Welcome to Paradise

Página en construcción. Estará lista cuando la paja no le gane a la editora/escritora (o cuando photoshop se porte bien).
Si alguien sabe cosas que empiecen con la letra M, comente acá!

14 may. 2010

22 de Octubre [Waiting the time of my life]


"... Tengo que dejar acá algo dicho antes de que salgan las fechas, para después hacer otra entrada, y escribir algo así como "ajksfhaksfa LAS FECHAS, YA ESTÁN LAS FECHAS! kajshfkajsf" (: Y después poner algún contador para contar los días del [o los] concierto/s..."
Eso lo dije ayer. Y hoy, pasó esto... Lloré como hacía años no lloraba, y la última vez que lloré así, fue porque estaba extremadamente triste. Ahora lloré de la misma manera, mi hermana tuvo que abrazarme, le mandé mensajes a mi mejor amiga, y llamé a mi otra mejor amiga, que quedó en shock. Lloré, todavía me dan ganas de llorar, pero esta vez es porque estoy extremadamente feliz. Ya estoy lista, lo único que me falta es la entrada, pero estoy lista. Ahora sólo me queda esperar, y dentro de unos meses, los voy a ver. Estuve esperando una vida para este momento, y ahora me toca tener el momento de mi vida ♥. Ya se me llenaron los ojos de lágrimas otra vez, se van a la mierda... No sé qué decir, sólo gracias. Gracias, pedazo de desgraciados, por ser una de las cosas más importantes en mi vida, y por hacer que los ame tanto.

13 may. 2010

Waiting for you...
Waiting for Green Day in Argentina 2010

Estoy un poco bastante
más tranquila ahora, los rumores de las fechas parecen ser más en Noviembre, y etc., entonces... Voy a poder verlos e ir a mi viaje de egresados ♥ Tenía que hacer una entrada de ésto. Tengo que dejar acá algo dicho antes de que salgan las fechas, para después hacer otra entrada, y escribir algo así como "ajksfhaksfa LAS FECHAS, YA ESTÁN LAS FECHAS! kajshfkajsf" (: Y después poner algún contador para contar los días del [o los] concierto/s... Si es más de uno, me compraré una súper entrada para el primero, y al otro algúna otra más barata... O sino a la puerta, lol. Y eso sería todo lo que quería comentar sobre éste asunto (:
John Roecker tiene blog! :O! Historias e imágenes, entre otras cosas, sin censuras, cool! Y pueden entrar YA, ACÁ, DALE, DALE, APURATE!
Si no me olvido, no tengo nada más que comentar... Se me ocurrió algo nuevo para comenzar a escribir algo nuevo, pero no estoy segura. Tengo demasiadas cosas sin terminar, mi cabeza va a explotar xD De todas formas, digo esto AHORA, y en cuanto termine mi fucking tarea voy a estar abriendo el word y empezando a escribir... At Your Funeral, coming soon! xD Me fui.

6 may. 2010

Words I Might Have Ate

Pequeña historia que hice para presentar como trabajo práctico para lengua. Es algo mierda, pero algo es algo... El objetivo era utilizar distíntos géneros discursivos simples en una historia larga, so... Here you go.
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Words I Might Have Ate

Christian salió de su departamento, como todas las mañanas, apurado y algo desalineado. Su despertador había vuelto a fallar, y eso le podía costar su trabajo algún día. Se recordó, como muchas otras veces, comprar uno nuevo. Alcanzó a tiempo el colectivo que lo llevaría hasta la escuela secundaria en la que trabajaba, y al sentarse suspiró aliviado.

Aquel día no sentía solamente las típicas presiones que parecían volverlo cada vez más loco. Porque sabía perfectamente qué fecha era, qué era lo que había sucedido hacía ya diez años. Al acercarse a la escuela, volver a ver el lugar de los hechos y sentirse como si tuviera diecisiete años otra vez, un escalofrío recorrió su espalda. Se levantó rápidamente para no seguir de largo. Y sus pisadas parecían pesar.

