hacer? Está bien que hace días no puedo escribir nada, pero... A veces tengo ganas de intentarlo. A veces me veo tentada de abrir el documento y esperar para ver si surge una idea. Un par de veces creo que dejé ir momentos de inspiración, y esos son muy valiosos para mí. Tengo que resignarme...
Estoy jodida.

9 dic. 2010

The COOL day.


¿Para mí? No, para mí no fue nada cool. De hecho, me levanté temprano, ahora estoy hecha un zombie, fui a inglés y después de mucho tiempo buscando, no pude encontrar Four Weddings and a Funeral para verla online, así que ahora por lo menos espero que se descargue para consolarme un poco después de tanto tiempo perdido. ¿Pero eso importa? No, porque acá quiero recordar que es el cumpleaños del mejor baterista del mundo, uno de los tres hombres que me cambiaron la vida, ladies and gentlemen: Mr Tré Cool, from Green Day.
Tré, Tré, Tré, es muy, muy, muy cool. Su nombre lo dice y no puedo agregar demasiado sobre eso, es simplemente la verdad. Aunque nunca en su vida vaya a leer esto, deseo por lo menos tener la libertad de expresar todo lo que siento por él en la fecha de su cumpleaños. Porque es eso, ¿no? En sí, nunca me interesan demasiado los cumpleaños, los hago especiales si la persona que cumple lo considera una fecha especial [lo cual la mayoría de las personas hace]; pero en el caso de él, de los miembros de Green Day en general, nunca pude decirles todo lo que los aprecio, por haber cambiado mi vida, porque ellos llegaron en el momento exacto para hacerme volar la cabeza con sus canciones. Nunca pude ni puedo decírselos, a excepción de aquel 22 de octubre que ahora parece tan lejano. ¿Pero vale que se los diga si no lo van a recordar después? Para ellos debo ser ahora un sueño como se me hace que lo fueron ellos para mí. Sí, sé que pretendo demasiado, pero es que con sólo decirles GRACIAS me sentiría realizada. Y no da para que ande por la vida gritando cuánto los amo o que soy muy fanática de ellos, simplemente retengo esos sentimientos... Bueno, no tanto, a veces los dejo ir, muchas veces en realidad, cuando encuentro a alguien con quien hablar del tema. Y las fechas de cumpleaños, en el caso de ellos, me sirven para eso, para expresar mi gratitud.
Entonces, la palabra indicada es: G R A C I A S. Gracias Tré Cool, por ser parte de esos tres que me llenan de alegría cuando más lo necesito, porque su música me hace feliz, porque es inevitable no sonreír cuando escucho hablar de ustedes, o cuando me pongo a pensar en cómo una persona puede ser tan genial.
Debería agradecerle a él algunas otras cosas, tales como:
*La pérdida de mi lente de contacto: Esto es lo más cerca que pude estar de Tré Cool y por un momento no fue gracioso... Después decidí que ya estaba perdido, y que no iba a arruinar mi noche por un estúpido lente de contacto. Estaba en el recital, gritando, saltando como podía y mirándolos a ELLOS. Oh sí, eran ellos y yo. Y lo veía a Billie recorrer el escenario emocionadísimo, a Mike tocando y disfrutando de estar ahí con sus mejores amigos, hasta que lo vi a Tré... Y sonrió de una manera tan hermosa [siempre amé la sonrisa de Tré]; era increíble que esa sonrisa se estaba dibujando de manera espontánea en frente de mis ojos, sonriendo porque todos nosotros estábamos eufóricos. Lo creí tan irreal, pero sin embargo estaba sucediendo. Sonrió y lo miró a Billie, estaba terminando una canción y supongo que se sonreía porque ya nadie cantaba, sino que gritábamos desesperados. Y se me llenaron los ojos de lágrimas, sólo por aquella sonrisa, y al segundo siguiente... Me llevé la mano al ojo izquierdo y a la mierda el lente. Lo miré y traté de ponérmelo de nuevo, una vez... se salió, casi se me cae... Otra vez... se salió y se me cayó, y me quedé mirando el piso medio traumada. Empezó a sonar 2,000 Light Years Away. ¿Importaba el lente? Si el lente importaba en ese momento, entonces definitivamente no estaba viendo a Green Day. No le di importancia, pero sí, Tré, fue tu culpa.
*Las ideas bizarras que siempre le da a mi hermana: No sé si se sabe que tengo una hermana que está medio loca también [en realidad, todos estamos locos acá]; hace caras, sonidos raros, molesta todo el tiempo, y en las conversaciones sólo está para acotar cosas que no tienen nada que ver con el tema, probablemente, y que a uno le hacen morir de risa. Así es ella, y desde que conoce a Tré Cool [era muy chica cuando lo conoció], empezó a poner en práctica alguna de las estupideces que suele hacer él. Gracias Tré, total vos no tenés que soportarla todos los días.
*Sonrisas y risas contagiosas: Lo que siempre logra transmitir, porque el día en que Tré Cool no haga reír a alguien, el mundo ha de haberse vuelto tan l o c o como él. Es inevitable que no lo logre, a veces, varias veces, me pasa que estoy muy deprimida, y esos son los momentos en los que pienso "debo escuchar música", más específicamente, Green Day. Y si bien todas las canciones levantan el ánimo, no hay como escuchar Dominated Love Slave, por ejemplo. Man, es como si todo por lo que antes había estado deprimida fuera tan estúpido como la manera en que me hace saltar esa canción! Y más desde que tuve el placer de escucharla en vivo, el 22 de octubre. Entonces me acuerdo de todas las cosas que le pude gritar aquella vez, ¡eso era una maldita fiesta, una verdadera fiesta! Y no sólo las canciones, en los videos pasa lo mismo, porque Tré lleva un payaso dentro, y sabe sacarlo en el momento indicado. A la vez sabe comportarse, y yo creo que es una gran persona, admirable, porque simplemente vive la vida y lo pasa bien. No me importa que haya fracasado en el matrimonio y con todas las novias que tuvo, se lo ve tan bien que no me gustaría pensar que sufre por alguna otra mujer alguna vez. Es Tré, él siempre va a brillar por algo más que lo que pretende llegar a tener un hombre alguna vez, más allá de una familia, él brillará por el gran personaje que es, por cómo es tan directo y dice las cosas cuando verdaderamente lo siente. ¿Ven que el apodo Tré Cool vuelve a quedarle bien?
Creo que debería haber seguido diciendo otras cosas... Pero acaban de pasar algunas cosas que terminaron de arruiarme el día :) Y no quiero empezar a mandar mala onda en este texto, por más que sea insignificante e incoherente en cierto sentido. Feliz cumpleaños, Tré, cumplí muchos más, chabón, porque así te quiero, con Green Day hasta que tengan ochenta años y sigan tocando y moviéndose con bastones

5 dic. 2010

¿Puedes?

"... «¿Puedes tú, Paul? -se preguntó en sueños-. Sí. Es así como sobrevino. Es así como he llegado a mantener casas en nueva York y en Los Angeles y más hierro rodante del que hay en algunos parques de coches usados. Porque puedo y no es algo por lo que tenga que disculparme, maldición. Hay montones de tipos que escriben mejor prosa que yo y que entienden mejor lo que es la gente y el supuesto significado de la Humanidad, demonios, ya lo sé. Pero cuando el monitor pregunta ¿lo consiguió? sólo levantarían la mano unos pocos. En cambio, por mí se levantan muchas manos, o por Misery..., pues al final creo que los dos somos iguales. ¿Lo conseguí? Sí. Apuesta lo que sea. Hay en este mundo un millón de cosas que no sé hacer. No puedo batear una pelota, ni siquiera en la secundaria. No puedo arreglar un grifo que gotea. No puedo patinar ni dar un acorde en la guitarra que no suene a mierda. Dos veces he intentado el matrimonio y en ninguna lo conseguí. Pero si quiere alguien que lo saque del círculo, que lo asuste, que lo seduzca con una historia, que le haga llorar o sonreír, eso sí que puedo. Puedo traerlo y llevarlo hasta que grite basta. Soy capaz de hacerlo. Claro que sí.»
La insolente voz del joven pistolero mecánico susurró en medio del sueño, que cada vez se hacía más profundo:
«Lo que tenemos aquí, amigos, es una mezcla importante de grandilocuencia y espacio en blanco.»
«¿Puedes? ¡Claro que puedo!»
«¿Lo consiguió?», inquirió la máquina convertida en monitor.
«No. Hizo trampas. En El hijo de Misery, el doctor no fue a la casa. Tal vez todos ustedes olvidaron lo que pasó la semana pasada. Pero un ídolo de piedra nunca olvida. Paul, debe salir del círculo. Perdónenme, por favor. Ahora tengo que aclarar. Ahora tengo que...»

-Aclarar... -murmuró, deslizándose hacia la derecha..."

Misery - Stephen King.

30 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Cuarta Parte]

¡Lee acá la primera parte!
¡Lee acá la segunda parte!
¡Lee acá la tercera parte!