De repente, volvió a ver la misma publicidad que había visto aquel día hacía años antes de bajar. “DESDE 1994 OFRECIENDO LAS MEJORES FLORES QUE PUEDA COMPRAR”. Sonrió y pensó en ella. Le iba a agradar recibir un ramo de esos. No tenía que ser su cumpleaños o tenía que suceder algo especial para que él esté pendiente de aquellos detalles. Todo, si podía darle todo, se lo daría, por más que la costumbre de seguir con la misma chica desde hacía varios años, se vuelva algo rutinaria y aburrida para un adolescente que prácticamente estaba casado a tan temprana edad. Pero casi no le importaba. Se había esforzado mucho para estar con ella y apreciaba cada segundo que pasaban juntos. O hasta aquel día, al menos.

Todo a su alrededor pareció volver en el tiempo. ¿O estaba alucinando? Tomás cruzó con su bicicleta delante de él, rápidamente y gritándole que se apresure, que llegaría tarde. Las flores deberían esperar, lamentablemente. Pestañeó.

Y al hacerlo, volvió a la actualidad. El que había cruzado delante de él era la profesora de historia, aconsejándole que se apresure, pero de una manera completamente distinta a la que había imaginado. Apresuró el paso, acomodándose mejor el bolso al hombro. Se dirigió hasta el salón en el que le tocaba dar clases en ese momento, mirando sus pies, sin levantar la vista. Comenzaba un nuevo año, tendría nuevos alumnos… Iba a ser un largo día.

Al llegar, abrió la puerta, ingresando sin saludar, esperando a que todos se acomoden y acomodándose él mismo en su escritorio, como todos los años. Esperó parado y en silencio al lado de la puerta, y cuando se hizo el silencio (algo que iba a ser difícil de lograr desde ese día en más), avanzó dispuesto a dar el típico discurso de presentación de todos los años desde que se había recibido y lo habían aceptado en la misma escuela en la que había estudiado. ¿Eso era bueno o malo?

—Buen día —saludó sonriendo amablemente. Comenzaba a dejar de lado por completo lo que había recordado antes—. Soy el profesor Christian Nesser, y…

Se detuvo al abrirse la puerta de repente. Le molestó un poco ser interrumpido. Quería terminar con aquella parte del día de una vez. Aunque al girarse hacia la puerta lo olvidó por completo. Allí estaba ella, y entonces, todo volvió a retroceder en el tiempo. Volvía a tener diecisiete años, y ella había llegado, la había estado esperando. Como siempre que la veía llegar hacia él, sonrió estúpidamente y ella le sonrió también, agitada. Siempre llegaba tarde, pero a diferencia de él, lo hacía porque siempre tenía demasiados problemas en casa. Siempre existía algo que no la dejaba respirar tranquila. Le habría gustado tanto llevarla lejos de todos esos problemas, y que no vuelva a recordarlos jamás, pero era un inútil. Lo comprobó aquel día más tarde.

—Disculpe, profesor —dijo la joven, haciéndolo volver al presente. Al percatarse de que su sonrisa no tenía nada que hacer en sus labios, pasó su mano por su nuca con nerviosismo y asintió, dejándola continuar con la explicación—. Fue… Tuve algunos problemas en el camino.

—No importa —le dijo sonriendo ahora forzadamente—. Toma asiento.

Y así lo hizo. Una vez ubicada, volvió a retomar lo que iba diciendo. Después pasó lista y le fue conociendo las caras a cada uno de ellos, aunque realmente ninguno le importaba de verdad. Quería llegar a su nombre, al de ella. Era tan parecida a…

—Gabriela Arias —dijo levantando la vista. Y supo que era ella.

— ¡Acá! —contestó levantando la vista también. Había estado leyendo antes de eso.