Hitchin’ A Ride fue un orgasmo masivo. Creo que la mayoría sabíamos lo que esa canción significaba, o cómo se ponía Billie cuando tocaban ese tema. Y si no lo sabían, se lo habrán imaginado rápido cuando después empezó con su intento de orgasmo que se sintió tan cerca, como nunca creí que lo escucharía. No pasó nada no apto para menores, aunque después Lu me confesó que ella había visto a Little Billie medio… “tenso”. No sabría decir acá si es verdad o si mi prima tiene un pedo mental mucho más importante que yo, pero no me habría sorprendido, y además no sé cómo no miré hacia ahí abajo en ningún momento. Conclusión: Mi mente no es del todo depravada (la de Lu un poco).
Dejando de lado la posible erección de Billie o no, terminaron con esa canción y empezaron los covers. Tocaron cuatro, los mismos que suelen hacer siempre, aunque los que más gustaron fueron los últimos tres. Primero porque eran los más conocidos, y segundo porque eran de verdad los mejores. Sweet Chile O’ Mine la cantó todo el mundo y por lo menos acá se suele cantar hasta el solo que hace Slash; Billie cantó con una voz finita, un intento de Axl Rose que me hizo reír y que me hizo acordarme muchísimo de un amigo mío (se parecía más a la voz de pito de mi amigo que a la voz de Axl, pero el intento valió la pena, Bill). Ésta canción y Highway to Hell tuvieron sus momentos en los que el público entero cantó a capela, y se escucharon perfectamente las voces que me erizaron los pelos del brazo. Y después todos pedimos un tema. Y como habíamos estado gritando toda la tarde “HEY HO LET’S GO”, empezó Blitzkrieg Bop y todos se sacaron. ¡Aguanten los Ramones, carajo! Tenía que decirlo, como lo grité allá cuando terminaba el tema.
Brain Stew/Jaded también era esperada por muchos. En la primera todos movieron sus cabezas con las manos levantadas al sonido de la música, empujones lentos y pesados, que dieron paso a Jaded. Aunque antes de eso, Billie se tomó su tiempo para disparar remeras al público. A mí evidentemente, no me llegó ninguna, así que fue una de las veces en las que aproveché para pedir agua. Eso también era una de las cosas buenas de estar adelante.
Y cuando terminó, pasó lo que había esperado con ansiedad. Billie dio vueltas otra vez. Pidió un cantante, un cantante era lo que necesitaban. Todos empezamos a intentar llamar su atención. Buscó muy bien entre el público hasta que se decidió por alguien. “She’s got green hair”, dijo para identificarla, mientras la señalaba. Haushi Drucklyn (vayan a face para felicitarla/putearla) subió al escenario mirando todo con los ojos muy abiertos, evidentemente sin poder creerlo. La había conocido horas antes, y ahora estaba ahí la muy hija de puta, con ellos, y a punto de cantar. Abrazó a Billie, se separó de él, y lo abrazó otra vez. Después corrió hasta Mike y se le colgó del cuello, mientras que Billie la miraba desconcertado. “Hey you! Come here!”, le gritó varias veces, medio riendo, y ella volvió con él. Le dio el micrófono y contaron juntos antes de empezar. Cantó, como dijo la Rolling Stone, para el culo, pero todos cantamos con ella, la pasó increíble, la pasamos increíble, y antes de que termine la canción Billie le dijo que espere, que iban a buscar otro cantante. Entonces un flaco se colgó del escenario. Los tres lo miraron y se empezaron a reír mientras él intentaba desesperado subir al escenario. “Ahora venís acá y cantas”, le dijo Billie aguantándose la risa. Subió y lo abrazó, y terminó de cantar él la canción. Dijo algunas palabras a lo último, que no pude escuchar, pero en un descuido, Billie le bajó los pantalones. Levantó los brazos y se giró para quedar mirando a Tré. Y después, sin que nadie lo esperara (ni siquiera ellos tres), ¡se bajó los boxers! El público estaba enloquecido entre medio de la risa y los gritos, Billie, Mike y Tré se tentaron a más no poder (aunque la cara de trauma Tré cuando el tipo le mostró su miembro no me la voy a olvidar nunca, antes de que empiece a reír con los demás). Se subió los pantalones otra vez y se tiró del escenario hacia el público. Ya había cumplido su sueño, y evidentemente al flaco ya no le importaba más nada. Todavía riendo, Billie se acercó al micrófono otra vez y llamó a la chica que había estado antes. Pidió que suba otra vez. En cuanto estuvo con ella, le regaló la guitarra con la que había tocado. La envidia se habrá sentido en su máximo punto, pero felicitaciones Haushi, felicitaciones de verdad. Y es por todo esto que seguramente, Longview fue una de las canciones que más emociones retuvieron, fue increíble.
Y encima, después le siguió Basket Case. Esa canción que todo el mundo conocía, que todos los fans viejazos esperaban de verdad, que no podía faltar. Volvió a sentirse el pogo, Billie gritó en medio de la canción, estábamos todos celebrando, ¡era todo una maldita fiesta! Y cuando terminó, el bajo y la batería comenzaron a sonar otra vez. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Miré inmediatamente a Lu, intentando ubicarla. ¡Estaban tocando She! Empecé a señalarla, a gritarle de todo a ella, y a gritar eufórica otra vez. La lista de canciones perfecta se estaba completando. Canté y grité porque no pude estirar mi brazo para agarrar a Lu aunque sea del hombro, pero la canté con todo lo que pude, Billie volvió a gritar y fue como la milésima explosión.
Cuando terminó, volvió a desaparecer Billie del escenario, y después nos dimos cuenta de que todos estaban disfrazados. Tré tenía su típico sombrero rosa, anteojos gigantes y un corpiño rojo por encima de la camisa. Luché por quitar el corpiño que había llevado de la mochila, pero fue imposible. Mike tenía unos cuernitos rojos y anteojos, Billie tenía un sombrero de policía y una peluda bufanda rosa, Jason White tenía un sombrero de pirata, y… ¡Elvis había aparecido en reemplazo de Jason Freese! ¡Estaba vivo, y estaba en Argentina junto con Green Day! King For A Day empezó, otra fiesta más, más saltos, más gritos. Billie mostró sus nalgas a un costado del escenario, vi su culo blanco muy cerca de mí. Y una vez que gritó “STOP!”, todos gritaron. Tré se levantó y caminó hasta adelante moviendo el culo. Desfiló por un costado, se acomodó el bulto del pantalón, todos gritaron otra vez. Todos le silbaban, estaba toda una puta. Le apoyó a Billie, y después se agachó delante de él, en una pose que cualquier mente depravada hubiera malinterpretado. Todo el público estaba atento de lo que hacía Tré, que al final cantó su parte del Shout. Cuando terminó, todos cantaban su nombre mientras volvía a la batería y Billie lo señalaba. Y después el público empezó a pedir por Mike. Billie lo miró, nos miró a nosotros y lo señaló. El público gritó con más fuerza el nombre de Mike, hasta que Billie agarró el bajo y Mike se acercó a cantar la misma parte del Shout que había cantado Tré. Y cuando terminó Mike, el público pidió por Elvis, ya que anteriormente Billie había dicho que Elvis estaba en Argentina. Billie agarró el saxo entonces, y Elvis se acercó a cantar. Fue muy gracioso escuchar su voz grave, creo que me tenté en ese momento, mientras él cantaba. No pude ver a Billie tocar el saxo porque estaba del otro lado del escenario, pero no importaba. Y al final, pidieron por Jason White. El que siempre está más escondido, se acercó a la pasarela y cantó la misma parte que los demás. ¿Se dieron cuenta que Billie es multiuso? Y cuando terminaron, todos volvieron a gritar y esperaron lo que seguía. Billie siguió cantando, se tiró en el piso y empezó con una segunda ronda de covers, al ritmo de la música del Shout. Obviamente antes, le hizo el amor al piso, que fue más envidiado que la chica que se llevó la guitarra. El público entero coreó Satisfaction como si los Stones estuvieran en el escenario (y como si fuéramos fanáticos de los Stones), y después Billie tuvo que interrumpir el canto de la gente para empezar con Hey Jude. “Se me puso la piel de gallina”, le dije a una chica que estaba al lado mío, que pasó su mano por mi brazo y me sonrió. Escuchar al público entero cantar esa canción fue realmente hermoso, y fue tierno, a pesar de lo bizarro y divertido que había sido todo lo anterior y lo que le seguiría. Cuando se levantó otra vez, terminó el tema con bastante quilombo y al final sólo la guitarra tocó algunos acordes, hasta el final, donde todos volvieron a gritar.