Volvió a recordar. El resto de la clase transcurrió tan rápido, que ni siquiera había tenido tiempo de sentirse cansado de ella. Hablaba mecánicamente, y Gabriela, su Gabriela, estaba delante de él. Volvió a lamentarse lo que había pasado aquel día, pero ya se había torturado demasiado y por muchos años. Debía olvidarlo y seguir. Era lo mejor que podía hacer.

Aquella mañana, después de que Tomás había pasado con su bicicleta y le había gritado que se apresure, permaneció pensativo durante unos segundos antes de seguir avanzando. Tenía un mal presentimiento, pero algo malo sucedería evidentemente si llegaba tarde a su primera clase. La profesora era un ogro. Así que caminó rápidamente, y hasta entonces todo era normal. En la entrada leyó uno de los carteles dejados para los alumnos de primaria, y pensó en su hermano. Decía: “La maestra Ferro no asiste hoy a clases”. Ya no hacía tiempo para volver a avisarle a su hermano que no se levante. Volvió a avanzar a toda velocidad por los pasillos de la secundaria.

Al entrar, nadie estaba en su lugar todavía, la profesora no había llegado. Suspiró y saludó a sus amigos, que estaban en frente del pizarrón conversando de cualquier cosa. En realidad, era bastante tarde como para no tener profesor aún, pero era mejor para él. Para él y para Gabriela, que aún no llegaba.

Lamentablemente, la profesora llegó primero, y tuvieron que ubicarse en sus lugares. Se sentó, mirando hacia el asiento vacío de al lado, y sintiendo preocupación. Gabriela llegó quince minutos tarde aquel día. Se la veía agotada, y la profesora estuvo un largo rato retándola por no haber llegado a horario. Christian quiso intervenir, pero sabía que su novia no habría querido. No quería darle explicaciones ni siquiera a la profesora sobre sus problemas, para esas cosas era una chica muy reservada. Prefería mil veces aquellas palabras que pronto olvidaría cuando viera a su novio sonreírle, como saludo inicial. Se sentó en silencio y le tomó la mano por debajo de la mesa, sin decir una palabra. Ambos se sintieron más aliviados que antes.

—Papá se fue de casa —le dijo cuando estuvieron sentados en los campos de la escuela.

Delante de ellos, un grupo de alumnos se mataban en un infernal juego de fútbol. Christian la miró, sin saber qué decir. Guardó silencio unos segundos y suspiró.

— ¿Querés que sea sincero? —preguntó sonriendo de manera casi imperceptible.

—Ya sé qué me vas a decir —repuso ella mirándolo seriamente—. Que era lo mejor, ¿no?

—Sí. Te iba a decir eso —contestó volviendo a mirar el partido—. Resulta que creo que tu mamá y vos pueden arreglárselas muchísimo mejor sin ese… Ese…

—Ese hombre —interrumpió ella, y lanzó una breve risa, algo dolorosa—. Pienso que tenés razón. Pero es difícil, ¿sabes? Ella no se está llevando demasiado bien con su trabajo, y ya con el simple hecho de que él se vaya, son muchos gastos más los que tenemos. Aunque prefiero eso mil veces antes que seguir viéndolo sólo por necesidad de su plata.

—Yo te puedo ayudar…

Como respuesta, le dirigió una mirada que lo subestimaba por completo.

— ¿Qué? De verdad puedo ayudarlas —insistió encogido de hombros.

—Ni siquiera tenés trabajo —señaló con tono de obviedad—. Además, te dije que por ahora estamos bien… Igual, gracias.

—No tenés que darlas —repuso dándole un suave beso en los labios.

—Te acordás de hoy a la tarde, ¿no? —le dijo después, sonriendo.

— ¿De que te dije que íbamos a ir al cine? Sip. Pero voy a tener que volver a casa primero. Mi mamá quiere que cuide un rato a mi hermano, hasta que vuelva a casa.

—Está bien. Pero no llegues tarde… Tengo que volver temprano también. Creo que no debería dejar sola a mamá tampoco, y creo que hoy me toca un control con el médico.