Las luces se apagaron. Se sabía que el tiempo había pasado, que nos habían robado fácilmente casi tres horas de vida, pero no podía ser que faltara ya tan poco para el fin. Billie Joe apareció sólo iluminado por una luz en el escenario, con una guitarra acústica, y comenzó a tocar 21 Guns. Esa canción me llegó muchísimo. Pensé en todo lo que había pasado hasta que por fin estuve ahí, en cosas que probablemente no tenían nada que ver con ellos tampoco, en mi vida personal, y en lo mucho que me faltaba por vivir. Si él pretendía hacerme llorar con esa canción, lo logró sin ningún esfuerzo. La banda apareció después atrás de él, y todos cantaron juntos, el público cantaba, varios lloraban, estaba siendo uno de los momentos más hermosos. Una cortina de luces apareció atrás de ellos en el momento del solo, y no pude contener el llanto. De hecho, creo que las 35.000 personas que estaban en el lugar se deben haber dado cuenta de eso, porque una cámara me enfocó en el momento justo, y salí en las pantallas. Pero eso ya no tiene importancia. La canción fue hermosa, y no fui la única que lloró. Fue un momento hermoso, y jamás me voy a olvidar de todo lo que sentí.
Y para terminar con el momento melancólico y volver a levantarnos el ánimo a todos, empezaron a tocar una vez más con un temazo. Minority empezó, y nosotros la minoría la cantamos hasta quedarnos sin voz. No recuerdo si fue acá, pero fue casi al final seguro que Billie dijo que “éste había sido su mejor recital, mejor que American Idiot, mejor que Dookie, mejor que Milton Keynes, mejor que Woodstock”. A más de uno se le habrá caído una lágrima del orgullo. No, están equivocados si piensan que lloré por eso, pero sí me sentí muy orgullosa. Logró subirnos el ego por las nubes; Billie, gracias. Y cuando ya me estaba olvidando que faltaba éste tema, empezó con American Idiot. Y si Basket Case fue brutal, no se compara con esto. Pero no lo sentí otra vez. Sí me lamenté cuando a mitad del tema, Billie miró a Mike y empezaron a hacer señas para que se abra una ronda en medio del público. Y el tremendo pogo que se armó debe haber sido la baba de cualquier punkie. Y encima, al terminar American Idiot, empezó la segunda de ese CD, Jesus of Suburbia. Los diez minutos de canción fueron geniales, la gente se adaptó a cada ritmo que abarca esa canción, saltaron, se movieron lento y cantando los coros en Dearly Beloved, y terminaron la canción con explosiones, fuegos artificiales de fondo, y la gente tenía ganas de más.
Las luces volvieron a apagarse. Ahora sí que el final nos había agarrado por sorpresa. Billie salió solo otra vez, con la guitarra acústica, afinó las cuerdas en otro tono y se acercó al micrófono. Yo no quería creer que ya era el final, no podía ser verdad. Empezó a tocar mientras yo repetía constantemente “no, no, no…”. Tocó una hermosa versión de Whatsername, me que hizo soltar lágrimas, aunque no demasiado. Se puso serio. Lo veía sólo a él, a su nariz algo congestionada, sus ojos brillaban y bajaba la mirada. Fue realmente uno de los temas más hermosos que habré escuchado, ese, en ese momento, de Billie para nosotros. Y cuando terminó, afinó la guitarra otra vez y empezó a tocar unas tres cuerdas que me hicieron dar escalofríos. Wake me up When September Ends empezó a sonar. ¿Dije alguna vez que no puedo escuchar esa canción sin llorar? Bueno, imagínense lo que fue escucharla en ese momento, y encima, escuchar un leve titubeo por parte de Billie poco antes de que se le una el resto de la banda. Me puse a llorar sin poder contenerme, y lo veía sólo a él, porque si bien había estado atenta de toda la banda durante todo el recital, en ese momento no podía mirar a alguien más. Cerraba los ojos, cantaba, se veía tan hermoso y era tan triste a la vez. Pensé en lo que yo misma perdí, en todo lo que significa cada palabra de esa canción para mí, me envolvió por completo. No terminó la canción. Después del solo las luces de atrás se apagaron otra vez y no empezó a cantar. Se acercó al micrófono y empezó con otra canción, la última canción. Cuando empezó a tocar Good Riddance, se escuchó un “no” instantáneo en el público, porque ya sabíamos que faltaban minutos para que aquel hermoso momento termine, para que ellos se vayan otra vez. Tocó esa canción y mis lágrimas resbalaban por mis mejillas. Había tenido el momento de mi vida, muchos gritaban “gracias”, otros lloraban también, yo no podía ni cantar. La única frase que pude articular fue “for what it’s worth, it was worth all the while”. Billie cantó el segundo estribillo, y de lo que sigue no me voy a olvidar nunca. Se alejó del micrófono para tocar sólo la guitarra, y su vista de dirigió hacia mí. No esperaba que me vea, pero fue inevitable pensar que de verdad me estaba mirando a mí. Porque tal vez era la única que lloraba (del lugar donde estaba yo), o no sé por qué, pero sus ojos verdes y brillantes se fijaron en los míos, y esos segundos que estuvo tocando y mirándome fueron eternos. No podía bajar la vista, lo veía a los ojos, y él me veía a mí, vi que había lágrimas contenidas, porque no puede ser que sus ojos brillen tanto simplemente porque sí. Le dije que lo amaba y entonces fijó su vista en la guitarra. El contacto visual se rompió, pero él me vio, me vio decirle que lo amaba, y yo sentí una gran mezcla de emociones que me despertó, y pude cantar lo que quedaba de la canción. Y cuando terminó de cantar y parecía que había terminado, agregó: “Wake me up when September ends…”. Un acorde final sonó en todo el lugar, y el concierto terminó.
El público empezó a gritar otra vez llamando el nombre de Green Day. Se prendieron las luces y salieron todos los demás al escenario. Tré ya tenía puesto un saco negro, y tiró cuatro baquetas hacia un costado, nada que esté a mi alcance. Mike tiró un puñado de púas hacia donde estaba yo, pero no pude agarrar ninguna. Billie también tiró púas. Había muchas luces y ellos saludaban al escenario, despidiéndose entre los gritos de la multitud. El recital había terminado y Green Day se fue antes de que todos empecemos a pedir aunque sea una canción más, por más en vano que sea.
Me había quedado en shock otra vez. Me quedé mirando el escenario sin poder creer que ya había terminado. Se habían ido, y todo pareció durar una miserable media hora. Más de tres horas estuvieron tocando para nosotros, y nos dejaron bien conformes, pero con ganas de más. Había visto a la banda que más influenció en mi educación, que me cambió personalmente y que cambió mis planes futuros. Ellos le dieron un ritmo distinto a mi vida, desde que escuché Wake me up When Septermber Ends por primera vez y no les di tanta importancia hasta que llegaron a mí otros temas. Terminó, había cumplido mi sueño, uno de mis más grandes sueños. Los vi, ellos me vieron, Mike me vio varias veces, Billie me miró, y Tré me hizo reír, llorar y perder un lente de contacto. Fueron ellos a los que le debo gran cantidad de cosas, y de lo único que me arrepiento es de no haberles dado las gracias. Encontré a Lu muy rápido porque estaba cerca de mí, y la abracé. Entonces caí. Se me llenaron los ojos de lágrimas otra vez, pero no lloré. Empecé a sentir otra vez, todo mi cuerpo reaccionó de a poco. Recién entonces sentí el dolor en las piernas, y en trayecto a casa casi me agarran calambres en ambas piernas en varias oportunidades. No tenía voz, y sentí todo mi cuerpo extremadamente frágil. Pero sólo pensaba en ellos. En Green Day, en lo que había sido todo ese día, y en lo que había pasado. Había tenido el momento de mi vida. Gracias Green Day, por estos momentos inolvidables, gracias por hacerme feliz, gracias simplemente por todo.