—Ese maldito problema —murmuró con odio.

—Voy a estar bien, hoy ya me van a decir de la operación, así que estoy más tranquila, por ese lado —repuso tomándole la mano—. Quiero que vos lo estés también.

Christian asintió brevemente, sólo porque no podía mentirle. Gabriela siempre había tenido problemas del corazón, y tarde o temprano había que encontrar alguna solución. El problema era que, según él, esa solución debía haberse buscado antes. No estaba para nada tranquilo.

Permanecieron en silencio el resto del tiempo, hasta que les tocó ir a su última clase antes de que toque el timbre de salida. No hablaron demasiado, pero Christian no notó nada fuera de lo común. O tal vez no se detuvo a observar con detenimiento. Ya a la salida, se dirigió a su casa después de despedirse de todos, y volvió a pasar por en frente de la florería. No compró las flores porque no le quedaba demasiada plata e iba a ser mejor que estén más frescas cuando se las dé a Gabriela.

Al llegar a su casa, su madre le dio algunas indicaciones rápidamente, mientras agarraba su cartera, una campera y mientras él la perseguía por todos lados para poder escucharla. Prácticamente la tuvo que echar para que se vaya de una vez. Se quedó con su hermano, y esperó.

Pasó una hora, en la que habían comido y él había ido a darse una ducha antes de salir. Pasaron dos horas, y ya había comenzado a impacientarse. No les quedaría demasiado tiempo para estar juntos para ese entonces, pero por lo menos podría estar un rato con su novia. Ya cuando habían pasado casi tres horas, comenzó a caminar con nerviosismo de un lado a otro. No podía esperar más, no podía hacerle esperar más a ella. Hacía casi una hora que debían haberse encontrado, y su madre no volvía.

—Nico —le dijo a su hermano, tomando por fin una decisión—. Ponete una campera y vení conmigo. Por lo menos, tengo que decirle a Gaby que no voy a poder estar con ella, o vamos a buscarla.

— ¿Y si viene mamá? —preguntó el niño, sin oponerse demasiado a la idea de salir.

—Que se joda —contestó bruscamente, y como era evidente, estaba muy enojado.

Estaban listos para salir, pero se detuvieron al intentar abrir la puerta. Por más que intentó, el picaporte parecía estar trabado. Estaban encerrados. Golpeó la puerta con furia y lanzó un par de insultos a nadie en especial antes de ponerse a pensar qué hacer. Su papá tenía un cajón con herramientas en su taller de atrás. Fue lo primero y la mejor idea que se le ocurrió. Así que corrió a buscarlas. Era un inútil para ese tipo de cosas, pero iba a intentar cualquier cosa con tal de salir de ahí. Al final, después de media hora más, terminó dándole martillazos al picaporte de la maldita puerta, y ésta cedió, completamente destrozada. Sus viejos iban a matarlo.

Salieron juntos, prácticamente corriendo, y cuando iban llegando al portón, su madre llegaba también, junto a un hombre de avanzada edad, corpulento y con un bigote muy interesante. Al verlos, ella abrió grande los ojos.

— ¿Cómo salieron…?

— ¿Dónde estabas? —la interrumpió Christian, exhalando un suspiro a la vez.

—Fui a buscar un cerrajero, porque la puerta no se podía abrir… ¿Cómo salieron de ahí? —preguntó recelosa.

—No tengo tiempo para explicarte, me tengo que ir —contestó dejando a su hermano con ella y corriendo hacia la parada del colectivo.

Miró su reloj, comenzó a hacerlo a cada rato. Las 16:50. Se sentía demasiado culpable como para dejar de observar lo rápido que pasaban los minutos, que parecían burlarse de él. Bajó corriendo y se detuvo bruscamente frente al puesto de flores. Compró un ramo y le puso una tarjeta, en la que escribió:

Las palabras quedan atrapadas en mi mente; Perdón por no tomar tiempo para sentirme de la manera en que me siento, porque la primera vez que entraste en mi vida mi tiempo giró alrededor tuyo. Pero después necesité tu voz, como la llave para abrir todo el amor atrapado en mí. Así que dime cuándo es el momento para decir te amo.

Lo leyó una y otra vez, y después volvió a correr. La plaza donde iban a encontrarse quedaba a un par de cuadras de la escuela, no demasiado lejos. Y dudaba que Gabriela siga esperándolo, pero no perdía nada con intentar. Podía ir a buscarla a su casa si no estaba allí, podía preguntarle a alguien si la habían visto, podía…

Se detuvo en seco al llegar a la esquina de la plaza. Frunció el ceño y sintió una horrible sensación en el pecho. Observaba desde lejos a toda esa gente, a todos esos que se habían amontonado alrededor de algo o alguien. Y esa ambulancia…

—No…

Comenzó a correr otra vez, y el ramo cayó al piso. Al acercarse más, observó que subían un cuerpo a la ambulancia, y creyó que iba a vomitar. Se tomó la cabeza con la mano y retrocedió algunos pasos. Comenzó a buscar a Gabriela entre toda aquella gente, pero evidentemente se había ido. Oyó a una mujer llorar y volvió a girarse hacia aquella horrible escena, que fue más horrible al ver que la que lloraba era la mamá de su novia. Se desesperó, quiso acercarse, pero para cuando había logrado pasar a través de toda esa gente, la ambulancia ya había arrancado.

— ¿Qué pasó? —preguntó a una mujer que seguía parada allí y parecía algo cansada—. ¿Quién era?

—Era una chica que estaba ahí sentada desde hacía rato. Los médicos dijeron que fue el corazón, pero la verdad es que la vi muy deprimida desde antes de eso… No sé, cuando se empezó a sentir mal, intenté ayudarla, pero como ves, fue imposible. —No podía asimilar la información. Su cerebro lo trabajaba una y otra vez y no lograba entenderlo—. Su madre estaba destrozada.

Y claro, él también lo estaba. Pero se dio cuenta de eso mucho más tarde.

No había llegado a tiempo. Le habían faltado miles de cosas por decir, y muchísimas otras no debió haberlas dicho nunca. Pero ya de aquello habían pasado diez años, y seguía recordándolo cada vez que el calendario marcaba el día en el que Gabriela había fallecido. Se sentía muy culpable por algunas cosas, aunque sabía que él no había tenido la culpa por la enfermedad que había llevado a su fin a su chica. Pero era inevitable cuando se ponía a pensar en todo lo que perdió, lo que ella había sacrificado por él, y en los momentos que habían pasado. Era inevitable para él también, llegar siempre tarde a todos lados.

— ¿Profesor? —oyó que lo llamaron desde la puerta.

Ya no quedaba nadie en la sala de profesores, pero él debía terminar un trabajo para presentar en unos días. Se giró para ver a Gabriela (“no es tu Gabriela, ni siquiera se parece”), y le indicó que pase. Ella se paró junto a él.

— ¿Qué pasa, Gabriela? —preguntó volviendo a fijar su vista en su trabajo.

—Qué raro que se acuerde de los nombres de sus alumnos tan rápido —mencionó ella con una sonrisa. Él la miró.

—Bueno, es que… Del tuyo me acuerdo porque alguien que conozco se llama así —explicó también sonriendo.

—Ah… Emm… En realidad, no estoy acá para preguntarle nada que tenga que ver con la clase —comenzó retorciendo sus manos—. Ni tampoco es algo muy personal… Es sólo algo que se me ocurrió.

—Está bien —rió él—. Podes decirme tranquila.

— ¿Siempre llega tarde a todos lados… como yo? —preguntó.

Christian frunció el ceño, extrañado.

— ¿Cómo te diste cuenta? —dio a modo de respuesta.