22-10-10 - Time of my Life [Tercera Parte]

¡Lee acá la primera parte!
¡Lee acá la segunda parte!

No voy a decir que las primeras canciones fueron lo mejor, porque en realidad tenía algo de miedo. Porque no me había dado cuenta de lo grande que eran todos los que estaban alrededor mío, y no fue difícil separarme de Lu. Tenía miedo de estar en ese lugar durante toda la noche, en el que me empujaban la cabeza para abajo y no veía ni respiraba, y ni siquiera escuchaba. Además, los primeros minutos de canción, estaba agarrada a Lu y llorando como nunca lloré en mi vida gritaba “los amo… los amo… los amo…”. Jamás lloré tanto y con tanta desesperación. Me separé de Lu muy rápido y seguía llorando. Me estaba ahogando. Estaba en un mar de gente, y no tenía la fuerza suficiente (ni mental ni física) como para salir de ahí. Me mentalicé entonces en que debía concentrarme y calmarme, que no podía dejar que me tiren y que me saquen para terminar atrás. Pensé en irme un poco más atrás aunque sea, donde no haya tanta gente…
Know Your Enemy empezó y todos rápidamente se unieron a saltar y cantar al ritmo del riff. Porque pasó eso desde el primer momento. No había letra para cantar, pero todos cantábamos el ritmo de la guitarra o la batería o lo que sea que esté sonando. Y si no sonaba nada, gritábamos cualquier cantito, pero no hubo silencio. Entonces me pude levantar un poco, ya más calmada, y me puse a saltar. Intentaba irme para atrás, pero en ese intento, extrañamente terminaba cada vez más adelante. Fue una canción explosiva. La gente cantó con mucha emoción y saltó todo el tiempo. Ya se habían armado los primeros grupitos de pogo, se sentía ahí adelante la presión de los empujones de atrás. Y para cuando terminó, ya estaba al lado de Lu, incluso más adelante de lo que estaba antes.
East Jesus Nowhere empezó, y entonces mi vista era casi perfecta. Otra canción muy bien recibida, que todos gritaron y cantaron, recibieron las bendiciones de Billie, que se hizo la señal de la cruz varias veces, hasta que después del solo, quedaron sonando los acordes. “I say Amén!” gritó, y el público contestó; “I say hallelujah!”, gritó otra vez, y el público volvió a contestar. Billie paseó por el escenario varias veces, mirando a todos, que en ese momento cantábamos al ritmo de esos colgados acordes. Estaba ceñudo, recuperando la respiración. Dijo entonces “I need a child... Niños… niñas”, dijo lo último en castellano, con un acento muy gracioso, y lo repitió varias veces. Buscó hasta que señaló a alguien. Subió un nene de unos ocho años, que llegó a donde estaba él con los brazos levantados. Lo abrazó y chocó la mano con él; una vez, dos veces, y la tercera Billie le amagó y le dejó la mano en el aire, y el nene se rió avergonzado mientras él lo señalaba. Al momento en el que supuestamente se tenía que tirar, no se tiró nada y corrió para atrás. Billie puso cara de desesperado y se quedó mirándolo. Lo llevó más adelante y le preguntó su nombre, pero no entendí lo que contestó el nene. Después le preguntó, una vez terminado el tema: “Where are you from?”, a lo que el nene contestó con un simple pero dulce “here”. Billie le dijo que “él también era de aquí”. Lo despidió y llamó “¡MAMÁ!”. Octavio se fue, y después empezó una fucking guerra.
Inmediatamente después empezó a sonar esa canción que todos conocimos, y en la que reaccionamos nuevamente con brutalidad. Holiday llenó el espacio, y en ese momento estaba todos gritando el riff junto con todos los demás. Pidió a mitad de la canción que se apaguen las luces, alumbró con una linterna a varios, y después cantó “the representative from Argentina has the floor”. Hubo explosiones, un bajo muy poderoso (nótese el bajista), y todos dejando la garganta en esos versos tan impactantes. Y fue genial que cuando terminó Holiday, empezó a sonar este tema, que hizo pogear a muchos.
Nice Guys Finish Last fue rápida, pero igual de intensa que las otras. En el fondo, los chicos que llegaron últimos celebraban y los de adelante lo sufríamos, aplastados más que nunca y sin poder movernos. A pesar de eso, había varios que se coparon y saltaron, empujaron, pegaron codazos (yo entre ellos), pero cuando menos nos dimos cuenta, había terminado.
Y el ambiente cambió. Después de tanto salto, llegó Give me a Novacaine, que si bien tiende a ser tranquila, de tranquila en ese momento no tuvo nada. Algunos mariconearon, se les escaparon algunas lágrimas, todos nos movíamos de un lado a otro cantando con los brazos en alto, hasta que empezó el estribillo. Todos saltamos a la vez, y a medida que la canción cobraba intensidad, el público lo hacía también. Terminamos todos gritando otra vez, alentando a la banda, que terminó observando al público sorprendida.
Y llegué delante de todo cuando empezó esta canción. No podía creer lo que estaba escuchando, tardé en reaccionar que se trataba, ni más ni menos, que de Letterbomb. Porque nunca creí que la escucharía en vivo, justamente esa canción, y cuando empecé a cantar todavía no sabía de qué canción se trataba, simplemente porque no lo podía creer. Grité, salté, casi lloro (no, no lo hice), me empujé con el pibe que estaba al lado mío, el único con el que podía saltar, porque del otro lado había gente indeseable. Fue un sueño realmente haber escuchado ese tema, ellos para mí, y sólo para mí. Y no sé si habrá sido cuando terminó, o antes, pero seguro pasó más o menos a este tiempo que miré a Mike. Había estado gritándole desde hace mucho, pero recién entonces estaba al alcance de sus ojos. Sus hermosos ojos celestes. Grité su nombre… ¡Y me miró! Le sonreí y con la única mano que tenía libre (la otra estaba atrapada abajo entre la gente, sosteniendo mi mochila… así estuve las tres horas de recital), le tiré un beso. Inmediatamente me sonrió e hizo como que se sonrojaba exageradamente, y me devolvió el beso también. Me llevé la mano a la boca para tapar mi sonrisa y después le grité que lo amaba muchas veces seguidas. Sólo que ya tenían que volver a tocar, y empezó…