—Me di cuenta —contestó encogida de hombros—. Porque a mí también me pasa siempre. No es que quiera. Y me di cuenta porque ya era muy tarde cuando llegué hoy, y recién empezaba la clase… Cualquier otro habría empezado antes.

—Como profesor, no soy demasiado responsable, supongo —dijo riendo brevemente—. ¿Y a qué viene todo esto?

—Que aunque la clase haya empezado tarde, dijo todo lo que tenía para decir. Me pareció la mejor clase de filosofía que tuvimos en mucho tiempo. De verdad. Y que… creo que en realidad el tiempo no importa cuando se trata de decir o hacer cosas importantes. Cada uno hace lo que puede por lo que se propone, ¿no? Y se esfuerza por dejar un mensaje de alguna manera.

—Sí, puede que tengas razón… pero hay veces que de todas formas, uno no puede llegar a decir todo lo que quiere.

—Pero el que recibe el mensaje, sabe de su intención. ¿Importa eso cuando está uno con alguien?

—Por ahí venía la mano —mencionó alzando una ceja.

—Sí… Bueno, es que… Pasó algo. Y siento que no dije cosas de más, y no pude retractarme. Las cosas no eran de la manera en las que las creí, y ahora ya no puedo volver atrás —explicó desviando la vista.

Guardaron silencio. El trabajo había quedado olvidado por completo. Tal vez ella tenía razón. Tal vez Gabriela sabía todo lo que él le habría dicho si hubiera tenido oportunidad de despedirla.

—Debes estar tranquila —dijo a la joven—. Creo que tienes razón, y hay veces que no es necesario decir las cosas. Más si se trata de sentimientos. Te das cuenta lo que alguien puede sentir por vos. Con las miradas, los gestos o acciones. Yo, por ejemplo, estoy odiando este trabajo que tengo que terminar, y se nota en mi cara de cansancio y en las ojeras que seguramente tengo.

—Puede ser —rió ella—. Gracias.

—Espero haberte ayudado.

Ella sonrió y se fue rápidamente.

Suspiró. Volvió a recordar lo sucedido, una vez más, y dejó de hacerse sentir mal a él mismo para siempre. Si era verdad que lo había dicho todo, iba a sentirse mejor con él mismo.

Aquella noche, estaba sentado en el escritorio de su departamento. Había terminado el trabajo con el que había estado luchando desde hacía algunos días, y entonces se dedicaba a escribir algo que se le había ocurrido mientras escuchaba música. Después de un breve silencio, una de las bandas que más le gustaban comenzó con una nueva canción, y se detuvo a oír la letra. Sonrió levemente, y cantó mientras se levantaba a preparar ropa para darse un baño y acostarse por fin y así descansar su cabeza.


Now it seems I can’t keep my mind off you

My brain drifts back to better days we’ve been through

Like sitting on blacktop of the school grounds

The love I bitched about I finally found

But now it’s gone and I take the blame

‘Cause there’s nothing I can do that take the pain...

Why?

Now I dwell on what you remind me of

A sweet young girl that sacrificed her love

As for me... I am blind without a cause

And now I realized what I have lost

It was something real that I could have had

Now I play the fool whose stable soul’s gone bad...

Why?

Tell me the words I might have said

That’s pumping pressure deep inside my head

Was it bad enough to be too late?

Just tell me the words I might have ate...

The words I might have ate.
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Eso sería. Gracias por leer!

4 may. 2010

Happy B-day Mike Dirnt!



I really want you to know that you're one of the most important persons in my life, and I don't even know you. Thank you, thank you, THANK YOU because of all the things you did and do everyday that inspires me to continue being who I am and doing what I want to. Because you're one of the three persons that changed me and changed my life. Because your music came when I began to lose my childhood, you were with me in a very important part of my life and I'll thank you for that forever. I wish I could tell you all this things personaly. Maybe some day you and your two friends will know how much you've changed my life.
Happy birthday, Mike Dirnt; I love you