Are We the Waiting. Fue uno de los momentos en los que Billie elogió al público y nos agradeció por todo lo que habíamos hecho y estábamos haciendo. No recuerdo si fue en esta canción que dijo que habíamos pagado para ver el mejor show de nuestras vidas, y él se iba a encargar de que eso suceda. Todos cantamos, tranquilos al igual que el comienzo de Give me a Novacaine. Sabíamos lo que se venía después, y más de uno estaba nervioso y ansioso por estallar. Y conectada a esa canción, sonó St. Jimmy. Billie explotó con todo el público. Empezó a cantar… St Jimmy’s coming down across the alleyway… Yo, al menos, grité toda la canción, pero creo que más de uno no cantó esa parte porque simplemente era imposible. Todos esperaban explotar. Todos esperaron hasta que el lugar completo gritó: “ONE, TWO, THREE, FOUR!”. Fue uno de los pogos más brutales seguramente. Adelante, mi pecho se chocaba contra la valla y casi no habría podido respirar si no hubiera sido porque yo también estaba saltando en el poco espacio que tenía, siempre con la misma única persona, y llenando de codazos y patadas a la otra estúpida que estaba al lado mío. Billie se movió por todo el escenario sin parar, hiperactivo, saltó, bailó de manera extraña, se revolcó en el piso, estaba tan endemoniado como todos nosotros. A lo último cantó: “It’s St Jimmy and that’s my name…”, y dejó su oración sin terminar. Le habré gritado alguna grosería para que se apure, para que termine, porque se quedó mirando al público, agitado. Era un verdadero demonio. Y como no decía ni hacía nada, empezaron a cantar todos otra vez: “Olé, olé, olé, olé…”. Y pasó el tiempo, y seguía sin terminar. Se agachó sobre el micrófono y dijo: “Muchas gracias”, terminó la última frase, y el público volvió a estallar.
Boulevard of Broken Dreams comenzó después, y todo el público cantó cada melodía, cada parte de ella, con los brazos en el aire, calmados otra vez. Es una suerte, tal vez, que Green Day tenga canciones que nos dejen respirar.
Pero no quiero detenerme demasiado en ésta canción. Porque cuando terminó, Billie salió del escenario y volvió a él con una de sus réplicas de Blue colgada. Gritó: “Are you old school Green Day fans all out tonight?!”. Todos gritaron. Vale aclarar que muchos del público tardaban en entender lo que gritaba siempre, la mayoría no sabía inglés, pero en cuanto caían, gritaban bastante. Presentó inmediatamente después, Burnout, y todos gritaron todavía más, y no sólo los fans de la old school. A ese le siguió Coming Clean, y nadie podía creer los temazos que estaban tocando. Dejando Dookie de lado, siguió con un clásico de Insonmiac, Geek Stink Breath. Pero lo mejor para mí llegó después…
Desde que tuve mi entrada, meses atrás, venía diciendo que si llegaban a tocar Stuck With Me, no iba a pedir más de ellos, me iba a descontrolar, a sacar por completo, pero que era imposible porque nunca tocaban esa canción. Todavía no puedo creer que esa canción haya estado en la lista, no puedo creer que la hayan tocado para mí. Esos acordes los reconocí al instante, y grité desesperada que no podía ser cierto. Grité, empujé más que nunca a todos los que estaban alrededor mío, me colgué de la valla, todo eso mientras se me salían lágrimas de los ojos, era la mina más feliz del mundo. Y como tenía la costumbre de interpretar todas las canciones, casi ya a lo último, habré hecho un gesto que a Mike le gustó, porque miró a Tré y me miró para asentir con la cabeza, como diciendo “yeah!” (Perdón por mis pocas palabras, pero este tipo de alegrías no se describen mejor que con expresiones vulgares). Lo señalé y entonces habían dejado de tocar otra vez. Y lo mejor no terminó ahí, porque después empezó Maria. Pensé inmediatamente en mi amiga, en cómo debía estar ella, alejada de mí, me dieron ganas de abrazarla, y grité, salté y demás, todo por ella, como lo hubiera hecho junto con ella. Billie, además, se improvisó un cantito en base a ésta melodía. Mucho después, en medio de no sé qué canción, seguía cantando: “Argentina… Argentina… Argentina… This is my home”. Bastante pegadiza, de hecho.
Cuando terminó (cantando con la letra cambiada), presentó la canción siguiente como “una canción de su amigo Mike Dirnt”, el bajo empezó a sonar, y ya muchos sabíamos que se trataba de JAR. Algunos se la sabían menos, pero la saltaron igual. Todo sirve como excusa para un buen pogo. Y cuando terminaron de cantar los últimos versos, Tré se puso de pie. Todos le gritaron mientras se acercaba a la pasarela rápidamente, y cuando Billie le dio la guitarra. Pensé inmediatamente en Renacuajo, y en lo mucho que quería ver cantar a Tré. Estaba pasando, y todos nos pusimos a cantar o simplemente gritar cuando Billie se sentó en la batería y comenzó Dominated Love Slave, una de las bizarras y tan queridas canciones de Tré. Mis gritos seguro fueron parecidos a los que se escuchan en el álbum, o mucho peores y más repetidos, y estoy segura de haberle gritado “I wanna be your fucking dominated love slave, Tré” en algún momento, aunque obviamente no me escuchó. La cara de tortuga de Mike se acercó al micrófono para cantar la última frase, Tré saltó desde la plataforma de la batería, y terminaron haciendo mucho quilombo. ¡Fue genial! Y es evidente que nadie esperaba que Billie tocara Going to Pasalacqua una vez de nuevo con su guitarra. Nos sorprendió a todos, que una vez recuperados de la sorpresa, la cantamos, gritamos, los fans viejos contentos evidentemente. Y yo no podía ser tan feliz. Estaban tocando los temas que siempre había querido, y si bien se me había ido mi obsesión con Going to Pasalacqua hacía un tiempo, me recordaron lo mucho que amaba esa canción, que está entre mis favoritas del primer CD, por más sencilla que sea. Y al final de la canción, pasó algo que ahora me da bastante gracia, aunque no debería. Vaya uno a saber lo que Tré hizo, creo que sonrió tan ampliamente, con tanta ternura y miró para donde estaba yo, exactamente ni siquiera recuerdo. La cuestión es que se me llenaron los ojos de lágrimas y pestañeé. Grave error. El lente de contacto de mi ojo izquierdo se salió muy fácilmente, y pude agarrarlo. Pero no sabía cómo ponerlo. Intenté metérmelo de nuevo en el ojo, y ya habían empezado a tocar otra vez, justamente un tema que amo. Fallé como tres veces, más o menos, y se me calló al piso. Ya no lo iba a recuperar. Y entre ver a Green Day y usar anteojos por el resto de mi vida, ¿qué creen que elegí? No pasaron ni cinco segundos para que me pusiera a cantar y gritar otra vez, porque en ese momento sonaba 2,000 Light Years Away. Inmediatamente pensé en Addie, y en cómo me hubiera gustado verla por ahí, aunque sea para saber si era verdad que vino con ellos.

¡Vamos por la cuarta y última parte!

5 nov. 2010

22-10-10 - Time of my Life [Segunda Parte]

¡Lee acá la primera parte!
22/10/10 – El momento de mi vida

Cuando pienso ahora en todo lo que pasó y que tuve a las tres personas que me inspiraron como persona y en lo que se supone que va a ser mi futura vida profesional en frente de mis propios ojos, se me pone la piel de gallina. Era como un sueño, el más hermoso de todos los sueños, pero era real. Ellos cantaban para mí, para nosotros, traspiraron por nosotros, y toda la espera valió la pena.
Me levanté a las dos y media de la madrugada para darme una ducha antes de salir. Estaba media dormida, y lo estuve hasta que llegué al baño. Pensé: “estoy levantada a ésta hora para ir a ver a Green Day”, y ya no tuve sueño. De repente me despabilé. Me bañé y me quedé bastante debajo de la ducha y para cuando salí, María y Lulu ya estaban despiertas. Empezamos a preparar todo, nos cambiamos, teníamos las mochilas listas, mi vieja había preparado café, y otras cosas más. Salimos de casa. La noche estaba más fría de lo que esperábamos, pero no importaba. Eran poco más de las cuatro cuando estábamos en la esquina, y para tranquilidad mía (supongo que también para la de los demás), ya se veía el vehículo a lo lejos.
Viajamos tranquilas, hablando de cualquier cosa y junto con toda la gente que salía a trabajar a esas horas de la madrugada. Bajamos del bondi, y fuimos a la estación del tren. Habíamos perdido uno, y esperamos un rato hasta que llegó el otro. Mi intención era dormir un poco más en el viaje, pero fue imposible. No porque me haya sentido nerviosa ni nada de eso. De hecho, creo que estaba muy tranquila y eso me asustaba un poco. Llegamos a la estación, y después de comprar un par de corpiños rojos (algo que fue muy extraño, teniendo en cuenta que eran como las cinco de la mañana), porque queríamos usarlos cuando la banda toque King For A Day. Fuimos a tomar el bondi, y ya se empezaba a sentir la impaciencia. El viaje fue más corto, y después caminamos bastante, y hacía frío, pero traspiraba y temblaba. Estaba nerviosísima. Nos dijeron que vayamos por no sé dónde para llegar hasta la entrada, y empezamos a caminar, cuando vimos una fila. Era imposible para mí que sea esa, en realidad, creo que tampoco había tiempo para tomar conciencia de que esa era la fila, y me estaba desesperando. Preguntamos y efectivamente, era la fila. La hacían ahí para entrar por otra calle, que más tarde iba a ser cortada, así que esperamos. Casi me desespero cuando vi que ya estaba esperando por fin, pero mantuve la calma, y recién entonces me di cuenta de que tenía hambre. Pero ya estaba ahí, cada vez más cerca y más nerviosa.
La espera se me hacía interminable. A cada rato preguntaba la hora, me cagaba de frío y comía galletitas para pasar el hambre. “Pasó una hora desde que estamos esperando”, dijo uno que estaba adelante nuestro, y nosotras casi nos morimos. La gente fue llegando cerca de las ocho de la mañana, y a las diez ya la gente llegaba a montones. La fila avanzó un par de veces, y se armaron varias discusiones por gente que se colaba constantemente. Se empezaron a presentir los problemas que se iban a presentar más tarde, antes de entrar, que lograron ponernos bastante tensos a todos.
Llegó entonces Fio, después de un rato. Estaba con ella, con mi mejor amiga, e íbamos a estar juntas con Lu en uno de los mejores momentos de nuestras vidas. Y fue genial. Estaba Florencia con ella, y se pusieron con nosotros en la fila. Así que seguimos esperando.
Las horas pasaban muy lento. A la mañana todavía no daba demasiado el sol y había mucho viento, así que estábamos bastante quietas y de vez en cuando íbamos a dar una vuelta. Más tarde llegaron Renacuajo, Whatser y Eva, y los hicimos meterse con nosotros en la fila. No queríamos que estén lejos, además, adelante ya se habían metido un montón más. Me fui a cambiar cerca del mediodía, me puse los lentes de contacto (¡gran dilema después con eso! Aunque ni tanto, porque en el momento que ocurrió, no me importó) y volví a la fila. Esperamos. Llegó Lau y se puso con nosotros en la fila, que ya empezaba a no ser tan fila, y seguimos esperando. Compramos algunas cosas, como pins, posters, banderas, remeras… Y en mi caso, todo fue a parar a manos de mi vieja, que para algo estaba ahí. Cerca de las dos de la tarde, el sol estaba matándonos. Entonces fuimos a la sombra, donde estaban RT, Whatser y Eva, y nos sentamos con ellos. Pero habremos estado como mucho diez minutos, cuando vimos que la fila se empezó a mover. Y se movía demasiado.
Salimos todos corriendo, guardé las cosas que había sacado de mi mochila de cualquier manera y corrí. Entonces la fila ya no existió. Se amontonaron todos adelante contra la valla, y era sólo un grupo de gente. Nada de organización. Hubo discusiones por el lugar, ¿pero de qué lugar estaban hablando? Si delante de nosotros siempre había dos o tres personas más que habían llegado hacía quince minutos, y nadie respetó ninguna fila ni orden de llegada. Se empezó a poner muy tenso el ambiente y esperamos más de media hora así, apretados, con el sol quemándonos las cabezas. Hasta que empezaron a empujar. Y llegó un momento en que dijeron que íbamos a entrar, y cuando pasaba el tiempo y veían que no pasábamos a ningún lado, empujaron más y… La valla se cayó.
Fio, Lulu y yo habíamos estado agarradas de la mano desde hacía rato, y cuando lograron tirar la valla salimos corriendo las tres. Fue la corrida más desesperante de mi vida. Fio se adelantó y al final nos soltó, y yo me solté cuando Lau se cayó y se lastimó. Cuando vi que la levantaron, seguí corriendo, y busqué a Lulu. Una vez juntas, le agarré la mano y seguimos corriendo. No veía ni escuchaba nada. Sólo corría. Fuimos por un camino equivocado, volvimos, y finalmente llegamos a una fila nueva que se estaba armando. Ahí recién se puso todo más organizado. Nos hicieron entrar de a dos para armar una fila nueva y estábamos casi delante de todo. Lu y yo, y Fio con alguien más adelante nuestro. Y esperamos un poco más otra vez. Veíamos ansiosas cómo otros iban pasando para unirse a la fila. Gente que estaba delante de todo y terminó atrás, y al revés, o gente que incluso recién estaba llegando. No veíamos la hora de avanzar.
Cuando por fin empezó a avanzar, me puse más nerviosa. Entramos, verificaron la entrada, la cortaron (mi hermosa Charlie se sintió útil), la marcaron y después nos pusieron las pulseras del vip. Y ya estaba. Cruzamos el puente, algunos corrieron, yo corrí un poco, y después de dar una vuelta, ahí estaba. El escenario se alzaba delante de todos nosotros, con los instrumentos cubiertos, con todo preparado para las dos únicas bandas que iban a tocar en él. Y yo estaba a sólo unos metros. No podía estar en mejor lugar.
La gente seguía entrando. Y el lugar parecía demasiado chico para cinco mil personas que eran la vip. El campo, en cambio, era inmenso. Empezaron a tocar las bandas en el otro escenario, pero nadie las escuchaba. Ya cuando terminó de entrar la gente, estábamos muy apretados. Esperamos así desde las tres de la tarde, más o menos, hasta que empezó Green Day. Apretados como sardinas, sin poder mover ni los brazos. Y eso no era lo peor, porque encima que casi no respirábamos, los de atrás a veces empujaban, y cada vez era peor. Le hice viento a Lu varias veces porque sufre de asma y en ese encierro en la que ni siquiera se podía respirar bien, era muy probable que se descomponga. Y una hora después, más o menos, empezaron a sacar gente descompuesta o que estaba por descomponerse. El sol se empezó a correr, y el tiempo que estuvo alto en oeste antes de esconderse pareció interminable, quemándonos las cabezas, haciéndonos transpirar y ahogarnos. Estábamos sofocados y ansiosos, porque cada vez que terminaba una banda en el otro escenario, salía un cartel en la pantalla que decía “ESCENARIO 1. Massacre – 20:15; Green Day – 21:15”. Y todos gritaban y empezaban a gritar: “¡Olé, olé, olé, olé, Green Day, Green Day!”. Era lo único que se esperaba. Algunos del campo trasero veían a las bandas, se armó un pogo bastante interesante cuando tocó Cadena Perpetua o, mucho antes, Expulsados. Pero la gente quería sólo a Green Day.
Cuando se fue haciendo de noche y vimos que en el cielo aparecían algunas nubes extrañas, empezamos a rogar que llueva. Al final, ni el cielo se solidarizó con nosotros, que pedíamos agua a los guardias a cada rato. Pasábamos el vaso, pero éste nunca llegaba atrás. Y cuando consultábamos la hora, nos preguntábamos cuánto faltaba para las ocho. Y es que no queríamos ver a Massacre, pero que salgan ellos a tocar significaba que inmediatamente después venía Green Day, y ya todo se iba a movilizar mucho más. Fue una agonía, literalmente y con todas las letras de la palabra, estar ahí parado más de seis horas, sin poder mover ni los brazos ni los pies y apenas pudiendo respirar. No podía levantar el brazo que sostenía mi mochila, mis piernas empezaban a temblar, y mi cabeza también. Y fue la tarde más larga de mi vida.
Hasta que al fin, llegó Massacre. Una verdadera porquería. Aunque no escuché nada de lo que tocaron. El gordo que es el cantante se hizo rogar hasta último momento, lo veíamos comiendo un sándwich atrás del escenario. Le gritaron de todo. El gordo que pretendía ser freak vistiendo esas calzas ajustadísimas, la remera que dejaba ver toda su panza peluda, sus pelos largos llenos de rulos y que llevaba en sus brazos una muñeca grande y pelada, que daba mucha impresión. Algunos sí cantaban y se coparon, pero la mayoría empezaba a gritar: “¡Green Day, Green Day…!”, cuando dejaban de tocar. Dijo en un momento: “¿Saben lo que tienen en común los fans de Massacre y los de Green Day? ¡Que son todas putas!”. Y yo creo que eso no lo podía comprobar… Primero porque no había fans de Massacre en ese gran público de 35.000 personas; segundo, porque creo que los fans de Green Day somos MÁS putos todavía. En la última canción, todos se movilizaron y se pusieron más ansiosos y nerviosos. Cuando estaba terminando, el gordo dijo algo bastante largo, pero yo no escuché nada. Estaban todos en ese momento pidiendo a Green Day a coro, algunos de los que estaban más adelante les regalaron una lluvia de escupidas a los de Massacre, otros los abuchearon, los sacaron cagando. Y se fueron por fin.
Se escuchó entonces el audio que se escuchaba entre cada banda, las recomendaciones de “no correr, no empujar, no agredir, blah, blah, blah”, todas reglas que ya habíamos quebrantado hacía rato. Pero como sabíamos lo que significaba ese estúpido audio, todos volvimos a gritar, volvimos a pedir por Green Day, y a cada rato gritábamos. Empezamos a gritar distintos cantitos, un muy colgadísimo “he… oh…”, o sino simplemente a gritar para hacer quilombo. No podía creer que estaba a menos de media hora de verlos a ellos. Y la hora última hora que empezó con Massacre, fue la más larga de mi vida. Y de repente…
Las luces se apagaron, y se escuchó de fondo YMCA, y muchos cantaron con la letra cambiada en castellano por Susana Jiménez, cosa que fue bastante gracioso cuando después salió el Bunny! El conejo rosa, que Pergollini describió en la radio –me contó más tarde mi hermana-, y dijo con humor: “es increíble, un conejo ridículo y los hace reír (…) ¡rosado, borracho y sucio! Y están todos gritando, riendo…”. Rosado, borracho y sucio, llevaba dos cervezas Quilmes en la mano, la típica cerveza argentina. Ni siquiera se le hizo necesario incentivar a la gente a gritar, porque apenas entró, todo el público reaccionó al instante. Empezaron gritándole de todo, de mi parte un “conejo puto, sos lo más” y algunos otros mensajes que incentivaban al conejo que no podía entendernos a hacer cosas depravadas. Entonces no se entendía demasiado. Después empezaron todos a cantar: “It’s to fun to stay at the Y-M-C-A!”, pero evidentemente, nadie se sabía exactamente esa letra, y todos cantaban en un inglés de mierda, como buenos maricones que éramos. El conejo bailó un poco, tomaba cerveza, se iba hasta el otro lado del escenario, se acomodaba la cabeza, tomaba cerveza, empezamos todos a gritar “1, 2… 1, 2, 3, 4!” y él empezó a mover las manos contando, volvió a tomar cerveza, después siguió tomando y empezamos a gritar “¡fondo, fondo, fondo, fondo…!” y terminó haciendo fondo blanco con una botella de cerveza. Cuando menos nos dimos cuenta, se había ido.
Por mi parte, pensé que iba a volver a pasar mucho tiempo hasta que algo vuelva a aparecer en el escenario. La gente no se callaba, estaban todos conteniendo la emoción, los corazones latían juntos a un ritmo acelerado. Las luces se apagaron y se prendieron las blancas del piso, que iluminaron el escenario muy poco. Se escuchó el sonido de interferencia de una radio, que casi no se apreció durante tanto tiempo porque todos empezaron a gritar. No entendía, no podía estar pasando. No grité. Miraba al escenario y cuando me di cuenta de lo que eso estaba significando se me agrandaron los ojos y le agarré con fuerza el hombro a Lu. Empezaron a cantar todos The Song of the Century, mis ojos llenos de lágrimas que no lograban salir, cosa que sucede ahora mismo, que recuerdo ese momento, ese terrible momento. De repente, hubo movimientos en el escenario, ¡salieron ellos! La gente interrumpió su canto para empezar a gritar desesperadamente. Billie Joe Armstrong se acercó adelante y levantó los brazos, Mike Dirnt se ubicó en un costado y saludó también, y Tré hizo un gesto con los brazos antes de sentarse en la batería. No estaba a mi vista Jason White, y en ese momento muy estaba shockeada como para mirar a Jason Freese. No reaccioné, de hecho, a Mike y a Tré los vi de soslayo, porque estaba más accesible Billie a mis ojos, entonces lo miraba a él y de mis ojos todavía no salían las lágrimas. La gente me empujaba, no hubo momento en el que me empujaran más que ese. Empecé a llorar desesperadamente y entonces empezaron a tocar. Green Day estaba en el escenario, en Argentina, adelante mío. Eran reales, eran ellos, y estaban tocando para nosotros, después de tanto tiempo de espera.

[La última parte es la más larga y donde ya describo detalladamente todo lo que me acuerdo desde que aparecieron ellos xD!]

Tercera parte.